Opinión

El 2018 lo definirán los sentimientos / Matices

 

En el 2018 para el mexicano común hay dos grandes eventos que lo harán actuar y convivir en sociedad y alejarse del individualismo: el mundial y las elecciones. Para mala suerte de los más conspiracionistas, el día de la jornada electoral no se cruzará con algún partido de la selección nacional, ni aunque se califique al ansiado quinto partido.

Estos dos momentos públicos, que les incumben a una inmensa mayoría en México, marcarán el color del 2018, este será definido por los sentimientos. No por la razón. Lo que movilizará nuestro cuerpo y nuestra sociedad será el sentimiento más fuerte que tengamos. Y pueden ser muchos sentimientos.

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Por ejemplo, en 2018 nos puede mover el odio, el odio hacia el PRI y los múltiples casos de corrupción, el odio hacia el PRI que por cometer actos corruptos dejó sin quimioterapias a niños con escasos recursos, el odio hacia el PRI, que tiene a ex funcionarios multimillonarios a costa de los más altos niveles de marginación en sus estados, el odio hacia el PRI, que compró un banco para desviar recursos destinados a programas de desarrollo social o vivienda, para que los candidatos de este partido ganaran las elecciones en 2016.

El odio hacia el PRI, incapaz de terminar una guerra inexplicable, una guerra contra el narcotráfico insostenible, una guerra que tiene víctimas colaterales, el odio hacia el Verde Ecologista que no ha podido construir una agenda sólida de protección al medio ambiente y que los niveles de contaminación suben y suben, el odio hacia el sistema que permite que una señora cargue con su niño muerto en una bolsa en el tren ligero, el odio hacia el sistema que permite que los más millonarios abusen de los más pobres y los exploten 15 horas al día para que estos no disfruten del gozo del amanecer o del atardecer.

El odio puede dominarnos, puede dominar nuestras acciones y llevarnos a tomar decisiones, en ocasiones equivocadas, en ocasiones lejanas a lo que nuestros deseos quieren.

El miedo nos puede entumir, nos puede inmovilizar, las campañas electorales puede ser que nos entre el miedo, que nos aterroricen, que nos provoquen expresiones como “el nuevo Chávez”, “todos son igual de malos”, “vamos al despeñadero”, “estamos de mal en peor”, “nada va a cambiar, “si voto por los verdes me quitarán mi despensa”, “si voto por los morados me quedaré sin trabajo”, “si voto por el café viviremos como en Cuba o Venezuela”; el miedo se puede apoderar de nosotros, incluso algunos partidos políticos quieren que así sea, que nos llenemos de miedo, que vivamos el 2018 con miedo. Aterrorizados por el dólar, por Trump, por la guerra, por la incertidumbre de las elecciones.

El miedo puede inmovilizarnos, el miedo puede hacernos cometer errores, muchos más que el odio. El miedo nos puede llevar a no votar en las urnas, a no salir a las calles, a no hacer nada y a callarnos.

Sin embargo, hay un sentimiento que debe marcar el 2018, y es la alegría. Es un lugar común afirmar que los mexicanos son alegres por naturaleza, que nos reímos de todo; el 2018 es el momento de explotar esa alegría hacia nuestra sociedad y hacia nuestras decisiones. Esa alegría debe alimentarse por la esperanza. La esperanza que da vencer el miedo, vencer el odio, pensar en un país mejor, en un país donde los corruptos sean sancionados, donde el crimen organizado no robe la paz, donde los niveles educativos aumenten, donde la clase política cumpla sus promesas, donde no haya derroche de dinero público en campañas y sí en programas sociales y en planteles educativos.

La alegría debe dominarnos en 2018, debe ser nuestro motor para no elegir entre el menos peor, sino elegir al mejor, al de las mejores propuestas, el que diseñe el país que queremos para nuestros hijos, el que proponga la plataforma que nos haga pensar en una verdadera transformación de la nación. La alegría debe ser ese motor que nos impulse a activarnos, a exigir a los candidatos, a exigir cuentas, a exigir propuestas, a observar las elecciones para evitar fraudes, a activarnos cívicamente.

El miedo y el odio son sentimientos que desincentivan la participación de los ciudadanos. Por eso son sentimientos que se buscan incendiar en el 2018, para que ciudadanos no se activen, para que todo sea un gatopardismo, que todo cambie para seguir igual.

En el verano de 2018, esos sentimientos también estarán en la mente de los futbolistas que representan a México en el mundial, tendrán que vencer el odio de muchos aficionados frustrados y de rivales empecinados en vencerlos. Tendrán que vencer el temor a las grandes potencias futbolísticas, el temor al fracaso, el temor a las críticas y el temor a los propios críticos en los medios de comunicación y en las redes sociales. Tendrán que jugar con alegría y con esperanza para vencer.

El sentimiento que deberá dominarnos es la alegría y la esperanza, quizá por eso, el jingle de Movimiento Ciudadano se haya hecho tan viral: porque invita a eso, a alegrarse y esperanzarse.

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Carlos Aguirre

Carlos Aguirre

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