Opinión

Me da gusto que tengas novio, pero cuéntame cómo te va en la escuela y el trabajo / Piel curtida

 

Las reuniones durante la época decembrina permiten identificar elementos culturales tradicionales de nuestra sociedad al igual que sus tensiones, en particular las relacionadas con las dinámicas familiares, por ejemplo: cuestionar por qué la educación de los hijos no se puede sustentar en los castigos físicos, las razones por las cuales se llevó a cabo un divorcio y, por supuesto, el interrogatorio a los más jóvenes para conocer si tienen pareja, si ya hay planes de boda y, si están casados, ¿para cuándo los hijos?

En la víspera de Navidad acudí a una reunión familiar durante la cual me sorprendió un acto que podría ser muy similar a los bailes de debutantes de la clase alta decimonónica, y no muy distante de las fiestas de quince años, donde la intención era que las mujeres jóvenes se presentaran acompañadas de hombres con cierta posición social, con la intención de capturar la atención de posibles pretendientes de la misma posición.

Durante la cena llegó una chica joven en compañía de su novio, y al saludar al hombre de mayor edad, dueño de la casa donde se realizaba la reunión, todo mundo se quedó callado para escuchar la presentación del muchacho y cómo respondía al diálogo con el patriarca de la familia, enfatizando la conversación en la capacidad laboral, emprendedora y de proveeduría del muchacho. Por su puesto que todos deseamos lo mejor para nuestros familiares y amigos, hombres o mujeres, especialmente cuando se trata de amor, sin embargo, durante el encuentro familiar era clara la diferenciación de trato e interés según el sexo.

Mientras que a los hombres jóvenes se les preguntaba por su trayectoria escolar y laboral, e incluso a los menores de edad sobre qué podrían llegar a estudiar para desempeñarse profesionalmente, a las mujeres no se les cuestionaba al respecto. Por ejemplo, algunas familias presentaban a sus hijos indicando lo que habían estudiado y/o en qué se desempeñaban, mientras que, en el caso de las hijas, sólo se daban a conocer sus nombres.

Sin duda persiste una exigencia para las mujeres a que sean esposas y madres, ¿y nos seguimos cuestionando por qué las mujeres entre 15 y 19 años de edad sigue representando entre el 16 y 20 por ciento del total de madres en el país?

A través de datos del Inegi se puede observar una relación que muestra que en los estados donde se presenta un mayor porcentaje de nacimientos de hijos de madres adolescentes también se registra una mayor tasa de fecundidad global. Por ejemplo, entre el 23 y 21 por ciento de los embarazos en Coahuila, Chihuahua, Nayarit, Durango y Guerrero corresponden a adolescentes, y su tasa de fecundidad se mantiene en un 2.3; mientras que los embarazos adolescentes en Baja California Sur, Quintana Roo, Nuevo León, Querétaro y la Ciudad de México representan entre el 17.9 y 16.4 del total de embarazos en sus entidades federativas, mostrando una tasa de fecundidad de 1.8 y llegando hasta un 2.0.

Mediante estos datos es posible corroborar dos escenarios que requieren de mayor atención para promover una maternidad consciente y libre: ante un entorno de mayor fecundidad se promueve la idea de la maternidad, impulsando su desarrollo en edades tempranas; y por otro lado, el número de nacimientos de hijos de madres adolescentes registrados no necesariamente corresponde al primero ni al último.

Debido a esto, es necesario fortalecer y respaldar diferentes políticas demográficas, en especial las destinadas a reflexionar sobre las relaciones afectivas, los derechos sexuales y reproductivos de la población. Aunque en el ámbito federal se han emprendido diferentes acciones que merecen su reconocimiento, su correcta aplicación se ve menoscabada en diferentes estados por la presión ejercida por parte de algunos grupos conservadores y diferentes Iglesias que, aunque puede argumentar la conformación de familias armónicas y de paz, no dejan de posicionar a la maternidad como la mayor capacidad y logro para una mujer, menospreciando otros ámbitos de desarrollo para las mujeres.

A las niñas y adolescentes se les informa en diferentes espacios y de distintas maneras que las mujeres logran obtener cierta autoridad cuando llegan a ser madres, es decir, que trascienden a partir de un tercero: su hijo; mientras que sus propios logros y proyectos, personales o profesionales, llegan a ser silenciados.

Más allá de las campañas, de los planes de estudio de educación formal, ¿es posible fomentar una perspectiva más justa y equitativa entre hombres y mujeres?, sí, y sólo basta con observar el entorno para identificar los espacios ocultos, vacíos y silenciosos que ellas deben ocupar y, aunque ellas no tomen la iniciativa, podemos impulsar a que se escuche su voz. En el caso de las reuniones familiares con tan sólo expresar: y tú, ¿qué estudias?, ¿cómo te va en el trabajo? La maternidad debe ser una elección consciente y para ello, se debe procurar un entorno en el que las posibilidades de desarrollo también estén abiertas para ellas.

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Juan Luis Montoya Acevez

Juan Luis Montoya Acevez

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