Cultura

Estamos perdidos frente a la gente con la que convivimos todos los días / Conversación con Daniel Rodríguez Barrón sobre Los mataderos de la noche

  • Un libro de cuentos donde el autor bucea en los intersticios de la violencia cotidiana

 

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Un hombre que tiene que vivir y cuidar de su madre, una mujer mayor, a quien entre otras cosas tiene que bañar de vez en cuando. Y es en este ritual, el “día de baño”, en donde se desata una violencia sorda, oscura, que se encuentra ahí, latiendo, agazapada, tras las buenas maneras, una violencia escondida tras palabras como “comida” o “utensilios para cocina”. O un hombre que para llenar un vacío que se ha ido creado a lo largo de su relación de amor con su esposa, permite que su esposa experimente con él y vaya desarrollando sus aparatos ortopédicos, que poco a poco irán destrozando la pierna del protagonista, quien sin embargo se niega a quitarse ese aparato que lo más que nada con su esposa. Estas son dos de las historias (“Día de baño” y “Últimas consideraciones sobre mi pierna”) que forman parte del universo narrativo contenido en el libro Los mataderos de la noche, del escritor, dramaturgo y periodista mexicano Daniel Rodríguez Barrón, (Cd. De México, 1970) publicado por la editorial La Cifra.

Un libro de cuentos, en donde el también autor de la novela La soledad de los animales y ganador del Premio Nacional de Periodismo del 2008 por el documental “Disidencia sin fin” bucea en los intersticios de la violencia cotidiana, esa violencia que parece estar ahí, en nuestras casas, en esos lugares en donde en apariencia nos deberíamos sentir más seguros. Una violencia ciega, que aparece cuando menos lo esperamos, pero que desnuda también las carencias afectivas de una sociedad cada vez más encerrada en si misma, y en la que las personas estamos cada vez más preocupados por satisfacer nuestros placeres más inmediatos.

“Yo no sabía que mi primer libro, La soledad de los animales se iba a convertir en una novela, pensé que podría ser una historia que funcionará como un cuento y se fue alargando, se salió del cauce y se convirtió en una novela aparte, pero los cuentos que conforman Los mataderos de la noche fueron saliendo, el libro no lo pensé así originalmente, voy escribiendo un poco lo que imagino, lo que pienso, y luego ya me doy cuenta de que tienen cierto tono, ciertos personajes que son agresivos, son crudos y así me di cuenta de que tienen algo que ver, pero en realidad los cuentos los fui escribiendo a lo largo de muchos años, del primero al último cuento debieron haber pasado cerca de diez años.”

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Javier Moro Hernández (JMH): Uno de los hilos conductores del libro es la violencia, una violencia que el lector puede no reconocer en un primer momento, pero que está ahí, agazapada, a punto de explotar.

Daniel Rodríguez Barrón (DRR): Justo lo que me interesaba era saber cuál era la violencia hacia puertas adentro, porque todo el mundo sabe y habla de la violencia que vivimos en el país, en las calles, del narco, de los feminicidios, que son temas que tenemos que atacar, tenemos que luchar por extinguirlo, pero yo me preguntaba cómo se reflejaba esa violencia de puertas hacia adentro, todo eso que sabemos, todo eso que vivimos cuando salimos a la oficina y  regresamos a casa, de hecho varios de los cuentos manejan en su interior la pregunta de ¿Cómo puede llevar a cabo uno la violencia contra uno mismo? Por ejemplo el cuento que mencionaba antes, el de la pierna, el protagonista termina cortándose su propia pierna, pero también está el cuento de la madre y el hijo en donde hay una violencia económica, hay una violencia de generación, porque hay una situación de cuidado entre la madre y el hijo, ella es muy anciana para bañarse ya y entonces el hijo la tiene que bañar, hay una violencia, hay algo realmente grave ahí, incluso de género, porque se tienen que ver desnudos, incluso hay una violencia que podríamos definir como corporal, física. 

JMH: “Día de baño”, cuento con el que abre el libro, habla justo de esa violencia que se crea a través de los años, del tiempo, pero que pocas veces el arte se atreve a retratar o a hablar de esa violencia que existe en las relaciones madre-hijo. 

DRB: Sí creo que hay clásicos que tratan sobre este tema, por supuesto, está Edipo por ejemplo, pero es algo que no nos gusta ver, es algo que todavía nos da pudor, hemos aprendido a convivir con mucha gente, aceptar muchas cosas, pero de pronto cuando hablamos de padres e hijos preferimos ver hacia otro lado y decir que eso no pasa, aunque ahora esté muy de moda presumir que pertenecer a familias disfuncionales, pero cuando nos preguntan si es en serio, preferimos decir que nuestra familia es la mejor del mundo, entonces eso es lo que intento reflejar y tengo también un cuento que es sobre el padre que ve a su esposa como fantasma, a su mujer que se va haciendo cada vez más joven, en una suerte de Aura de Fuentes, es un pequeño homenaje a esa novela de Fuentes, porque es una mujer que se va transformando en edad, pero finalmente también es la violencia contra el hijo, porque el hijo ya no sabe que puede hacer con ese padre que ya no puede aceptar que la madre ha fallecido y el hijo se pregunta qué tiene que hacer con esos sentimientos, son esas relaciones, son esas violencias familiares que no necesariamente son de violaciones o de golpizas, pero que son tensas y son reales. 

JMH: La familia es un cúmulo de historias que están latiendo, porque lo no se hace en la familia es contarse la verdad, el secreto es un elemento central de las relaciones familiares, hay mucha oscuridad y creo que estos cuentos vienen a darnos cuenta de ellos. 

DRB: Quería explorar la idea de que en muchas ocasiones las personas que tienes más cerca, como pueden ser tu pareja o tu padre o tu madre, también pueden ser las más desconocidas para ti, nos preciamos de tener 200 millones de amigos en Facebook y tres mil seguidores en Twitter, y creemos que los conocemos, pero la verdad es que desconocemos, incluso a los que tenemos más cerca, al padre, a la madre, al amigo, a la pareja, y de eso se tratan los cuentos, de cómo estamos perdidos incluso frente a la gente con la que convivimos todos los días y de manera muy cercana. 

JMH: ¿Cómo tomaste la decisión de dividir el libro en estas tres partes que lo constituyen: “Donde se preparan los animales para ser ejecutados”, “Donde los matarifes hacen su aparición” y “Donde todo termina”?

DRB: Me interesaba mostrar cómo la violencia va aumentando, y sobre todo los personajes van haciéndose conscientes de esa violencia, en el primer cuento “Día de baño”, el hijo y la madre no saben hasta qué punto es violento esa relación, lo sabe el lector, porque el lector está viendo cómo el personaje está manipulando el cuerpo de la madre mientras lo está bañando, se da cuenta de cosas, pero ellos como personajes no se dan cuenta, y ya en la tercer parte del libro los personajes salen de escena, porque es una carpa, es un teatro donde el personaje ha entrado, el espectáculo termina convirtiéndose en la realidad, y los personajes lo invitan a participar en esa realidad, y además lo invitan a participar de manera violenta en esa realidad, entonces el personaje sale de la página, por decirlo así, e invita al lector al preguntarle cuál es su posición, tú que piensas, es una interpelación directa al lector, porque todo el tiempo, y en el último de los cuentos, los personajes están interpelando al lector, de hecho se siente ofendido el supuesto espectador/personaje, se siente ofendido por lo que está viendo, porque siente que se están dirigiendo a él, y que incluso lo están insultando, lo cual hace que se pregunte si se lo están diciendo a él directamente o a alguien más, hasta que se da cuenta de que efectivamente es a él a quién se están dirigiendo, es a él a quién le están interpretando la obra pero también lo están invitando a participar. 

JMH: El cuento que lleva el título del libro,  “Los mataderos de la noche”, tiene una visión que se acerca al teatro, de cierta manera, género en el que también has incursionado, con obras como La luna vista por los muertos (Premio Nacional de Dramaturgia Joven 2002), pero también porque nos da entrada a un texto en donde se ponen en juego distintos niveles narrativos: el personaje que se identifica con el lector que es interpelado por los otros personajes. Estamos en una trama que podría hablar de ficción y metaficción al mismo tiempo.

DRB: Tenía que jugar el teatro, porque supuestamente eran unos actores que estaba trabajando en montar una obra, pero al mismo tiempo es un cuento, por lo que no podía tener actos o cosas así, y tenía que introducir un narrador que tiene que ser el lector y darle esos niveles; el de lectura, el del personaje y luego el del teatro, que son los actores, es algo que se ha hecho en la literatura, por supuesto, no es nuevo, pienso en Hamlet poniendo en escena frente a su padrastro el crimen que ha cometido, entonces este teatro dentro del teatro  que ha sido llevado a cabo en otros momentos, tal vez en la narrativa no se ha llevado a cabo tanto, pero quería utilizar esa herramienta de varios niveles narrativos para interpelar y darle conciencia a los personajes sobre su violencia. 

JMH: Un elemento narrativo que me parece une a tu novela, La soledad de los animales, con este nuevo libro de cuentos, tiene que ver con la corporalidad, la preocupación por el cuerpo, la violencia está latente pero sí hay violencias sobre el cuerpo y el cuerpo se convierte en una metáfora social y personal. 

DRB: Hay violencia hacia el cuerpo de muchas formas en este libro, por ejemplo en el último cuento, los olores, los personajes todo el tiempo están oliendo cosas desagradables, o se están diciendo que huelen de manera desagradable, o bien en el cuento de la pierna, interactúan contra su cuerpo, están pensando esa parte de su cuerpo ya no sirve, no sé porque, pero me pregunto cómo será despertar un día pensando que una parte de tu cuerpo, un ojo, tu nariz, ya no te pertenece, y de pronto te preguntas por qué tengo esto, ahí por ejemplo está muy subrayada la violencia contra el cuerpo, pero además hacia el propio cuerpo, no hacia el cuerpo de los otros como una violencia física, sino el propio cuerpo como ajeno a uno, como algo que está ahí y que también desconocemos, no sabemos que ocurre en nuestro propio cuerpo hasta que nos duele algo, cuando nos duele el estómago, la vesícula, y de pronto conoces una parte de ti que no conocías, que no sabías en donde estaba, hasta que el dolor te dice en dónde está y le está ocurriendo algo.

JMH: El cuerpo no solo es una metáfora de la violencia sino también una metáfora de lo que podemos llegar a hacer en contra de nosotros mismos. 

DRB: Pero también es una metáfora de lo ajeno, porque tampoco somos dueños de nuestro cuerpo, creemos que somos dueños, pero hay algo que también actúa, por ejemplo la gente que está enferma de cáncer, no puede detener la enfermedad, son ellos pero no puedes detener ese ataque contra ti, entonces el cuerpo también es lo ajeno, y de pronto algo tan cercano, así como hablábamos de los amigos o de los padres, también desconocemos nuestro propio cuerpo y no podemos hacer nada por impedir que pasen cosas, desde algo muy sencillo, como que se me caiga el pelo, hasta muchísimo más graves, que no puedo impedir porque sencillamente es “mi” cuerpo el que actúa, pero al mismo tiempo puede uno estar en desacuerdo. 

JMH: En muchos casos la sensación que se siente en los cuentos es el de una sociedad que se está desmoronando, una sensación de caída, de término. 

DRB: Es una sensación de sordidez, de algo sucio, de algo que está degenerando, de algo que está decayendo, envejeciendo, de algo que huele mal, que se está pudriendo, de eso, creo que es lo que le ocurre a ciertos personajes, sobre todo al de los primeros cuentos, que forman parte de una clase media que va hacia abajo, entonces ya no tienen la misma ropa, ya no tienen las mismas circunstancias, algo que pueden ver en su propio cuerpo, pero que al mismo tiempo lo ven a su alrededor, esa especie de decadencia, que no han provocado pero que tampoco pueden parar, el papá que comienza a ver a su mujer como fantasma más joven, nos habla de una decadencia mental, y el hijo intenta llevarlo al cine, llevarlo a pasear, pensando que puede ser pasajero hasta que se da cuenta de que no es así, que es una decadencia real. 

JMH: También nos enfrentamos como una “normalidad”, pareciera que es una relación normal, sin embargo, lo que podemos ver es que esta sordidez nos está hablando de algo que va a pasar, de algo que ya está sucediendo, que es la decadencia y la violencia final. 

DRB: Creo que lo que he querido decir es cómo esa decadencia y esa violencia tiene una apariencia de normalidad, la vemos como algo que ocurre, que nos pasa, que le pasa a los amigos, a los compañeros, a quien sea, y lo vemos como ahora te toco a ti, tal vez mañana me toque a mí, como algo muy normal , cuando en realidad se trata de algo brutal, violento, terrible, de algo que no deberíamos estar viviendo, o debería ser consciente de otra forma, porque a estos personajes la violencia les cae de golpe, de pronto se dan cuenta de que ya están ahí y no pueden hacer absolutamente nada, querían una cosa completamente distinta, por ejemplo en el cuento de “Madame Beatriz”, en donde ella quería ser actriz y termina leyendo las cartas y vendiendo cocaína al mismo tiempo, y de pronto se da cuenta de que quería una cosa que ya no tiene y ya no sabe ni como llego a ese punto en el que está, y ya no hay manera de retroceder.


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Javier Moro Hernández

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