Opinión

El año del cambio / Debate electoral

 

Iniciamos este año con renovado espíritu, haciendo acopio de las pocas fuerzas que quedaban en diciembre para volverlas un nuevo conjunto de determinación y con todo el ánimo posible, encarar este año que, como se ha venido insistiendo, habrá de ser el año más importante en materia electoral para el Estado de Aguascalientes y para la República Mexicana entera.

Si pudiéramos definir lo que se espera del año, a priori manejaría el concepto del año del cambio, precisamente por la novedad que exige la preparación que en la materia se ha estado realizando por lo menos desde hace seis meses. He de reconocer que no es el mejor concepto, pues hay que considerar que de ayer a hoy, de un año a otro, siempre será un cambio. Es más, si atendemos a Heráclito, ya en sus tiempos afirmaba que “lo único constante es el cambio”.

Y es cierto, el mundo es cambiante de por sí, porque no estamos solos y no estamos quietos. Dentro de las felicitaciones que mandaron mis amigos con motivo de las fiestas, hubo una que llamó poderosamente mi atención, por ser complementaria a mi participación de hace una semana. Y es que, haciendo cálculos astronómicos (nunca mejor dicho), en un año la tierra describe un recorrido alrededor del sol de 930 millones de kilómetros en apenas 365 días. Junto con las estaciones, amaneceres, atardeceres, posiciones de los astros y demás, es señal de nuestro constante movimiento.

Si atendemos a la cuestión propia, íntima, también existe un cambio. No somos exactamente los mismos que empezamos el año aquellos que lo acabamos. Probablemente tengamos la misma estatura o una muy parecida, apenas imperceptible en su modificación. Pero esos milímetros de más o de menos respecto a los del inicio del año ya nos hicieron distintos. Y si hablamos de interioridad, no podemos estar haciendo exactamente lo mismo todos los días, así que cada cosa nueva que aprendemos es el impulso que necesitamos para mantenernos vigentes en esta vorágine de cambios.

Hablando del cambio y de la política, uno de los libros que más me han fascinado por su historia, la que cuenta y la que hay tras la obra, es El Gatopardo de Giuseppe Tomasi di Lampedusa. Desde el título es fascinante pues no existe propiamente en español un “gatopardo” animal que en todo caso se traduciría en “serval”, es decir, un leopardo jaspeado.

La obra, rechazada en vida del autor por dos editoriales, encontró en su publicación póstuma el éxito para su creador. La anécdota de la novela es sencilla: Don Fabrizio (cuyo escudo de armas familiar contiene un gatopardo) adquiere conciencia de que vive los últimos momentos de una época en donde la aristocracia va dando paso en el gobierno a la burocracia y la burguesía, y por ende a un nuevo panorama político.

Analista político más por fuerza que por gusto, al ir narrando la actualidad de la Italia de fines del siglo XIX y principios del XX, va contando encuentros y desencuentros hasta que la muerte lo sorprende en la habitación de un hotel y, con ello, comienza el desenlace de los últimos resquicios de su familia, y a la vez de los privilegios de las casas monárquicas que se pierden en el pasado y que, por futuro, tienen solamente la multiplicación de esas mermas en todas las casas reinantes de Europa.

Tomasi, sitúa la novela en la Sicilia y no es de manera gratuita, pues es bien conocida la capacidad de adaptación de los habitantes de la isla a lo largo de la historia frente a los diversos tipos de gobierno. Él la condensa magistralmente en un par de frases para definir la intención de la aristocracia de ver con buenos ojos la reunificación italiana para preservar sus canonjías.

La frase “que todo cambie, para que todo siga igual” se ha convertido en el adjetivo denominado “gatopardismo”, es decir, el cambio superficial que no altera la esencia de lo cambiado. Que este año el cambio al que nos vamos a enfrentar, ya en cuestiones internas, ya en cuestiones sociales, requiere de muchas modificaciones en las estructuras y las estrategias. No estoy diciendo que sea necesario el que otra opción política deba ser elegida para gobernarnos, si al final solamente cambiamos de figura y no de sistema. Tampoco es un llamado a la revolución que rompa con la estructura desde la base, para construir un sistema que, al final de cuentas, se asemeje al que vivimos actualmente.

La reflexión va más allá. El cambio comienza en uno mismo y la buena decisión se refleja en conocimiento de las bases, análisis de los escenarios y tomar las medidas adecuadas para que la decisión se refleje en bienestar.

Que este Año Nuevo que comienza, todo cambio sea para bien, y no cambiar para que, entonces, todo siga igual.

 

/LanderosIEE || @LanderosIEE

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Luis Fernando Landeros

Luis Fernando Landeros

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