Cultura

¿Le ofrezco bolsa? No gracias, contaminan y matan

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A la mayoría de nosotros cuando vamos a la tienda nos ofrecen una bolsa para echar en ella los productos que hemos comprado, los que a su vez están embolsados o empaquetados en cartón, celofán o aluminio. El tamaño o peso de lo que se compra no importa, pues hay bolsas, bolsotas y bolsitas. A las personas les parece un acto de cortesía que el tendero o despachador les ofrezca una bolsa como parte de su servicio; por el contrario, que no lo haga significa una gran falta de atención; incluso para algunos puede parecer ofensivo que se les pregunte “¿le ofrezco una bolsa?”

En la década de 1970 yo era un niño que acompañaba a mi mamá a hacer las compras en una tienda del Issste, para ello mi madre cargaba con la bolsa del mandado y bolsas de plástico, lo que a mí me parecía absurdo porque en la tienda las vendían en 50 centavos, entonces ¿para qué llevar si allí las vendían? Mi madre, como buena administradora, trataba de hacernos entender que comprar bolsas y tirarlas era un gasto y un despilfarro, aunque fuera sólo de unos cuantos centavos, por eso era mejor guardarlas para la siguiente compra. Insisto, para mí era algo engorroso; no obstante, ahora creo que la práctica de vender las bolsas debió continuar, pues eso frenaba mucho el uso inmoderado e irracional de este producto que ha resultado tan dañino para el medio ambiente. Estudios internacionales muestran fotografías de lugares recónditos en los que, sin haber presencia humana, las bolsas de plástico han llegado; no está demás señalar que en internet hay muchas fotografías y datos de los miles de animales que mueren asfixiados al quedar atrapada su cabeza en bolsas transparentes o por problemas intestinales que provocaron su muerte al haber ingerido éstas.

Mi madre no sólo llevaba la bolsa del mandado a la tienda del Issste, sino al mercado, cuna de este artefacto que sustituyó a las canastas empleadas siglos atrás. Entre las décadas de 1970 y 1980 ésta era la costumbre habitual, todas las señoras iban al mercado (fijo, sobre ruedas o tianguis) con su bolsa del mandado y no echaban NADA EN BOLSAS INDEPENDIENTES, todas las frutas y verduras iban revueltas, y es importante señalar que esta mezcla no modificaba su sabor, color o consistencia; y sólo en caso de que fuera necesaria una bolsa de plástico para algún producto, ésta era guardada para reutilizarla, o al menos eso hacía mi mamá. Lo invito a que se dé una vuelta en un sitio donde se colocó un tianguis y vea la cantidad de bolsas de plástico desperdiciadas y regadas. Muchas de ellas terminan colgadas en los árboles, en calles aledañas o en los drenajes.

La práctica de llevar la bolsa del mandado ha quedado en desuso, pues ahora todas las familias van a hacer sus compras sin bolsa, ya que ésta les es obsequiada en todas partes, e insistiría en que a veces el ofrecimiento o solicitud es tan inmoderado e irracional que se suele aceptar o pedir una bolsa en cada compra. ¡Por Dios! Si ya te dieron una en un establecimiento y/o puesto ¿para qué aceptas y/o pides otras? ¡Echa todo en una bolsa! No contamines más tu mundo, nuestro mundo, no provoques más muertes de animales que confunden una bolsa con alimento.

Otro ejemplo del reuso de las bolsas de plástico que mi madre nos inculcó fue en nuestro lunch escolar, éste nos lo mandaba envuelto en servilleta y una bolsa, misma que teníamos que devolverle (optó por las bolsas debido a que perdíamos y perdíamos las loncheras), y si no lo hacíamos recibíamos un fuerte regaño y teníamos que llevarnos el lunch envuelto solamente en servilleta, lo que podía provocar accidentes si el contenido del mismo se salía: útiles o tarea manchados.

Lo que intento mostrarle, estimado lector es que en el pasado se cuidaba el uso de las bolsas de plástico, no se hacía un despilfarro de éstas, no eran objetos de desecho para usar unos minutos o segundos y tirar, como lo hacemos hoy día. Actualmente se nos ofrecen bolsas de plástico para todo. La más reciente es en las tortillas. Si usted que está leyendo estas líneas no es un milenia, recordará que acostumbrábamos ir a la tortillería con nuestra servilleta, y si las queríamos en papel nos aclaraban que eran 50 centavos más. Debido a que las personas hemos dejado de lado la costumbre de llevar nuestra servilleta, ahora nos incluyen el costo del papel en la compra de las tortillas, no así el de la bolsa, costumbre que está empezando a usarse, por lo menos, en la tortillería donde yo las compro; o sea, antes no te daban bolsa, tiene poco que comenzaron a hacerlo. Esto me hizo reflexionar en una experiencia nada grata que les comparto. Hace poco fui a comer a San Pancho con mi familia y a las afueras de los establecimientos hay abuelitas vendiendo las servilletas tradicionales para las tortillas hechas por ellas mismas (lo que las convierte por sí mismas en una artesanía) y pocos, por no decir que nadie, les compra, creo que porque ya no es algo que utilizamos cotidianamente como en el pasado, pero estoy seguro que esas abuelitas sacaron adelante a sus hijos tiempo atrás haciendo lo mismo, pero con mejores resultados porque la gente veía estas telas como productos básicos en el hogar; no obstante, han pasado a ser reliquias. Así es que invito a los lectores a que recuperemos el uso de las servilletas para las tortillas y con ello varios beneficios: menos uso de papel, lo que implica menos tala de árboles y con ello de químicos vertidos a las aguas en su fabricación, un ahorro de 50 centavos en cada compra y menos basura en nuestro planeta, además de que podemos contribuir a reactivar un negocio único y tradicional tan nuestro: el de las servilletas para las tortillas (me acaba de llegar una reminiscencia: a las niñas en las escuelas se les enseñaba a bordar y decorar este producto y era todo un orgullo para ellas tener y usar en casa las servilletas que ellas habían diseñado).

Bueno, pero regresemos a las bolsas: pregúntese ¿cuántas bolsas consumen en su casa a la semana? Le aseguro que en un año fácilmente podría llenar al tope una habitación de 4×4 sólo en su casa. Multiplíquelo por un millón de habitantes… En algunos países se ha prohibido que se regalen bolsas, éstas se venden y tienen un impuesto muy alto, lo cual ha redundado en una alta disminución de este producto y con ello en el volumen de basura y contaminación. ¿Por qué no aplicarlo en nuestra ciudad? Más aún, por qué no comenzar en nuestras casas a generar una “cultura antiplásticos” que incluya tanto a las bolsas, como los envases no retornables y por su puesto los platos, vasos y cucharas desechables.

Los invito a que así como al inicio de año hacemos el propósito de bajar de peso, cambiar o mejorar algunos hábitos, hagamos en este 2018 que comienza el propósito de bajarle a nuestra basura y poner en práctica acciones tradicionales o nuevas que contribuyan a disminuir la contaminación de nuestro entorno y del planeta.

¡Urge que comencemos ya! no sólo para no ver cerca de los contenedores los montones de bolsas, envases de plástico y cartón, cuyo impacto es sólo estético; sino para no ahogarnos, en un futuro cercano, en mares de estos productos altamente tóxicos que terminarán asfixiándonos.


Víctor Hugo Salazar Ortiz.

Profesor-investigador Depto. de Filosofía UAA

Presidente de Movimiento Ambiental de Aguascalientes A.C.

[email protected]

 

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