Opinión

Papá, mamá: ¿Qué es un día de campo?

Hace una semana pregunté a mis alumnos en la universidad si sabían lo que era un día de campo. Obvio, todos dijeron que sí, pero cuando les pregunté quiénes de ellos habían ido realmente de día de campo, el porcentaje se redujo a menos de la mitad, y aún más cuando les pedí que me dijeran quiénes habían ido recientemente con su familia a uno… Sólo dos de cincuenta.

Hace ya algunos años que “el día de campo” dejó de ser ese momento de encuentro semanal, o de perdis mensual, entre las familias y la naturaleza, debido a que éste ha sido sustituido por “el día de compras”, día de ir a conseguir en los supermercados lo necesario para la semana, y por qué no, aprovechar de paso para comprar alguna otra cosita que esté de “oferta”, lo cual no resulta difícil encontrar, ya que nos embarran en la cara los letreros de las “ofertas” al entrar a la tienda  (que puede ser un par de calcetines, una cacerola o que mejor que una enorme pantalla plana), y para ser francos, la mayoría de la veces son cosas que no necesitamos, son necesidades ficticias a buenos precios; en tanto que los productos básicos están allá, lejos, en el fondo, en los últimos pasillos; así es que si no hiciste tu lista, es seguro que cuando llegues a ese sitio ya lleves en el carrito cosas que no necesitas, pero te han hecho creer, con los anuncios publicitarios (de la televisión, radio e internet, reforzados en el centro comercial) que están a buen precio y puedes necesitarlos. Por ejemplo, un silla de jardín, aunque en tu casa no tengas jardín, sin embargo, que puedes usar para el día de campo, aunque nunca vayas, pero como está a buen precio y en cómodas mensualidades, la compras.

Estimado lector, si usted es de la “generación X” o anteriores, seguramente sabrá lo que es un día de campo, y espero esté de acuerdo conmigo en que era una buena oportunidad para convivir con la familia, servía de integración debido a que todos debíamos participar en la organización, es decir, implicaba una selectiva distribución de obligaciones, ya que a cada quien debía tocarle hacer algo para que la experiencia fuera agradable y divertida. ¿Recuerda qué le tocaba hacer? A mí llevar los artículos deportivos y recreativos (pelota, cuerda, hamaca), ayudar a mi papá con el asador y a mi mamá acomodando nuestro “juego de pic-nic” (un molde amarillo que acoplaba en su interior platos, vasos y cubiertos para cuatro personas diseñado y manufacturado especialmente por la industria para esa ocasión).

Honestamente no recuerdo que de niño me hayan llevado de shopping (compras) un fin de semana al mall (plaza comercial), creo que ni existían en México en la década de 1970. Si no me equivoco éstos habrán comenzado a implantarse y a extenderse en todo nuestro territorio nacional en la década de 1980; su explosión se dio en la de 1990 y hasta la fecha la expansión de estos sitios continúa violentamente arrasando con espacios naturales reservados para la conservación, justificando su agresiva irrupción con slogans tales como “lo que siempre soñaste”. No está mal tener un centro comercial en la ciudad, ¡pero veinte! El más reciente construido sobre una reserva natural (nuevamente) y además acabando con uno de los sitios de esparcimiento tradicional más representativos de la entidad. Sí, me refiero al balneario Ojo caliente. Yo evito ir a los sitios a los que hago alusión porque si voy a ellos fomento y contribuyo al crecimiento de una economía corrupta y deshonesta que nos roba nuestro patrimonio vital. Por si no lo conoce, o no lo recuerda, éste está señalado en el lema del escudo de nuestro Estado: “Bona Terra, Bona Gens, Clarum Cielum, Aqua Clara”. Una amiga llegó ayer del país vecino del norte y me dijo preocupada: “¿Qué le pasó a Aguascalientes? Su cielo está obscuro”. Mi respuesta: el progreso mal entendido de nuestros dirigentes políticos (la semana pasada ya se hizo alusión a la retrograda, anacrónica y caduca idea de progreso utilizada y concretada el sexenio anterior).

¿Cómo queremos cuidar la naturaleza, si como dice el dicho “nadie ama lo que no conoce”? Es tiempo de sacar las sillas de jardín, y usarlas, no para ir al club (otro invento contemporáneo que nos distancia de la naturaleza real), sino para irnos el fin de semana de día de campo con la familia, a algún parque público, a alguna orilla de la ciudad o de algún municipio; puede invitar a sus hermanos, a sus primos, a los compadres, llevarse a la abuelita y por supuesto a su mascota canina. Ayude a sus hijos y/o nietos a encontrarse con la naturaleza, a que vea las aves volando libres en el campo, a descubrir insectos y respetarlos; si es el caso de un río o laguna, a contemplar la maravilla de los peces y/o anfibios y ver la grandeza y majestuosidad de los árboles y las plantas. En fin, ayude a las nuevas generaciones a descubrir el valor estético y la importancia biológica del mundo natural y de las especies que en él habitan, a que desarrollen su imaginación en el campo, como alguna vez lo hicimos nosotros.

Si seguimos llevando a los niños a los centros comerciales los fines de semana, en vez de llevarlos de día de campo, los valores que les inculcamos son los del consumismo voraz y el mercantilismo rapaz, prácticas que están minando nuestros valiosos recursos naturales, y de seguir por ese rumbo acabaremos con ellos, sea por contaminación, agotamiento o extinción. Además, se les llenan sus tiernas cabecitas de ilusiones producidas por los atractivos escaparates que les muestran un mundo ficticio, lo cual les genera frustraciones por no poder tener lo que allí ven, y si vamos más lejos, se infunde en ellos un estado de enajenación permanente, es decir, pérdida de identidad personal que los incita a querer ser algo que no son, o no tienen ni podrán tener (cierto tipo de color de piel, estatura, medidas corporales, cierto tipo casa o de auto, etc.)

La huella ecológica del mexicano es de 1.6 planetas per capita y todo parece indicar que cada día crece más. Esto se debe a que estamos formando a las nuevas generaciones dentro de una cultura de consumismo, en gran medida fomentado por las plazas comerciales y por nosotros al visitarlas. En Aguascalientes, con base en lo dicho, parece que hay un mayor aprecio por éstas que por la naturaleza, y debido a ello su invasión en nuestra ciudad.

Estimado lector lo invito a que salga con su familia de día de campo el próximo fin de semana, en vez de shopping, y si su hijo o hija le pregunta: Papá, Mamá ¿Qué es un día de campo? No intente explicarle, mejor respóndale, “este fin de semana lo sabrás”.

 

[email protected]

Profesor-investigador Depto. de Filosofía de la UAA; presidente de Movimiento Ambiental de Aguascalientes A.C.

The Author

Victor Hugo Salazar Ortiz

Victor Hugo Salazar Ortiz

2 Comments

  1. Octavio Carrillo
    03/12/2017 at 09:43 — Responder

    Buen tema.
    Muestra como se ha ido perdiendo la cultura ambiental.
    Y como cada vez este mundo está sumergido en el capitalismo y consumismo.
    Cuando nosotros íbamos de día de campo sólo era llevar comida y una cobija para poner abajo.

  2. Jeomayra
    27/03/2018 at 18:21 — Responder

    Muy buen artículo en el cual se refleja los cambios en la familia y la forma en la que ha ido afectando la convivencia como salir un día de campo y ahora lo cambian por un día que compras lo cual no mejora la convivencia familiar a la vez que interfiere la comunicación padres con hijos y viceversa.

¡Participa!