Opinión

Vuelven: cine de narcos, terror y fantasía (Peli mexicana que no puede perderse) / Cinefilia con derecho

 

Nuestro personal Stranger Things: cuatro niños y una niña, misterio, monstruos y dragones, bicicletas y patinetas, muchas aventuras, solo que aderezado con una terrible realidad nacional: la trama gira en torno a un cúmulo de huérfanos cuyos padres fueron desaparecidos, levantados o asesinados por un grupo de narcotraficantes, viven en la calle, sin parientes, sobreviviendo de lo poco que pueden robar (la maruchan es su pan nuestro de cada día) y de la fantasía, el cuento de un tigre es el leitmotiv de la magia de la cinta. Es desgarrador ver la historia de estos pequeños, todas víctimas colaterales de una terrible guerra contra el narco de la que hemos salido como país muy heridos, demasiado.

Lugares comunes: algún barrio periférico de cualquier gran urbe violenta de México (Tijuana, Ciudad Reynosa, da igual) casas a medio construir, ausencia de servicios públicos, policías coludidos con el crimen, el Brayan, un narco distribuidor menor al servicio del gran mafioso, los peques y sus apodos singulares (el Morro, uno de ellos que a raíz del asesinato de sus padres, dejó de hablar) y sutiles, pero exactos elementos de terror y fantasía que evocan toda la corriente contemporánea de artes audiovisuales exitosas, principalmente series, tales como Juego de Tronos, Stranger Things, o películas como El señor de los anillos.

Resulta interesante que la cinta sea el producto (guion y dirección) de Issa López, una mujer con gran talento, que lo mismo escribe blockbusters bastante entretenidos como Ladies’ Night (2003) Efectos secundarios (2006) o A la mala (2015) que cintas de denuncia social como 600 millas (2015) de Gabriel Ripstein, es además Premio Bellas Artes de Novela José Rubén Romero 2007 por su obra Lengua Muerta, aún hay mucho que esperar de esta excelente artista mexicana. A la pericia de López, se une magistralmente la fotografía, una excepcional muestra plástica, cada trama es aprovechada por Juan José Saravia para trasladarnos a las atmósferas del terror, la fantasía o la aventura, según sea necesario. Hay un detalle que me encantó, un grafiti abstracto como elemento transversal, dibujado en sencillo y básico color negro, nos trae a la mente ese artista callejero sin dinero, con sólo un bote de spray, pero con la enorme creatividad y sencillez del primer plano, como aquel legendario Kilroy was here o el reciente mural del Dr. Lakra, que causó polémica en Monterrey.

La cinta juega con la inocencia como elemento catalizador de las desgracias, una escena cautiva: los niños bailando al son de algún reggaetón, mientras el líder de ellos, narra cómo fueron asesinadas sus respectivas familias. En una casa abandonada, encuentran balones y, ante la carencia, deciden dibujarse los números de jugadores en la espalda, como aquel infante afgano que hizo con una bolsa la camiseta de Messi. Observamos, además, algunos detalles de igualdad de género, como cuando a la niña de la pandilla en lugar de decirle ojete, le dicen ojeta.  

Alerta: si no quiere ver niños asesinados, si no busca experimentar (más) lo desgarrador de las víctimas de esta guerra estúpida, si no está acostumbrados a las escenas devastadoras, mejor no vea esta película, si es como Kate del Castillo, que alaba a los narcos, o si escucha narcocorridos, consume drogas, tolera su venta, véala y recapacite. No significa que esté en contra del consumo, soy de aquellos que creen que urge su legalización, pero mientras esto no suceda, son ilegales y es menester cumplir con la ley.

Tigers are not afraid (así llamada en Estados Unidos) es ganadora a la mejor dirección en el Fantastic Fest de Austin, Texas, así como cinco galardones en el Screamfest Horror Film Festival de Hollywood, California, incluyendo mejor película, sobre ella, Steven King dijo en su cuenta de twitter, “ésta es una película excelente, dura y conmovedora. En dos minutos, ya estaba bajo su hechizo… Lo llamaría realismo mágico. Gangsters vs Niños pequeños”. Es una fantástica, pero a la vez dolorosa alegoría de este país, pues de una u otra forma esta guerra la hemos propiciado o tolerado todos, como dice uno de los peques en la parte más álgida de la película: “No hay deseos, no hay tigres, nosotros somos lo único que habemos”.

 

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Rubén Díaz López

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