Opinión

¿Por qué comes lo que comes? / Alegorías Cotidianas

 

Quizá nunca nos preguntamos por qué comemos lo que comemos o porque alguna cosa nos disgusta, el hecho es que con las tendencias actuales sobre alimentación pareciera que todo es dañino y todo lo hacemos mal en cuanto a cómo procesar y preparar los alimentos.

Los propósitos de año nuevo siempre llevan a querer bajar de peso, ponerse en forma, comer más saludable, sin embargo, en estos tiempos pareciera que también está de moda el ser vegano, el satanizar ciertos alimentos y consumir productos light, orgánicos y libres de gluten.

En blogs y redes sociales hay miles de expertos que dicen cómo alimentarse bien y que evitar, el problema es que pocos son expertos, tienen muchos seguidores y algunos de ellos enferman por no llevar una alimentación intuitiva, supervisada por un experto en nutrición o según sus necesidades médicas. Olvidamos que somos bio individualmente distintos los unos de los otros y creemos que lo que le cae bien a mi celebridad también será bueno para mí.

Estar a la moda también repercute, escuché hace poco a una chica decir que tiene una amiga quien desde hace más de un año lleva una transición vegetariana y que por más que lo intenta no logra quedarse del lado de las frutas y verduras sin proteína animal. Además de las preferencias y necesidades también en esto influye, la convicción y el por qué llevamos un régimen u otro.

Recuerdo haber visto, hace pocos días, una foto en Facebook de una página vegetariana que mostraba unos chapulines y los seguidores brincaron de inmediato argumentando que eso no era vegetariano, sólo por ser insectos.

Así pues, entre tanta información y la realidad pocas son las personas que investigan y dan a conocer información referente a la alimentación desde un punto de vista científico tal como lo hacen Melanie Mühl y Diana Von Kopp, quienes en su libro ¿Por qué comes lo que comes? 42 claves para una alimentación inteligente desmienten mitos y nos ponen los pies en la tierra.

Ambas autoras basan los 42 capítulos de la obra en diferentes libros certificados e investigaciones hechas por universidades prestigiosas inglesas y americanas, por tanto, su bibliografía es vasta y, además, está dividida por capítulos.

Es un libro para disfrutar un buen fin de semana lluvioso, como el pasado o bien antes de dormir.

Sus capítulos desmienten científicamente los mitos sobre la alimentación en cuanto a las dietas maravillas, la comida cruda, la influencia de los colores, el gluten entre otros.

En el capítulo de El Supermercado, comprendemos por qué nos recomiendan ir con el estómago vacío al hacer las comprar y cuáles son las estrategias que los mercadólogos aplican para que consumamos esas sabrosas golosinas o frituras.

En verdad no me había percatado que los artículos de mayor consumo o de oferta están justo frente a nuestros ojos mientras aquellos de “menor interés” se colocan abajo, tal como lo hace una cadena de supermercados de Sim con los productos orgánicos.

Los lácteos, por ejemplo, son los productos que más se consumen, por ello es que los refrigeradores están al fondo de las tiendas así, nos obligan a recorrerla toda para ver las novedades y llevarnos algunas. Lo cierto es que, una vez que tenemos un vínculo con una marca siempre vamos a recurrir a ella.

¿Por qué comes lo que comes? Explica de una manera muy sencilla el cómo comprar productos light o las barras energéticas nos hacen sentir relajados con respecto a nuestra alimentación. Condicionamos nuestro cerebro a creer que los productos “integrales” y bajos en grasas son buenos para la salud y por ello el consumirlos, aún en grandes cantidades, nos reconforta pues los medios de comunicación y nuestras estrellas de cine o televisión favoritas nos recomiendan estos productos para estar en forma.

Tenemos, indudablemente un vínculo con la comida y esto nos permite establecer los parámetros de lo que nos reconforta y aquello que nos hace sentir que estamos ganando peso pues “no es saludable”.

La manera en la que nosotros nos alimentamos durante nuestra vida está íntimamente relacionada gracias a como nuestra madre se alimentó durante el embarazo, la lactancia y nuestros primeros años de vida. Así que si su hijo come pocas cosas o tiende a querer alimentarse sólo de hamburguesas y pizza no es por la edad sino por la herencia. Concuerdo con las autoras del libro en que hay que insistir en comer x o y alimento para que sean socialmente más fáciles de alimentar, estén más nutridos y en su vida personal aprendan a ser flexibles.

En cuanto a los alimentos recompensa tenemos una explicación muy clara de porqué en algunos momentos tendemos a comer más de lo habitual según nuestro estado de ánimo o los condicionamientos, positivos y negativos, que algunos llevan a la práctica con familiares y amigos.

La alimentación forma parte del estilo de vida más si se decide hacer un cambio importante es mejor que lo hagamos informados y no por tendencia pues, recordemos que tarde o temprano el cuerpo resiente el cómo lo tratamos día a día.

 

Laus Deo

@paulanajber

 

The Author

Paula Nájera

Paula Nájera

No Comment

¡Participa!