Opinión

La comunicación ¿es salud? / Análisis de lo cotidiano

 

Desde Barcelona. Al momento de llegar nos encontramos que la crisis de la Independencia de Catalunya sigue viva. Ahora las energías se han dirigido al derecho que tienen los catalanes de expresarse en su idioma y la exigencia del Gobierno Central de obligarles a que se enseñe el castellano en todas las escuelas primarias. El asunto tiene historia. En 1936, los militares se sublevaron contra el Gobierno democrático de la Segunda República y se impuso el General Francisco Franco como jefe de gobierno, puesto que ejerció hasta su muerte cuarenta años después. Con ello comenzó un período de agitada revolución social, conocido como el nacionalsocialismo, que tendía a unificar todas las provincias españolas bajo un mismo régimen y orden social. En principio la idea no era mala, pero el sistema que se utilizó fue de gran conflicto porque se impuso mediante la dictadura. Y desde entonces el asunto no se ha arreglado. Los catalanes siguen hablando dos idiomas el catalá y el castellano, prácticamente no hay persona que no pueda expresarse en ambas lenguas, de manera que la imposición oficial es un tanto innecesaria. Solo que, al convertirla en mandato, lo que provocaron fue la respuesta de rebeldía. Hace una semana en Mallorca, el personal de Sanidad realizó una gran manifestación en la plaza de la capital Palma, se reunieron todos los trabajadores del Sector Salud para protestar porque se les quiere obligar a hablar a sus pacientes en castellano y no en catalá como suelen hacerlo. Sus lemas eran “La Salud no tiene lengua”, “El Dolor no conoce idioma” y otras similares. Y el asunto no deja de tener cierta gracia, porque resulta que en Mallorca y las otras tres Islas Baleares, se hablan indistintamente los dos idiomas, pero además la población es mayoritariamente de habitantes de otras nacionalidades. Abundan los ingleses y alemanes, al grado de que las calles y los comercios tienen nombre en inglés. Incluso en algunas poblaciones han tenido alcaldes ingleses. O sea que la protesta es más bien una exhibición de resistencia a las autoridades del gobierno central. Lo rescatable de esta anécdota es la pregunta ¿cuál es el mejor idioma para que un médico hable con su paciente?

El profesional de la salud también debe hablar varios idiomas y además debe ser un buen traductor. Es necesario que conozca el lenguaje popular, de manera que si el paciente le dice “me duele la barriguita” sepa que le está hablando de la vejiga y no del estómago. Que si el enfermo asegura que “siente armonías” no le está diciendo que se siente en equilibrio, sino que tiene comezón. Además, a la hora de explicarle la enfermedad es necesario que le traduzca el lenguaje clínico. Nada hay más insoportable que un galeno le explique un padecimiento en términos médicos, que el enfermo no comprende. Ya que ello le puede ocasionar una angustia innecesaria, además de que debe saber con claridad cual es su mal, su gravedad, su manera de solucionarlo y las posibilidades reales de alivio.

Aún en pleno siglo XXI, el médico goza de autoridad casi absoluta sobre nuestro pueblo poco informado, de manera que, si el enfermo no entiende, de seguro no preguntará y se quedará con la confusión. La comunicación es el primer paso para la salud. El estudiante de Medicina y otras profesiones de la salud deben aprender a escribir con ortografía (no hay ortografía buena y mala, simplemente se tiene o no se tiene), impecable redacción y además debe hablar con lenguaje claro, sincero, directo y sobre todo humanitario, compasivo y tranquilizador. Y las escuelas profesionales deben enseñarlo. ¿Será mucho pedir?

 

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Héctor Grijalva

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