Opinión

El derecho a interpelar / Opciones y decisiones

La invocación al derecho de “parley” / parlamentar, se hace una simpática expresión en la popular saga cinematográfica del filme Piratas del Caribe. La maldición de la Perla Negra (Pirates of de Caribbean: The curse of de Black Pearl). 2003, USA. Históricamente, es atribuido a los piratas Bartholomew y Morgan, ambos exitosos piratas ingleses (Morgan de principios del XVII y Bartholomew de finales del XVII), famosos por los duros correctivos que infligieron a sus tripulaciones. El término es derivado de la palabra francesa parler (hablar), se trata de un derecho del código Pirata, que le da a cualquier individuo la oportunidad de ser llevado con el Capitán de un grupo de piratas para discutir un trato o simplemente negociar. Y claro, durante este tiempo, los piratas no pueden atacar. Formalmente es una especie de ius in bello / derecho en (estado de) guerra. Es un estratagema ingenioso y efectivo de salvar el pellejo, ante un ominoso destino manifiesto… el derecho de “parley”/ parlamentar.

Hace seis años, ya en plena campaña presidencial por el mes de mayo, nos percatábamos de la suma levedad participativa de los jóvenes, ellas y ellos, en anteriores comicios. A pesar de que venían conformando desde al menos una década atrás, el grupo de población con mayor peso relativo en la pirámide poblacional. Y es aquí, en este corte temporal, cuando súbitamente aparece lo inesperado: – las manifestaciones de repudio de un importante contingente de estudiantes de la Ibero (Universidad Iberoamericana), campus Santa Fe, al entonces candidato presidencial del PRI, Enrique Peña Nieto, quien visitaba su recinto universitario el día 11 –del citado mes de mayo-. (Nota mía: LJA. Jóvenes a la carga. Mayo 26 de 2012).

Fue a eso de las 11 horas, que se activó la red neuronal de la juventud estudiantil de México, para enviar un vertiginoso mensaje digital “urbi et orbi”, sobre la verdad de su posición política negativa hacia el poder del “establishment”/ el sistema político dominante en nuestro país. Y ocurría en contrapartida de la aparente complacencia del 4º Poder, que personificaban los medios masivos de comunicación pre-dominantes. En esa elección, la juventud mostró el rostro de su verdadera identidad electoral, a favor del cambio político en contra del statu quo impasible ante el sino de la corrupción. Ahora, ese indicativo electoral es historia consumada, en un sexenio que fenece en medio del pantano de la corrupción, la violencia focal pero intensificada, y la incertidumbre de una política económica global que apuesta a la volatilidad de los valores financieros, abiertamente en contra de los precios del salario y los anhelos populares por el pleno empleo.

Hoy, el reto de la población joven consiste en definir cuál es su demanda más sentida para hacerla valer ante los pretendientes a la toma del ejercicio del poder político de México. No hacerlo, o abstenerse, es convertir al cuerpo más robusto y potencial interlocutor político de peso, en un mero zombi, temible sí, pero torpe y robotizado en su respuesta mecánica, y estratégicamente pasiva.

Desde mi punto de vista, el punto de quiebra electoral 2018 está en este acuerdo o no de la población electora partida en dos: millenials y baby boomers; más que en el protagonismo histriónico de los candidatos contendientes, especialmente los coaligados en santas uniones tan cuestionables como oportunistas.  

Dicho lo anterior, la definición política de las y los jóvenes es bienvenida, aunque sea explosiva e irrumpa en los círculos de complacencia partidista, plantándose como potenciales electores, porque ya venía siendo ominoso ese letargo participativo y su silencio electoral, y aún más temeraria su radical indiferencia a la vida política del país.

Partiendo de este gran supuesto, en el vértice del silencio electoral que se inserta en este proceso electoral y crea un interregno hasta el inicio de las campañas formales. Se hace relevante la pregunta: ¿Con quién hablan los candidatos?

Para ensayar de responderla, me voy a referir al célebre parlamento cinematográfico de Robert de Niro en Taxi Driver (1976. Película dirigida por Martin Scorsese y escrita por Paul Schrader): –Are you talking to me? /¿Me estás hablando a mí?

Desplante tan arrogante como insolente, desafiante y cínico, irreverente, pero al fin: asertivo; puede dar la pauta para un posicionamiento de millenials y baby-boomers ante cada uno de los candidatos.

Y es que las “pre-campañas” concluidas nos han dado buena cuenta de las presunciones autorizadas o no, conscientes o no, de cada uno de los pre-candidatos nominados, prestos a ser ungidos en las próximas semanas como candidatos formales a ocupar la Presidencia de la República. El puntero, Andrés Manuel López Obrador, acaudilla la coalición Juntos Haremos Historia integrada por Morena, el Partido del Trabajo (PT) y Encuentro Social al que se sumó, presenta un autoritario desdén hacia proyectos estratégicos ganados a pulso, y de una vasta reivindicación ciudadana, como es la reforma educativa de gran calado para la población infantil y juvenil del país, o el nuevo aeropuerto de la Ciudad de México y/o el trastabillante Sistema Nacional Anticorrupción. José Antonio Meade con reivindicación de ciudadanía intocable ante el desdoro político del partido al que representa, y suma en la coalición que el Consejo Político Nacional del Partido Revolucionario Institucional (PRI) aprobó con el Partido Verde y Nueva Alianza para la elección de 2018, el cual se registró como Todos por México, sobre el controvertido “Meade ciudadano por México”, ante el Instituto Nacional Electoral (INE); asume el descrédito de “los políticos” del establishment –muy al estilo de Hillary Clinton-, a pesar de que incluye prendas personales de probada y sincera honestidad, más eficiente tecnocracia económica y financiera, aunque no del todo populares. Ricardo Anaya Cortés, líder pactado de la Coalición Por México al Frente conformada por los partidos Acción Nacional (PAN), de la Revolución Democrática (PRD) y Movimiento Ciudadano; fue “postulado por PAN, PRD y Movimiento Ciudadano, se trata de un político truculento e inescrupuloso, que tiene impreso el sello de la traición, pero también un sujeto peleado con la transparencia y la rendición de cuentas” (Proceso 2153, com.mx. Por Álvaro Delgado, 8 Febrero, 2018). Es un frentista con dotes demagógicas efectistas. Estos dos últimos disputando supuestamente el segundo lugar en las preferencias electorales, y arrogándose el crédito de ser candidatos “ciudadanos” a carta cabal. En donde, la palabra “político” es sucia y la de “ciudadano” es impoluta, pureza pura de credibilidad.

Con sobrada razón, nosotros el pueblo, los ciudadanos tenemos el derecho de interrogar con firme convicción a cada uno de ellos: Are you talking to me?/¿Me estás hablando a mí? Aunque suene subversivo y altanero.

En efecto, el corte de caja al término de las precampañas, tanto en medios masivos como en las redes sociales digitales la discursiva predominante es acerca de las dotes que se atribuyen a cada candidato, su trayectoria pública y profesional –cuando la hay-, el conocimiento de su nombre en la población electora, alguna propuesta de políticas públicas reconocibles y deseables; pero, sobre todo, su posicionamiento en las encuestas publicadas. Sobre esta base se ubica a Andrés Manuel López Obrador como el primero en las preferencias electorales, a Ricardo Anaya en segundo lugar y en un tercero acurrucado a José Antonio Meade, de quien ya se anticipa su segura derrota.

De los tres candidatos independientes, se dice que Margarita Zavala, El Bronco, gobernador con licencia de Nuevo León, Jaime Rodríguez Calderón, Kumamoto y Manuel Clouthier son algunos aspirantes que ya cumplieron con el número de firmas pedidas para obtener su candidatura, pero aún no pueden cantar victoria. La exprimera dama y El Bronco ya pasaron el umbral de firmas solicitadas: Zavala entregó 929,090 firmas y el neoleonés un millón 437,673 pero ninguno tiene las 866, 593 firmas validadas por la autoridad electoral. (Fuente: https://goo.gl/3EWbpZ ). También Armando Ríos Piter invoca el cumplimiento de la meta requerida: – de quien el Instituto Nacional Electoral (INE) informó con datos recabados al 22/01/2018, que había sumado un millón 158 mil 447 apoyos, el 133.7% de firmas exigibles, y de las ya están validadas 720 mil 833 firmas. (Fuente: El Universal. Elecciones 2018. Alcanza Ríos Piter más de un millón de firmas en 15 estados. Carina García. 22/01/2018). Candidatos de los que se comenta estar tratando de convenir en lanzar de entre ellos una sola candidatura independiente, para estar en condiciones de emparejar a los candidatos partidistas coaligados, en la próxima contienda formal.

Sin lugar a dudas, los trending topics de los multimedia fijan su atención en estas mediciones de encuestadores, lo que es perfectamente entendible y se ha impuesto como criterio de relativo valor científico-social o demológico, aunque sabemos también de sus resonados fracasos a la hora buena de contrastar las tendencias predictivas registradas con los resultados crudos de elecciones pasadas. El hecho que desde esas proyecciones estadísticas se finque la dominancia o no de ciertas preferencias electorales publicadas, pueden potencialmente influir o cargar el peso de una decisión sobre la voluntad del votante, especialmente en caso de optar por el ya famoso “voto útil”.

A diferencia de ello, yo pienso que nosotros el pueblo elector, debiéramos hacer exigible que los candidatos sean partidistas o independientes, especifiquen y se dirijan explícitamente a nuestras necesidades más sentidas, en lugar de invocar purezas o impurezas, lodos morales o inmundicias pragmáticas de unos contra otros, o la sordidez de propuestas de políticas públicas antojadizas y no científicamente planeadas.

Porque somos ciudadanos dignos de ser interlocutores de peso completo ante los suspirantes al poder, tenemos derecho a parlamentar: Are you talking to me? / ¿Me estás hablando a mí?

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Francisco Javier Chávez Santillán

Francisco Javier Chávez Santillán

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