Opinión

El Réquiem de Mozart / El banquete de los pordioseros

 

Me resulta un tanto complicado hablar de Mozart, es como con los Beatles. Sí, mira, me refiero a esto, dime, ¿cuántas cosas podemos decir de estos gigantes del arte que no se hayan dicho o escrito mil veces antes?, la verdad es que muy pocas, quizás ninguna, y sin embargo siempre surge la necesidad de abordar estos temas, seguramente por lo apasionado que resulta hablar de ello. No es como escuchar su música, podemos escuchar a Mozart todo el tiempo y no te cansas, no creo que haya alguien en este mundo que se pueda aburrir de escuchar a Mozart, siempre resulta novedoso, incluso cuando una de sus obras la escuchemos mil veces, siempre será una experiencia nueva, de hecho, esto sucede con todos los grandes exponentes de la música, no sólo de la música de concierto, en general de todo aquello que podemos considerar como buena música. Sin embargo hablar de su obra, de su vida, de sus anécdotas, no sé, corremos el riesgo de ser redundantes, es como contar la misma historia cien veces, pero siempre de manera diferente, como lo que los críticos y detractores de Vivaldi dicen de él, que escribió el mismo concierto cien veces, lo que por cierto, me parece extremadamente injusto.

Bueno, el asunto es que en esta ocasión dedicaremos nuestro Banquete a Mozart, él murió el 5 de diciembre de 1791, es decir, estamos próximos a cumplir un aniversario más de su fallecimiento, él murió hace 226 años y ha sido, indiscutiblemente, uno de los grandes pilares de la gran música de concierto. Lo ubicamos como uno de los más fieles representantes del clasicismo vienés, posiblemente junto con Haydn sea la pareja de más dignos representantes de este lenguaje musical antes de que Beethoven, el último de los clásicos y primero de los románticos, llegara a abrir las puertas a otras posibilidades musicales.

Pero no es solamente hablar de Mozart y recordarlo con el pretexto de otro aniversario luctuoso, lo que ya de por sí sería algo agradable -con todo quiero hacer la aclaración de que no soy exactamente el más mozartiano de los melómanos, no es Mozart mi compositor favorito ni mucho menos, pero me gusta, insisto, ¿habrá alguien a quien no le agrade Mozart?- el motivo por el que estoy realmente escribiendo lo que ahora generosamente estás leyendo, es que con la proximidad de su aniversario luctuoso, un grupo de músicos entusiastas y deseosos de hacer las cosas, y lo mejor, hacerlas bien, están organizando una serie de presentaciones, cuatro para ser concreto, del celebérrimo Réquiem del genio de Salzburgo, y créeme, el fin de estas presentaciones no es otro que el de honrar dignamente la música de uno de los más grandes. No existe el menor interés económico ni el afán de protagonismo, es simplemente, desde la trinchera de la humildad y con el irreprimible amor a la música, organizar cuatro presentaciones de esta obra cubierta siempre por el manto del misterio, tú sabes las cosas que se dicen del Réquiem, que Mozart lo escribió para su propio funeral, que aquel misterioso hombre vestido de negro y que fue quien hizo el encargo de la obra en cuestión era la muerte que se presentaba ante el compositor, en fin, este tipo de historias gustan al dominio público y de alguna manera sirven para que el interés por conocer este repertorio se incremente sensiblemente.

Más allá de todas estas especulaciones, porque no son otra cosa, la importancia del Réquiem en el muy amplio repertorio de la música sacra es incuestionable y el valor musical de esta joyita supera considerablemente el incómodo terreno de chismorreo.

El maestro Daniel Romo Vázquez, docente en la Escuela Diocesana de Música Sacra, tuvo la iniciativa de organizar estas cuatro presentaciones del Réquiem en re menor K. 626, de Wolfgang Amadeus Mozart, lo interesante es que como es lógico pensar, esta obra requiere de una orquesta, coro y solistas, imposible tocarlo de otra manera, al menos dignamente. El maestro Daniel se dio a la tarea de reclutar músicos para formar un ensamble orquestal, convocar amigos para la integración de un coro echando mano, por supuesto, de los elementos que le puede proporcionar la Escuela de Música Sacra, que por lógica entendemos que es su especialidad, y de esta manera y con un esfuerzo titánico, logró reunir a los efectivos necesarios para una digna presentación de este portento de la música sacra.

La primera de las cuatro presentaciones será el domingo 3 de diciembre en el Santuario de Nuestra Señora de Guadalupe, el martes 5 de diciembre a la misma hora en nuestra Catedral Basílica, la serie de presentaciones continúa el 7 de diciembre en el templo de Nuestra Señora de los Bosques para concluir esta pequeña temporada en la parroquia de Jesús, María y José de Ojocaliente el domingo 10 de diciembre de este año, en todos los casos las presentaciones serán a las 21:00 horas, y por supuesto, de manera gratuita, ya dijimos que el único interés es el de rendir tributo a su majestad la música y al genio creativo de Mozart.

Por un lado, el simple hecho de escuchar el Réquiem de Mozart ya es digno de todo el entusiasmo, pero por otro, creo que lo más interesante es que todo este esfuerzo surge de la inquietud de un joven músico, que independientemente de toda iniciativa institucional, y sólo por amor al arte de Orfeo, emprende este reto de muy alta exigencia, y eso, nosotros melómanos, no podemos dejar de reconocerlo y aplaudirlo. Muchas felicidades, maestro Daniel.

 

[email protected]

 

The Author

Rodolfo Popoca Perches

Rodolfo Popoca Perches

No Comment

¡Participa!