Opinión

La nueva ciudadanía / Debate electoral

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Lo novedoso del proceso electoral que estamos viviendo no solamente radica en la coordinación logística entre los Institutos Nacional y Estatal electorales para que por primera vez en la historia reciente tengamos una casilla única para un proceso concurrente. Tampoco termina en las nuevas atribuciones del INE o las figuras novedosas de candidaturas independientes o la fiscalización de campañas. Tenemos que concluir con que también se exige una nueva ciudadanía, sobre todo en lo que respecta al nuevo modelo de comunicación, que se extiende más allá de la política.

Haciendo un poco de memoria, recuerdo que en mis años escolares una buena parte del tiempo que se utilizaba en las clases donde se enseñaba la metodología de la investigación, se concentraba en enseñarnos a utilizar los diferentes tipos de fichas, bibliográficas, hemerográficas, de trabajo, etc., que más de una vez exigió la práctica de campo en alguna biblioteca. Todavía no hace mucho, entre la comunidad escolar era cosa común juntarnos en la Biblioteca Central del Estado Jaime Torres Bodet para realizar alguna tarea que ameritaba la consulta de información y que en casa no podríamos tener, salvo alguno que otro afortunado que disponía en su casa de la enciclopedia del Selecciones o la de Salvat.

Y allí estaban esos muebles de diminutos cajones esperando nuestras pequeñas y atrabancadas manos para buscar entre el fichero las obras ya por título, autor o materia, que nos ayudaran con el motivo de nuestra investigación. Había que aprender a descifrar el sistema Dewey de clasificación para, entre el estante de laberintos, encontrar la obra deseada… o la sorpresa de que alguien más lo había solicitado a préstamo y que, por lo tanto, habríamos de repetir la búsqueda, ahora en un escenario poco menos que catastrófico por la falta de libros.

Avanzando un tanto en los estudios, y cuando por fin pudimos tener computadora en casa, la nueva era llegó a nuestras manos en forma de disco compacto y con nombre de Encarta. La solución a muchos de nuestros problemas de falta de información, se solventaron a la velocidad de un “Enter”. Ahora el problema no era que no encontráramos el libro disponible, sino la unificación de la información, pues todo el salón de clases había accedido a la misma página.

Para cerrar el ejemplo, en la actualidad podemos ver el sueño de Diderot en la enciclopedia en red por antonomasia. El padre del enciclopedismo y factor clave para La Ilustración, creía posible sintetizar la información conocida por el hombre, y dejarla para la posteridad, si cada entrada de la enciclopedia era escrita por un verdadero y reconocido experto sobre el tema. Y así nació la enciclopedia francesa con aportaciones, en su tiempo, de personajes de la talla de Montesquieu, Voltaire o Rousseau.

La nueva ciudadanía se enfrenta a un nuevo modelo de comunicación en donde la oportunidad de analizar un suceso es inmediato y no requiere de todo el proceso digestivo que provocaban los medios (ahora llamados tradicionales) de editar la nota. Para enterarnos de algo que es noticia, ya no hay que esperar el noticiero nocturno o el periódico del día siguiente. Ahora solamente basta abrir un perfil de Facebook o una cuenta en Twitter para atiborrarse de sucesos.

Sin embargo, la novedad que hablaba en un principio resultará en el refinamiento, o en algunos casos la adquisición misma de una habilidad, que es la de discernir.

Ahora no estamos en los tiempos de la biblioteca, donde había que formarse para llegar al fichero. Ahora la noticia nos persigue y nos atrapa en el teléfono celular como entrada, opinión, comentario, mensaje, imagen o meme. Tampoco es el momento de la Encarta, en donde la enciclopedia estaba escrita dogmáticamente por un experto. Ahora es el momento en que cualquiera que se sienta experto puede editar libremente la Wikipedia.

Ya lo difícil para obtener la información no es ni siquiera salir de casa o contar con un montón de libros, pues hoy para obtener información, en cualquier materia, incluso en la electoral, solo es necesaria una conexión a internet y los datos fluirán, a veces hasta en doble dirección. Lo que exige este nuevo esquema será nuestro discernimiento: saber cuál información es verdadera, cuál no está editada para perjudicar, cuál es noticia falsa, cuál es sarcasmo, cuál es meme, cuál aporta para la construcción de mi opinión.

Como reflexión, invito pues a formar parte de esta nueva ciudadanía, cuyo compromiso no será confiar en la certeza de la información que circula en redes, sino hasta después de haber hecho un esfuerzo mínimo por asegurar su veracidad. Entraremos en una época de contienda electoral en donde será muy fácil descalificar al oponente desde el anonimato y a través de falsas declaraciones, tergiversación de dichos o alteración de hechos.

El llamado es, entonces, a ir adquiriendo o afinando la habilidad que nos permita, a veces hasta a simple vista, si la información fue redactada por Voltaire o parece más bien hecha por el Sr. X de Springfield.

 

/LanderosIEE | @LanderosIEE

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