Opinión

La cara del fraude electoral en México / Matices

 

Cuando estudiaba la secundaria me hicieron fraude, me convencieron de que López Obrador era un peligro para México y me dejé llevar por la guerra sucia. Pasó el sexenio de Calderón, estudié Estudios Políticos en la Universidad de Guadalajara, mis amigos y yo discutíamos de política y rumbo al 2012 nos dio por reunirnos para platicar de las elecciones, vimos la película del Fraude de Luis Mandoki y entendimos la estructuración de un fraude electoral. A partir de esa discusión algunos cambiaron su punto de vista sobre las elecciones en 2006. Esos mismos amigos afirman que López Obrador ganará en 2018 pero que le volverán a hacer fraude.

La elección de 1988 y 2006, caracterizadas por muchos aspectos fraudulentos y documentadas como tal, han hecho que la semilla del fraude permanezca en el inconsciente colectivo del elector mexicano. Por lo que siempre se encuentra latente la posibilidad de fraude, la realidad es que en México, el fraude se puede operar con diferentes máscaras, no solo se trata de una máquina que cuenta votos y que se apaga y deja de contar votos o cuenta de más. En ese tenor, me atrevo a pensar que los fraudes más eficientes no se operan ni siquiera se hace partícipe a las autoridades electorales federales o locales, quienes mediante mecanismos democráticos, transparencia y modificaciones legales han podido eficientar sus procesos democráticos para garantizar un sistema de resultados preliminares confiable, un sistema de cómputo de los votos eficiente y sistemas de fiscalización expeditos.

Sin embargo, los fraudes operan antes y durante el ejercicio del voto de los ciudadanos, esos son los fraudes que las autoridades electorales y jurisdiccionales persiguen, en ocasiones con éxito como la reciente sanción que anunció el INE hacia los partidos políticos por el financiamiento ilegal hacia los representantes de casilla en 2012, en otras ocasiones las autoridades fracasan o toman decisiones erróneas.

La cara del fraude tiene muchas máscaras, aquí evidenciamos algunas; esto con el objetivo de perseguirlos, evidenciarlos, denunciarlos ante la Fepade, el INE o la PGR y no otorgar el voto a los partidos que realicen esas prácticas ilegales.

El fraude en México tiene cara de desvío de recursos. Javier Corral en Chihuahua ya evidenció la estructura del PRI y del Gobierno Federal para financiar campañas políticas; en primer lugar el gobernador creó una estructura financiera: se apoderó de un banco, para mediante esa estructura recibir recursos de la secretaría de Hacienda, liberarlos, desviarlos y destinarlos al partido local y a las campañas locales.

El fraude en México tiene cara de peculado. Los programas sociales son utilizados para la compra de voto, pero no se trata solamente de otorgar un billete o una despensa, se trata de algo más inmaterial, por ejemplo, la entrega de programas sociales partidizada es una manera de hacer fraude, porque intrínsecamente se están utilizando recursos públicos para apoyar a un partido o candidato. Esos recursos públicos tienen diferente aplicación: se pueden usar camionetas, oficinas, trabajadores, horas de trabajo, papelería, sillas, equipo de audio o incluso se pueden realizar maniobras financieras para utilizar recursos para la campaña. Por eso se debería prohibir a secretarios de estado y funcionarios públicos ser candidatos de manera inmediata, porque la posibilidad de utilizar recursos públicos y crear estrategias invisibles, aumentan.

El fraude en México tiene cara de cobertura de los medios de comunicación. Unas elecciones libres y democráticas contienen ciertas características como cobertura de medios equitativa y respetando el derecho al acceso a la información. En México, el fraude electoral se orquesta al otorgar más cobertura de medios a ciertos candidatos, incluso de manera cualitativa, otorgar cobertura sesgada a unos candidatos de manera positiva y a otros de manera negativa. En ese sentido, quien ostenta el poder tiene más control sobre los medios locales y más control sobre la línea editorial y cobertura. El fraude mediático se orquesta así. Aunque las redes sociales han limitado el alcance de ese fraude, sigue existiendo la posibilidad de que ciudadanos definan su voto a través de lo que dicen las noticias o conductores.

El fraude en México tiene cara de estrategias de inteligencia financiera. Según las autoridades electorales los candidatos tienen unos topes de campaña que en caso de rebasarlos podrían perder incluso el triunfo electoral. Sin embargo, el fraude se orquesta mediante estrategias de inteligencia financiera, por ejemplo, el reciente caso que sancionó el INE, donde descubrió que mediante una estrategia bancaria, los representantes de partido recibían tarjetas bancarias con cantidades económicas para defender el voto, un financiamiento ilegal que no fue reportado y que no se incluyó en los gastos de campaña y que es difícil de rastrear. Como es difícil de rastrear cantidades que se dan en efectivo para pagar sobornos a periodistas, a medios de comunicación o a estructuras partidistas o de gobierno. También es complejo de rastrear objetos en especie. Por lo que el fraude se constituye mediante estrategias financieras invisibles para las autoridades electorales; que buscan combatirlas.

El fraude en México tiene cara de guerra sucia. De señalamientos ilegales, de difamaciones, de calumnias, de amenazas, de violencia política, de narcotráfico, de delincuencia electoral y de escuadrones golpistas.

Estas caras de fraude no las operan las autoridades electorales, sino los actores políticos, candidatos y partidos. Debemos estar atentos a esas prácticas para señalarlas y evidenciarlas, pero también recurrir a sistemas democráticos efectivos que pueden estar blindadas de fraude como los debates, las redes sociales oficiales, las propuestas, la declaración 3de3 y los diálogos abiertos con candidatos.  


Vídeo Recomendado


The Author

Carlos Aguirre

Carlos Aguirre

No Comment

¡Participa!