Opinión

Navidad y familia / El peso de las razones

 

No es necesario ser religioso. Tampoco es necesario profesar una fe específica. Mucho menos es necesario compartir una forma particular de vivir cada uno de estos días: los rituales y los hábitos varían de puerta en puerta. Por mi parte, no soy religioso, no profeso ninguna fe, y los hábitos y rituales de mi familia en estos días son unos entre cientos de otros, pero unos que espero todos los años por estas fechas.

Siempre me ha gustado la Navidad. Y me gusta mucho. La lejanía en la que por mucho tiempo me he encontrado de mis seres queridos volvía a esta época una en la cual podía viajar y estar a su lado. Este año en particular me he preguntado no por el significado de la Navidad en las sociedades democráticas occidentales, sino por el significado de “familia”: uno que hacemos mal en dar por sentado. Descreo del modelo miope y caduco que proponen los enemigos del laicismo y la secularización: papá, mamá e hijos es más una terca quimera que una realidad que represente los ires y venires del amor, las preferencias y los apegos. Pero le concedo algo: la familia algo tiene de núcleo y fundamento social.

Familia no es papá, mamá e hijos; ni papá, papá e hijos; ni mamá, mamá e hijos; ni ninguna de las anteriores sin hijos: familia son aquellas y aquellos que te hacen sentir seguro en este mundo (gracias por la definición a Tim Minchin), y todas las navidades mi felicidad es ver, abrazar y viajar los kilómetros necesarios para estar al lado de las personas que me hacen sentir que pertenezco a este mundo a su lado. Ojalá estén al lado de esas personas que forman y pertenecen a su único y especial mundo.

Sea bebiendo vino blanco bajo el Sol, o tomando ponche caliente cerca de la chimenea: les deseo una muy feliz Navidad a todas y todos.

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Mario Gensollen

Mario Gensollen

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