Opinión

Tenemos el arte para librarnos del caos / El banquete de los pordioseros

 

No sé si es formación o condicionamiento, el asunto es que dejé de dar clases porque no veía la formación integral de personas libres tomando decisiones responsables. Decidí dejar de dar clases porque veía jóvenes sometidos a una autoridad que no buscaba convencer con conocimientos, en todo caso pretendía someter por la fuerza, con amenazas y amparados por la seguridad que da el saberse autoridad convirtiendo todo esto en un proceso ridículamente irracional. Dejé de dar clases por eso, porque veía a los directivos amenazar buscando someter más que educar, condicionando no formando personas responsables y libres. Los lunes, en el acto cívico de honores a la bandera, no se inculcaba el amor a la patria, eran simplemente 15 o 20 minutos en los que había que guardar un comportamiento adecuado para evitar un regaño público delante de toda la escuela, para evitar ser exhibido y consecuentemente humillado, me pregunto, ¿es esa la única forma de inculcar el amor a la patria?, no entiendo esto como amor a la patria, es en todo caso una actitud de defensa personal, portarse bien para no ser objeto de un castigo o por lo menos de un regaño, pero no hay amor a nada, ni a la patria ni a nada.  

Recuerdo lo ridículo que me sentía siguiendo el juego de las autoridades escolares, esas reglas de comportamiento que no necesariamente se traducen en hacer del estudiante una mejor persona, no sé, cosas como si el pantalón, aunque sea del mismo color, no es el del uniforme o si trae las cintas de los zapatos desabrochadas, no sé tú que opines, pero me parece peccata minuta, hay cosas más delicadas que se descuidan, no sé si con toda intensión o por involuntaria omisión. Como sea, el hecho es que yo no podía seguir metido en ese sistema que violaba mis más íntimas convicciones y se oponía a mis principios de vida.

¿Sabes?, me sentía verdaderamente hipócrita diciéndole a un alumno que dejara de escribir en su cuaderno y pusiera atención a lo que se estaba exponiendo en clase. Recuerdo en esa ocasión, me acerqué a él y pretendió ocultar lo que estaba escribiendo, entendí entonces que se trataba de algo personal, de alguna forma pude ver lo que escribía, era poesía, estaba intentado dar vida a un poema y entonces me quedé pensando que quién era yo para alterar, interrumpir o frustrar la creación artística y lo dejé seguir en lo suyo, créeme que me dieron ganas de pedirle disculpas por haberlo distraído de tan noble labor. Se me vino a la mente aquella escena de la película The Wall de Pink Floyd, seguramente la viste, ¿verdad?, cuando el maestro, que era un derroche de irracional autoritarismo, aunque esto suene a pleonasmo entendiendo que todo autoritarismo es irracional, pone en ridículo al pequeño Pink cuando éste escribía poesía durante la clase, le quita su cuaderno y lo exhibe ante todo el grupo con aquella molesta expresión: “poems everybody…”, después el maestro llega a su casa y acepta dócilmente el sometimiento del que es objeto por parte de su esposa. Cuando vi esa escena la primera vez que vi la película en aquel cine, creo que se llamaba Auditorio y que estaba en Avenida de las Américas, o creo que ahí todavía es José F. Elizondo, no estoy seguro, pero sabes qué cine me refiero, ¿verdad?, sentí repugnancia por esa forma de educación que prefiero llamar sometimiento y condicionamiento pero en ningún momento verdadera formación, y después aquella escena de la película en donde los alumnos formados como pinos de boliche y sin el menor síntoma de voluntad propia son depositados en una máquina que los tritura como si de carne molida se tratara, todos ocultos bajo la misma máscara, es decir, un mismo rostro que nos está refiriendo la pérdida de la identidad en función de una cruel adhesión al sistema que requiere de este tipo de personas, y mientras, se escucha en el audio la canción Another brick in the wall: “No necesitamos educación, no necesitamos más control mental, ningún sarcasmo oscuro en el aula. Maestros, dejen a los chicos en paz, después de todo, sólo es otro ladrillo en la pared”.

Tremendo asunto, ya te imaginarás, amigo lector, cómo me sentía yo con todo esto. De alguna manera trataba de tener una actitud diferente con mis alumnos, yo trabajaba en el nivel bachillerato y era muy incómodo seguir las reglas cuando se tiene principios diferentes, pero existe la imperiosa necesidad de trabajar. Tuve que hacer eso durante un tiempo, después se me presentó la increíble oportunidad de regresar a Radio y Televisión de Aguascalientes y buscar la manera de proponer otra alternativa de formación, no desde el arcaico sometimiento que solemos encontrar en las aulas, aunque definitivamente no se puede generalizar, afortunadamente existen otros modelos educativos en donde la identidad del alumno sí es lo más importante, sino desde las ondas hertzianas atrincherado en este maravilloso refugio que es la radio cultural, porque finalmente, después de seis infumables años, RyTA ha recuperado su vocación cultural, y así entiendo mi razón de ser en los medios, de contribuir con mi granito de arena a tener una sociedad más sensible al arte porque estoy convencido que el arte, la cultura, la educación, pero la verdadera educación que hace hombres libres, es nuestra única respuesta. Recuerdo que alguna vez leí acerca de una frase que usaban los argentinos durante las dictaduras militares de los años 70: “tenemos el arte para librarnos del caos”.

 

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Rodolfo Popoca Perches

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