Opinión

Obra pública y los falsos mecanismos de participación / Agenda urbana

 

El pasado 25 de diciembre, el Gobierno del Estado difundió el Boletín de Prensa No. 534 titulado, “Van condóminos y autoridades estatales juntos en paso a desnivel de Av. Universidad y Colosio”, en el cual se describen los supuestos resultados de una reunión entre funcionarios estatales y pocos vecinos de los fraccionamientos Campestre, La Herradura y Vergeles para discutir ese proyecto. En algo más de una página, el gobierno asegura que “la prioridad de la administración del Gobernador Martín Orozco Sandoval es socializar los proyectos de obra que mejoren la calidad de vida de las familias, a fin de construir un Aguascalientes moderno y funcional, por ello la participación de la sociedad es esencial”. En este sentido, en columnas anteriores he descrito la estrechez con que la rebautizada Secretaría de Obras Públicas parece tomar decisiones en materia de obra pública para la movilidad; y he explicado por qué considero que los pasos a desnivel no asegurarán la modernidad y la funcionalidad de nuestro estado. Por ello, en esta ocasión quisiera comentar acerca de los mecanismos de participación (es un decir) que promueve el Gobierno del Estado para supuestamente legitimar a toda costa soluciones de obra pública cortoplacistas, insostenibles e inequitativas. Veamos.

El gobierno asegura que los vecinos de estos fraccionamientos manifestaron su apoyo al paso a desnivel del Campestre. Habría que preguntar ¿cuántos vecinos? ¿Por qué sólo un grupo marginal de vecinos de estos fraccionamientos puede participar? ¿Quién los eligió, a quienes representan? ¿Por qué en la reunión no participaron comerciantes, locatarios, peatones, ciclistas, usuarios del transporte público y ciudadanos interesados en la movilidad urbana independientemente de residir o no en esos fraccionamientos? La reunión, más de comparsas que de vecinos, era para hacer creer que existe un amplio apoyo al paso a desnivel para facilitar su implementación; desde luego, no es así. Además, existen varias deficiencias en el diseño de ese supuesto mecanismo de socialización que vale la pena analizar.

Primero, un pequeño grupo de vecinos no supone un espacio incluyente, pues no se tomaron en cuenta a todos los actores involucrados en el proyecto; por ejemplo: 1) todos aquellos que se verán afectados de manera directa o indirecta por el paso a desnivel, como son usuarios del sistema de transporte público, ciclistas o peatones; 2) actores clave con responsabilidad política, recursos y experiencia en el tema, como otros servidores públicos, académicos y especialistas en movilidad; y 3) actores con interés permanente en los temas, como asociaciones ciclistas, transportistas, ambientalistas u otros. En otras palabras, el gobierno montó una coreografía con un reducido número de personas que solo se representan a sí mismos y sus intereses. Y a nadie más.  

Segundo, de haberse presentado un análisis técnico para defender el paso a desnivel en dicha reunión, seguramente incluyó solamente los supuestos beneficios en términos de la reducción de los tiempos de viaje para los automovilistas que transitan por ahí, el cual, como he mencionado en otras ocasiones, es un análisis profundamente básico y deficiente. Además, difícilmente se habrían presentado los verdaderos costos sociales y los posibles efectos negativos a mediano y largo plazo del paso a desnivel, no sólo a escala local, es decir, en el contexto inmediato del paso a desnivel, sino también a escala urbana o de ciudad, como avanzar rápida y ciegamente hacia un mayor caos vial y la motorización insostenible de nuestro estado. Elaborar un análisis técnico honesto, serio y riguroso, y darlo a conocer, ayudaría a entender qué funciona y qué no y qué necesita realmente la ciudad en materia de movilidad; además permitiría demostrar, o no, por qué dicho proyecto es la opción más deseable frente a otras alternativas, como modernizar el transporte público. Un análisis así debería ser elaborado preferentemente por instituciones u organizaciones reconocidas y respaldadas por la ciudadanía y el gobierno.  

Tercero, la reunión fue una improvisación. La difusión de la convocatoria fue sumamente deficiente; si era abierta ¿por qué no se expuso en lugares públicos y a través de medios digitales como las redes sociales para lograr una mayor cantidad de asistentes? O de haber sido cerrada ¿por qué no se seleccionó un grupo de actores incluyente con representatividad de diversos sectores e intereses? Más aún, ¿por qué no se realizó en un lugar accesible con menor carga política, en vez de una oficina pública? Por lo menos, un espacio imparcial puede contribuir a generar un debate más abierto y objetivo. Peor aún, ¿por qué se realizó la reunión y se difundió el boletín en Navidad? ¿Realmente era el día indicado o intencionalmente se seleccionó una fecha casi subrepticia? De ser así, hubiera sido aún más pertinente sostenerla el 28 de diciembre: día de los Santos Inocentes.  

Por último, el Gobierno asegura que el paso a desnivel “contribuirá a la estética urbana de la zona, además que será detonante del crecimiento social y desarrollo económico para la capital junto con el municipio de Jesús María” ¿Cuál estética y cómo contribuye el paso a desnivel? ¿Cuáles son los supuestos y datos verificables a partir de los cuales se afirma que el paso a desnivel detonará el crecimiento social y el desarrollo económico de los municipios de Aguascalientes y Jesús María? Suena más bien a demagogia pura y dura.

Finalmente, hay que insistir en que la cuestión de fondo no es exclusivamente ese paso a desnivel, sino repensar dónde y cómo queremos vivir, es decir, qué ciudad queremos, y cómo podemos lograrlo. ¿Queremos una ciudad para automóviles o para personas? Esperemos que el 2018 esté lleno de noticias mejores para nuestra ciudad.

 

[email protected] | @fgranadosfranco

 

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Fernando Granados

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