Opinión

El México priista / Matices

 

Aguilar Camín lo describió muy bien en el prólogo de un libro que pretende trazar una ruta rumbo al 2018, sobre las discusiones que deben hacer los candidatos y no sobre el peinado del candidato o la foto con tal o cual secretario. Camín escribe el siguiente párrafo: “Descubrimos poco a poco que la nuestra, era una democracia sin demócratas. Del fondo de nuestras costumbres políticas, más que de las leyes vigentes, emergió paso a paso una partidocracia rentista, cuya especialidad fue gastar crecientes cantidades de dinero público legal y de dinero oculto ilegal en elecciones que cuestan cada vez más e inciden cada día mayores desvíos de recursos públicos, mayor incredulidad ciudadana y mayores cuotas de corrupción en gobernantes” (¿Y ahora qué?).

Es de ahí, de nuestras costumbres políticas, donde emerge ese México priista que está dentro de nosotros, no solo de la clase política, sino muy en nuestras entrañas, en los detalles de nuestras acciones cotidianas y en nuestra vida pasada, presente y para algunos, lastimosamente en las acciones del futuro. Somos más priistas de lo que nos creemos, o mejor dicho, de lo que nos reconocemos. No quisiera que este texto se interpretara como un ataque a un partido político, sino como una definición de las costumbres políticas de los mexicanos y es que durante 70 años no hubo otro partido o grupo político que dictara las reglas del juego político más que el PRI, es justo darle el apellido al padre de estas costumbres.

Las elecciones son uno de los mejores ejemplos donde el México priista brota de nuestro ser, en primer lugar al momento de hacer campaña, esas costumbres políticas que tenemos arraigadas nos obligan a repetir que lo más importante es la estructura territorial y la “movilización” el día de la jornada, esa movilización es la estrategia de compra de voto más normalizada que existe en nuestro sistema electoral, todos los partidos políticos contemplan un presupuesto amplio para ese día, en los cursos de márketing político se habla de la estrategia de movilización y algunos expertos han afirmado que esa estrategia significa el 70% del éxito de una campaña electoral.

La estrategia de movilización es defendida por aquellos que afirman que no se trata de “acarreo” o compra de voto sino de un recordatorio para que simpatizantes o militantes acudan a las urnas. Si los partidos y candidatos necesitan como estrategia primordial para obtener votos o ganar una elección esa movilización, estamos frente a esa democracia sin demócratas que describe Aguilar Camín.

Nuestras costumbres políticas tan arraigadas también nos hacen tener una visión negativa de la política, no confiamos en buenos políticos, en buenos procesos o en la transparencia total, porque a decir verdad muchos funcionarios públicos operan bajo esa lógica del México priista. Por ejemplo, una costumbre muy arraigada es el sistema de cuotas para las designaciones públicas, ese sistema que afirma que una designación pública le toca al PAN, otra al PRI, otra al PRD y el ciclo se repite. Los diputados, senadores y los concursantes a ocupar el cargo público entienden esa lógica y están acostumbrados a ese sistema, incluso los medios de comunicación lo normalizan como el estilo en que se deben de tomar las decisiones, algunos cuestionan, pero nadie con fuerza, nuestra democracia, también ahí, se queda sin demócratas.

Los medios de comunicación tienen aún más en sus entrañas a ese México priista de los setentas y ochentas que compraba medios de comunicación, portadas, censuraba y controlaba la línea editorial. Hoy, los medios de comunicación viven de la publicidad oficial porque no ha habido ningún actor relevante que diversifique los ingresos de los medios o que regule la publicidad oficial, una muestra de ello es la cobertura mediática que se ha realizado a José Antonio Meade desde el “destape” otra costumbre política tan arraigada que hasta se aplaude porque muestra la “disciplina” de un partido político. Clemente Castañeda de Movimiento Ciudadano presentó una iniciativa para regular publicidad oficial, que se fue a la congeladora hasta que la Suprema Corte obligó al Congreso a regular la publicidad oficial, también habrá que decirlo, hay algunos demócratas que buscan cambiar las costumbres políticas por unas nuevas, más democráticas.

Quizá la peor de esas costumbres políticas es la de la corrupción, tan normalizada en nuestra vida que se acompaña de frases que podemos enlistar como parte de nuestro vocabulario diario: “con dinero baila el perro”, “ayúdame a ayudarte”, “cómo nos arreglamos”, “no quiero que me den, sino que me pongan donde hay”, “un político pobre es un pobre político”, “el año de Hidalgo: chingue a su madre el que deje algo” y algunas otras frases que muchos mexicanos conocen y usan en su vida cotidiana. La corrupción se nos volvió costumbre, se institucionalizó, se organizó en redes y nos dejó huérfanos de demócratas.

El 2018 significará una lucha cultural, contra esas costumbres, se enfrentan esas costumbres y el proyecto de unas nuevas, desde mi visión, el 2018 debe ser analizado bajo esa óptica, bajo el proyecto que busque desarraigar esas costumbres frente al proyecto que no represente el cambio de esas costumbres. Las propuestas políticas frescas se enfrentan a ese mayor reto, se enfrentan al México priista, a ciudadanos priistas y no demócratas.

No se trata de buscar al político perfecto, todos los políticos cometen errores, se trata de buscar el proyecto político que planteé los demócratas que nuestro país necesita. Nuestro reto es buscar a los demócratas como Cárdenas o Maquío de nuestra era.

 

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Carlos Aguirre

Carlos Aguirre

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