Opinión

Pasto (2018) / H+D²

 

¡Prohibido pisar el pasto o será consignado a las autoridades correspondientes!

Ahí ante ese anuncio, ante esa advertencia de letras rojas y grandes sobre un fondo blanco, ahí en ese parque público a medio día comprendí todo, al menos en ese instante. Sonriendo discretamente me quito mis Converse desvencijados que acompañan mis andanzas desde siempre, lentamente cada agujeta abandona por un boquete su prisión y se desliza entre mis manos ¡Afuera los Converse, fuera los calcetines de rayas negras y grises! ¡Aquí estoy a pata pelada, aquí estoy decidido a pisar el pasto!

Los tenis y los calcetines quedan abandonados sobre el asfalto caliente, mis pies hermosamente descalzos están por emprender la aventura, no miro a mi alrededor, no me importa quien venga por mí, seré más veloz, siempre nos persiguen los que son más lentos ¡está decidido! pisaré aquel pasto que me prohíben, dejaré la advertencia para los ingenuos y los sensatos, pondré las plantas de mis pies sobre la tierra, sobre este brillante pasto lleno de luz y de vida. Pero ahí de golpe, algo me detiene. Estoy inmóvil. Embelesado ante la verde inmensidad. Paralizado por la aventura. Comienza el camino. Un pie detrás del otro. Aquí voy yo.

Y ahí estoy, pleno, radiante, pisando el pasto, sintiendo el latido de la tierra, y ahí estoy en mi abandono acompañado de todo, apeteciendo pisar todos los pastos prohibidos, orinar en las fuentes, bailar en los cementerios, reír en las iglesias, jugar a la paz en los cuarteles, llorar en los circos, enmudecer en los moteles, dormir en las estaciones, despertar en su cama. Ahí voy pisando el pasto queriendo correr totalmente desnudo por Corrientes, volar un papalote mientras ando en una bicicleta a contramano por Madero, jugar con los ancianos dominó en La Habana y tirarme todo el día en la arena de Varadero, aventarme del piso quince del edificio de la calle Prat en Santiago y salir volando con los aires del viento andino, pasar la noche de rumba en Medellín, ver el amanecer desde la rambla en Montevideo y curarme la resaca en una vieja cantina de la Ciudad de México mientras en la destartalada rocola suena “negrita de mis pesares”.

Quiero infringir toda absurda y estúpida prohibición, atreverme a ser, que las advertencias de los cuerdos del mundo que nos detienen se conviertan en letras sin sentido y acompañar a los loquitos desnudos de pies y alma en sus caminatas nocturnas hacia cualquier planeta, quiero abrazarme con algún desconocido, mirar a los ojos, escuchar, tocar las manos, arrugarme la cara por sonreírle al mundo y que ella me sonría. Despertarme sin alarmas, andar en calzoncillos, hacerle el amor todos los días, traer de vuelta a los pibes que fuimos, montarnos en un triciclo, subirla al canasto y pedalear hacia la luna.

Voy a tirar el carnet del Club de los Prometedores y vivir no más, alzar la voz, manifestarme, hacer y sostener el cambio, defender la libertad que tiene cada uno de ser libre. Quiero la locura, la rebeldía, la insurrección. Saltaré las cercas, gambetearé a los fascistas, corretearé a las palomas, le echaré sal a los tlaconetes, les arrojaré serpentinas y confeti a los policías, me colaré en los bares, perseguiré los cometas, subiré a los carritos chocones, correré con las tortugas, leeré poesía a oscuras, no tendré cuidado con el perro, me dormiré en las misas, comeré hamburguesas en los gimnasios, entraré con animales a los cines, pediré tacos con triple tortilla, beberé vino en la oficina, me reiré en los funerales, jugaré Operando en las salas de los hospitales, apostaré por el toro, me robaré las limosnas y se las aventaré a los ricos, robaré un banco y se los regresaré a los pobres, daré vuelta prohibida cuando el camino no me guste, excederé los límites de velocidad y aceleraré a fondo, también me iré tranquilo y marcharé despacio en las desquiciadas autopistas que no llevan autos, solo personas.

Saldré a dar largas caminatas paseando a una hormiga, beberé agua del grifo, pescaré más resfriados, daré vueltas silbando por la calesita de algún pueblo, me sentaré en un parque a fumarme un porrito y dejaré que la pereza me arrope y me arrulle hasta que de un estruendo me despierten la acción y los sueños, las revueltas, las injusticias, el amor. Pisaré los pastos prohibidos, caminaré los pastos que están por venir.


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Néstor Damián Ortega

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