Opinión

Cuarto concierto. Primera temporada 2018 / Orquesta Sinfónica de Aguascalientes

Hay hilos conductores muy interesantes en el cuarto programa de la primera temporada 2018 de la Orquesta Sinfónica de Aguascalientes, uno de ellos, al margen de que el principal punto de convergencia es la extraordinaria música programada, es el fundamento judío en todo este concierto. En la primera parte escuchamos dos obras en donde el violoncello es el gran protagonista, no se trata específicamente de conciertos para este instrumento, son, en todo caso poemas sinfónicos por su incuestionable sentido descriptivo con características concertantes, más o menos al estilo del Quijote de Richard Strauss, en donde sin ser un concierto para violoncello es este instrumento el que lleva la voz principal a lo largo de estas partirura.

La Primera obra que escuchamos fue el Kol Nidrei  del compositor Max Bruch y posteriormente Schelomo del suizo americano Ernesto Bloch, en ambos casos el solista fue el violonchelista Idelfonso Cedillo, principal de sección de la Orquesta Sinfónica  de Aguascalientes. En la segunda parte de este cuarto programa disfrutamos de la Sinfonía No.4, Op. 90 conocida con el nombre de Italiana del compositor Felix Mendelssohn, hijo de padres judíos conversos al cristianismo luterano algunos años antes del nacimiento del joven Jacob Ludwig Felix, no obstante esta situación, es innegable la ascendencia judía de Mendelssohn, de hecho desde su mismo nombre notamos la evidencia de la religión judía, aun siendo él un cristiano convencido, situación que se hace evidente en obras como por ejemplo, la Sinfonía de la Reforma, lógicamente inspirado en la reforma propuesta por Martín Lutero. El director para este cuarto concierto fue el titular de la Orquesta Sinfónica de Aguascalientes, el maestro José Areán.

Brillante y con un incontenible derroche de sensibilidad fue la participación del maestro Cedillo, ya había tocado anteriormente como solista con la Sinfónica antes de que se integrara como principal de la sección de cellos, si mal no recuerdo, tocó las Variaciones Rococó de Tchaikovsky, aunque ha vendió ya en un par de ocasiones, no recuerdo bien si tocó uno de los dos conciertos que Haydn tiene para este instrumento.

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Sus interpretaciones, tanto del Kol Nodrei de Bruch como de Shelomo de Ernest Bloch fueron exquisitas, profundamente sensibles, son obras con alto grado de dificultad, el lenguaje musical de ambas obras no es sencillo, no es definitivamente algo que se pueda digerir con facilidad, siempre con una muy alta exigencia, no sólo en la cuestión técnica, que debemos decir, fue irreprochable por parte del maestro Cedillo, sino que también lleva al límite la sensibilidad, exige una profundidad y una intensidad impresionantes, y eso, tú sabes, no está escrito en la partitura,  son cosas que ya dependen del intérprete y el maestro Ildefonso Cedillo respondió con talento a estas exigencias. Al final de su participación, durante el intermedio, tuve la oportunidad de charlar con él brevemente, sólo intercambiamos unas cuantas palabras, pero me agradó mucho el apoyo de sus compañeros de la Sinfónica, muchos de ellos se acercaron a saludarlo y felicitarlo por la excelente ejecución que hizo de las dos obras que le tocó interpretar.

El maestro Areán, por su parte, nos obsequió una deliciosa versión de una de las más grandes sinfonías del romanticismo musical, la Italiana de Mendelssohn, que corresponde al Op. 90 de su catálogo, es una de esas grandes joyas de las que seguramente muchos en la sala del Teatro Aguascalientes conocemos, incluso, muy probablemente tengamos en casa un par de versiones de ella, sin embargo, y quizás por ser tan conocida, se pone siempre el riego el maestro que la dirige.

Estoy convencido que el maestro Areán está dándole ese toque a la Sinfónica que la hace sonar así, es decir, que suene al maestro Areán, como también estoy convencido que de haberse quedado el maestro Iván López Reynoso, le habría dado su propio toque, su identidad.  Esto puede sonar como algo obvio, pero créeme que no es así, no siempre el director tiene ese toque en la batuta de hacer sonar una orquesta con identidad personal, porque, insisto, una cosa es hacer una lectura fiel, puntual y solvente de una partitura, y otra es hacer una verdadera interpretación de la obra que se tiene en el atril, no es exactamente lo mismo.

Este concierto estuvo tocado por una muy intensa descarga emocional, la repentina muerte del maestro Raúl Garza Paz, integrante de las flautas de la OSA y el homenaje que se le hizo previo a ejecutar lo que estaba programado, llenó de una magia especial a la orquesta y al público que casi lleno la planta baja del Teatro Aguascalientes, no sé cómo estará arriba, pero me imagino que también poblado generosamente. El maestro Areán dirigió la Variación IX Nimrod de las Variaciones Enigma de Sir Edward Elgar, obra que se interpretó la semana pasada, intensa, profunda y reflexiva. Descanse en paz el maestro Raúl Garza.

Para la próxima semana disfrutaremos de una gran concierto, iniciado con la Obertura de Ruslan y Lyudmila de Mijaíl Glinka, el Idilio de Sigfrido de Wagner y después del intermedio, la apoteosis de la danza, la Sinfonía No.7, Op.92 en la mayor de Ludwig van Beethoven, el lugar que albergará este concierto está por definirse, ya que el Teatro estará cerrado por mantenimiento y que esté listo para la ya próxima Feria de San Marcos, recordemos que es la sede del Ferial de Aguascalientes. Por ahí, no sé en donde, pero por ahí nos veremos si Dios no dispone lo contrario.

 

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Rodolfo Popoca Perches

Rodolfo Popoca Perches

1 Comment

  1. Yuria Molina Herrera
    23/02/2018 at 18:22 — Responder

    Muchisimas gracias por cubrir la nota del concierto homenaje a Raùl Garza Paz. Veo que mi correo llegò a tiempo. Gracias por las atenciones que el persoinal de la Jornada de Aguascalientes tuvo para con los amigos y colegas del Maestro Raùl Graza, quien ademàs de una interesante trayectoria a nivel internacional elevevò el nivel de la OSA y dejò un legado cultural a Mèxico y al mundo con su disciplina, estudio y amor por la mùsica.
    Yuria Molina, bailarina, actriz y colega de Raùl GarzaPaz

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