Cultura

Vivimos un presente que no se piensa como algo que se convertirá en pasado / Entrevista de Óscar Alarcón a Efrén Ordóñez

  • Escribí la novela con mi ciudad en mente, pero conforme iban leyéndola otras personas, lo tomaron como un reflejo de todo México (la desaparición de mujeres, los feminicidios), y sí, es cierto

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Efrén Ordóñez obtuvo el Premio Nuevo León de Literatura 2014 por su novela Ruinas, hoy titulada Humo (Nitro Press, 2017), además es autor de Gris Infierno (Editorial An.alfa.beta, 2014), y Tlacuache. Historia de una cola (FCAS, 2015). Es director de la Editorial Argonáutica, de Monterrey, Nuevo León, cuya línea editorial considera que, más allá de su valor estético, la literatura cuenta las historias de distintas culturas e individuos, así como sus interacciones.

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Óscar Alarcón (OA). En los últimos meses más que una literatura del norte, he percibido una literatura de Nuevo León. La antología Más allá del desierto de Alejandro Vázquez es prueba de ello, pero nos encontramos con otros autores, otros libros como Norma Yamille Cuéllar, Paulino Ordóñez, Antonio Ramos Revillas, Orfa Alarcón, ¿cómo definirías a la literatura de Nuevo León que se hace en este momento?

Efrén Ordóñez (EO). Como literatura a secas. Cada uno de los autores que incluyes en la pregunta, más otros, escriben a su manera, con sus temas y, cuando los comparten, por lo general lo hacen desde una mirada propia. Cuando se hablaba de literatura del norte se pensaba en un cierto tipo de lenguaje y de algunos temas: violencia, narco, el desierto… Sí comparto -y me gusta- la idea de que es una literatura de Nuevo León, pragmática, directa, sin rodeos, seria. La literatura del estado está llena de proyectos y no de obras aleatorias. Yo no sé si perdure, pero existe la infraestructura, manos e ímpetu para hacer del estado el bastión literario del norte del país.

ÓA. En Humo me sorprendieron varios elementos, uno de ellos es la falta de nombre del personaje protagonista, que pudiera interpretarse como la desaparición del individuo ante la violencia. Sin embargo, ¿por qué decidiste no dotar de un nombre a tu protagonista?

EO. En parte es por eso, pero también por la estandarización del individuo como tal, algo así como su industrialización. Es una idea vieja, repetida, pero, como cualquier creador, busqué escribirla según iba entendiéndola. Las personas siguen detrás de la originalidad e individualidad, pero es solo en la superficie. Al final se queda en deseo pertenencia a una tribu, como las llaman algunos.

El problema es que entre tribus siguen existiendo demasiados puntos de encuentro, similitudes, como para que puedan considerarse diferentes entre sí. Y ya más aterrizado, me gustan los personajes como el principal de la novela Monsieur, de Jean-Phillipe Toussaint, que sirvió como inspiración para el de Humo.

ÓA. Los nombres de las calles van cambiando constantemente en Humo, y la que antes tenía un nombre conocido al día siguiente ya no, parece que los lugares de memoria también están desapareciendo, ¿qué debemos de hacer en las ciudades para preservar la memoria y para reconocer a los individuos que la habitan? Te lo pregunto mientras pienso en la Ciudad de México o Puebla, Guadalajara, Monterrey, en donde la gente ya pocas veces se mira a los ojos y pareciera que ha dejado de tener cuidado por el otro.

EO. No tengo idea y yo apenas trato de entender hacia dónde vamos. Y bueno, aunque todo se repite en esas y más ciudades, pensé en Monterrey. Una vez escuché que un escritor defeño dijo que Monterrey es igual de fea que la Ciudad de México, pero esta última por lo menos tiene historia. Bueno, esta ciudad es mucho más joven, pero igual tiene historia. El problema es que, al ser industrial, pragmática y tan dada a la generación de trabajo, bienes, fortuna, se piensa solo en ir adelante sin mirar atrás, es más, destruyendo aquello que va quedando para siempre dar paso a lo nuevo. Siempre lo nuevo.

Vivimos un presente que no se piensa como algo que se convertirá en pasado, la próxima historia. Por eso la destrucción de tantos edificios antiguos para levantar ferreterías, tendajos y teibols en la Calzada Madero.

Antes de escribir la novela venía dándome cuenta de que en los primeros años del siglo pasado era preciosa. ¿Por qué en otros lugares respetan esos edificios que cuentan su historia y aquí se destruyen siempre y cuando sea para hacer dinero?

ÓA. No sólo dentro de la novela sino para tu trabajo como escritor, ¿qué importancia tiene nombrar de forma exacta a los conceptos? No es lo mismo decir “murió” que “falleció” por ejemplo. El lenguaje a veces nos espete en el rostro significados dolorosos.

EO. Sostengo la idea de la palabra precisa. El problema es que a veces la palabra precisa no es la más común o conocida y eso inquieta a algunas personas. No creo en aquello de rebajar el lenguaje, o de volverlo sencillo, de plagarlo de muletillas y comodines “pa’que todos entiendan”. Ya mucho hacen los locutores de radio para abaratar el idioma. Esa es su chamba. Tampoco creo que debamos complejizarlo (como los abogados, que son pésimos escritores). Además, soy más bien pobre en mi uso de lenguaje. Pero bueno, le hago la lucha.

Hace poco, en uno de mis textos, usé la palabra ‘nejo’ para referirme a un instrumento musical sucio. Una trompeta, creo. Algunos amigos dijeron que no habían escuchado esa palabra y que sería mejor usar la palabra ‘sucio’. Sin embargo, ‘nejo’ viene del náhuatl ‘ceniza’, pero también hace referencia a una tortilla grisácea hecha de maíz cocido. Yo quería la imagen de un instrumento metálico con una capa gris, entonces, ¿por qué decantarme por la palabra genérica ‘sucio’ que abarca una amplísima variedad de manchas? La palabra precisa sería ‘nejo’. Lo gracioso es que no la saqué de los sinónimos de Word, ni de Internet. Es una palabra que mi abuela materna usaba y, luego, mi mamá, cuando hacían referencia a un cierto tipo de suciedad. Escuchar y recordar son formas de mantener vivo el lenguaje y de no estandarizarlo.

ÓA. La recolectora de cadáveres del noreste es la empresa a la que el protagonista de Humo entra a trabajar para encontrar a su esposa. Aunque sabemos que la propuesta en tu novela es ficticia, ¿qué opinas de este tipo de empresas que parecen deshumanizar a las sociedades occidentales?

EO. Que son una atrocidad. La recolectora me sirvió para hablar de todas aquellas que lucran con la miseria o las debilidades del ser humano, de las que justifican todas sus monstruosidades con la generación de ingresos. Es muy común escuchar eso en Monterrey: “Mientras deje lana…”.

Aunque sucede en todo el mundo, basta con sintonizar cualquier canal de la televisión local de allá para entender hasta dónde puede llegar la falta de ética y la deshumanización de una ciudad.

ÓA. ¿Cuáles son las correspondencias que se pudiesen establecer entre tu novela y lo que ocurre en el país? Me refiero específicamente a la desaparición de mujeres y a los feminicidios.

EO. Escribí la novela con mi ciudad en mente, pero conforme iban leyéndola otras personas, lo tomaron como un reflejo de todo México (la desaparición de mujeres, los feminicidios). Y sí, es cierto.

De hecho, aunque en la novela los cadáveres son hombres y mujeres, otra de las influencias fue el libro Huesos en el desierto, de Sergio González Rodríguez, el primer libro que me hizo llorar. No porque me haya entristecido, lloré porque de verdad entendí el horror en que vive la mayoría del país y el resto lo damos por sentado o ni cuenta nos damos. Luego, más que un guiño, le hice una reverencia a “La parte de los crímenes” de 2666, de Roberto Bolaño, para el que ya muchos saben porque es una anécdota repasadísima, el autor estuvo carteándose y no recuerdo si hablando por teléfono con Sergio González.

Las mujeres desaparecen en todo el país. Las matan. A las que no, las golpean y son víctimas de abusos. Son un objeto. Por eso la tercera parte (o cuarta) de Humo.

ÓA. Sabemos que Humo se publicó antes con el título de Ruinas, ¿cómo fue tu acercamiento a Nitro Press para publicar esta novela ganadora del Premio Nuevo León de Literatura 2014?

EO. Mauricio Bares fue uno de los integrantes del jurado. Más o menos un año después de la publicación de Ruinas me escribió para pedirme la novela y me encantó la idea. Bares es un loco que de verdad cree en sus autores y si lo escuchas hablar de cualquiera que pertenezca a su catálogo sabes que es como el amigo rijoso que siempre meterá las manos por ti. Claro, él y Lilia, porque Nitro Press son ambos.

ÓA. Platícanos un poco sobre Argonáutica, ¿cómo surge, quiénes la integran, cuál es su línea editorial, por qué hacer ediciones bilingües?

EO. Argonáutica nació en un Vips en Coyoacán. Esa noche, Marco Alcalá y yo hablábamos sobre editoriales, sobre las que nos entusiasmaban, sobre la proyección de algunas de ellas, sobre todo algunas estadounidenses que llevan ya un rato publicando exclusivamente literatura traducida. Esa noche surgió el nombre y la idea. Incluso definimos al primer autor, Mark Haber, a quien habíamos conocido en un viaje a Houston.

Ya cuando aterrizamos la “brillante idea” de arrancar con la editorial, pensamos en las ediciones bilingües porque la idea era y es acercar ambos lados de la frontera, la nuestra y su literatura contemporánea, generar un diálogo. Por supuesto, esa es solo una colección, Polifemo, porque también tendremos obras de otros idiomas traducidas al español y, para 2019, libros traducidos solo a inglés.

Buscamos publicar autores que no hayan sido traducidos, presentarlos a diferentes lectores, no solo en México y que, sobre todo, sean obras, como dije, contemporáneas. No tanto rescatar obras pasadas.

ÓA. ¿Qué es más difícil encontrar en México, buenos escritores o buenos editores?

EO. Editores. No porque no los haya o porque seamos malos editores (ya me incluyo aquí), sino porque son o somos menos. Además, este no es un negocio atractivo y, para muchos, es «el otro empleo», lo que impide dedicarle horas a tiempo completo y crecer y explotar el potencial de las editoriales. Claro, pasa lo mismo con los escritores, que suelen trabajar en todo tipo de áreas, pero las horas de escritura se acomodan mejor y, cuando se arranca una editorial, es necesario inyectarle capital durante un buen tiempo.

ÓA. ¿Cuáles consideras que son las vías alternas de publicación, venta, distribución que debe de seguir una editorial independiente ante las grandes editoriales transnacionales?

EO. Aquí escribiré desde la ignorancia porque yo apenas empiezo. Primero, habría que replantear el concepto de editorial independiente porque, algunas así consideradas son fuertísimas y parecen todo menos eso. Están en todos lados. Y qué bueno. Otras, de menor fuerza, igual se mueven muchísimo y, gracias a los apoyos federales, publican tirajes similares.

Vender en las librerías independientes funciona, aunque no son el único canal de venta y, además, a nosotros nos han aceptado las cadenas. Ahora, en Estados Unidos es más común imprimir sobre pedido, en láser; a veces lanzan un título nuevo con cincuenta ejemplares y no se ven más sino hasta haber vendido los primeros. Pero bueno, en Latinoamérica cuidamos más el libro como objeto y no sé si muchos nos atreveríamos con ese tipo de impresiones. Al menos nosotros no lo haríamos.

Por otro lado, no sé si estemos en competencia con las “grandes editoriales”. La literatura que publican vende igual o menos que las pequeñas, y en realidad se mantienen de otros libros que van a mercados que no son los nuestros. De hecho, siempre se encuentran los libros de ambas en prácticamente las mismas librerías (de acuerdo, no en todas las sucursales ni a nivel nacional). Luego, el trabajo de difusión se vuelve engañoso porque, ¿cuántos autores de las “grandes” se pasean por programas, periódicos y noticieros pero sus ejemplares siguen de pisapapeles o trabando las puertas de sus oficinas?

Las editoriales “pequeñas” no vamos a robarle lectores a los youtubers, booktubers y cuanto “tuber” vaya surgiendo. Tampoco a los autores de superación personal. Por lo contrario, quizá deberíamos trabajar juntos (trasnacionales y editoriales pequeñas) para hallar el valor agregado a la venta de libros y así lograr que se muevan más. No me refiero a la difusión de la lectura, que es una idea bastante inocente.

ÓA. Una pregunta que le hago a todas las personas que entrevisto, ¿qué es el amor?

EO. Me quedo con la frase de Lacan y que seguro (espero que la traducción funcione así): “Amar es dar lo que no se tiene a alguien que no lo quiere”.

The Author

Oscar Alarcón

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