Cultura

La delincuencia, tanto la política como la común, han dejado de lado las apariencias | Entrevista a Iván Farías, sobre Un plan perfecto

  • La novela nos hace una genealogía de la delincuencia en México en los últimos 30 o 40 años

 

¿Los ladrones de joyas y de antigüedades son diferentes a los ladrones que te asaltan a mano armada en plena calle? Puede ser. Es una pregunta que podría hablarnos de que entre los delincuentes también hay diferencias, y que existen aquellos que mantienen una especie de código moral, ético, que les impide hacerle daño a la gente o usar armas en sus atracos, por ejemplo. Personajes que suenan, que huelen a un pasado perdido, a un pasado que podríamos considerar menos violento que el que nos ha tocado vivir en la última década. Pero como nos describe el escritor Iván Farías, en su más reciente novela Un plan perfecto (Editorial Grijalbo), aún existen criminales que sueñan con retirarse sin haber herido jamás a nadie. Este es el caso del protagonista de su novela, Diego Rodríguez, el “soñado”, un peculiar ladrón de arte y joyas, que solo tiene un sueño: retirarse a una palapa junto al mar, para poner un pequeño restaurant de mariscos. Un sueño, para el cual decidirá crear lo que él considera su “plan perfecto”. Pero la verdad termina por demostrarle que no existen los planes perfectos, y que para sobrevivir al maremágnum que se le viene encima tendrá que echar mano de su experiencia, de su maestría para salir bien librado y contar con una gran dosis de buena suerte, para escapar de sus más reciente socios: un político corrupto de provincia, Danilo, un personaje inescrupuloso donde los haya, que está dispuesto a todo para llegar hasta el puesto de poder que considera digno de su ego: Danilo. Y para alcanzar esas alturas no dudará en asociarse con un traficante de diamantes, que le asegura una fortuna cuando tengan en sus manos tres diamantes llegados de Sierra Leona.

Es así como la novela logra enlazar a la criminalidad mexicana con la internacional, y es así como Diego se verá envuelto en un lío de dimensiones colosales, en los que se mezclan políticos corruptos, traficantes de armas, sicarios contratados para acabar con el que se le ponga enfrente, generando una novela intensa, en donde el ritmo crece y crece hasta generar una turbulencia que mantendrá al lector amarrado a su asiento.

Heredero de varias buenas películas del género policíaco, Un plan perfecto, traza además un mapa de la forma en la que el crimen ha cambiado en nuestro país. Antes, como nos cuentan los ladrones viejos del documental de Everardo González, que lleva ese mismo título, valía más maña que fuerza. De esa escuela desciende Diego. Pero ahora, nos encontramos con delincuentes que se saben impunes y que no les importa aplicar la violencia más extrema para alcanzar sus objetivos.

“Uno de los puntos de inicio de la novela fue una investigación que estuve realizando sobre el robo de joyas, entrevisté a un expolicía, a un ladrón de relojes, y eso me permitió darme cuenta de que si no conoces el submundo criminal que se dedica a ese tipo de robos, no es tan fácil vender después lo robado, el quid es cómo te deshaces de ella y cómo las conviertes en dinero, eso se me quedó muy grabado, porque para mí el tema de las joyas siempre me ha parecido algo muy absurdo”, comentó en entrevista Iván Farías (Ciudad de México, 1976), quien también es crítico de cine para revistas como Playboy, y que ha publicado los libros de cuentos Entropía Remix (Editorial Nitro Press) que en el año 2003 se hizo acreedor al Premio Beatriz Espejo.

Javier Moro Hernández (JMH): El protagonista de tu novela, Diego, nos recuerdan mucho a estos ladrones de vieja escuela, algo que ya tocó Everardo González en su documental de Los Ladrones viejos, es como si fueran miembros de una profesión que está desapareciendo en este país, ladrones que tenían otra forma de trabajar, algo que ya no encaja en un país tan violento como el nuestro.  

Iván Farías (IF): Esa es una de las líneas narrativas que yo quería dejar claras, pues justo en la autobiografía de Edward Bunker, La educación de un ladrón, él hace referencia a la larga tradición de robo en Europa, en Inglaterra, que podemos rastrear hasta los siglos XVII, XVIII, en donde se habla de lugares, tipo escuelas, en donde les enseñaban a robar sin que la gente se diera cuenta, a engañar, acá en México se les acabó diciendo “arpegios” a estos sujetos, y yo quería que hubiera como un punto de referencia con el persona de Diego, que tiene un código, que es suyo, que es un poco chueco, pero que le funciona, quiere robar sin violencia, pero que también responde a una cosa de ego, porque es salir avante solamente con la inteligencia, y los demás personajes ya no son así, son bastante brutos, violentos, y dos de ellos, el Juaritos y el Torreón son los más evidentes, esos son los estereotipos de violencia. 

JMH: La novela nos hace una genealogía de la delincuencia en México en los últimos 30 o 40 años, con Diego, un ladrón de la vieja escuela y estos dos matones que, como dices, representan, la violencia actual.

IF: Quería que fuera una novela en donde no hubieran inocentes, una novela en donde todos fueran culpables y que todos tuvieran algo que ver con el crimen, que no hubiera nadie que no estuviera relacionado, por eso hay gente de distintas clases sociales, hay gente de distintas partes del país y del mundo, todos están relacionados de alguna u otra manera, incluso las esposas de los personajes tienen su pasado criminal, o saben a que se dedican sus esposos, quería que quedara de manifiesto que el crimen somos todos y que no solamente existe de un solo lado, y que todos lo consecuentamos de alguna u otra manera, entonces está casi siempre de manifiesto el ladrón común, pero también está presente el ladrón político, que también echa de menos las viejas glorias del Partidazo. 

JMH: Danilo es el representante de la delincuencia política es la otra cara de la novela, porque aparece este personaje político al que no le gustaría mancharse las manos de sangre. 

IF: Es un tipo que va subiendo en la escala social, algo que yo quería mostrar, porque empieza pegando carteles políticos en las campañas políticas, y va subiendo, hasta que llega a ser diputado, pero se da cuenta de que si no se agarra a su hueso con todos sus dientes, no va a pasar nada con él, va a perder su oportunidad. 

JMH: La relación que tiene Diego con la memoria de su papá es una cuestión muy interesante, es justo la relación con el pasado, gracias a los consejos que el padre le daba para vivir, para sobrevivir en este mundo violento es justo un puente con el pasado, aunque por ahí queda la incógnita sobre sí el papá realmente existe. 

IF: De hecho, él en algún momento se pregunta eso mismo, si no se lo estará inventando todo, que a la mejor es una parte de su propia conciencia, y la verdad es algo que quise dejar abierto, porque es una manera de recordar que el mundo funcionaba de otra manera, pero eso ya no funciona así. 

JMH: Podríamos pensar que Diego y Danilo funcionan como una especie de corte histórico, sobre cómo ha cambiado el país, pero visto desde la delincuencia. 

IF: Me interesaba mostrar cómo la delincuencia, tanto la política como la común, han dejado de lado las apariencia y ya no les interesa nada, no les importa esconderse, ya lo hacen de forma tosca, violenta, cínica, es un mundo brutal porque ya no existen las reglas, y eso algo que quería dejar en claro, por ejemplo, cuando uno de los personajes muere, a Diego se le ocurre que lo deberían enterrar, lo cual es una idea humana, por decirlo así, pero al otro personaje no le importa dejarlo así, tirado, no le importa ya nada, y esos son códigos morales, un ejemplo pequeño, de cómo esos códigos se pierden. 

JMH: ¿Cómo trabajaste la construcción de estos personajes? ¿Cómo construir estos personajes oscuros, que son violentos, en mayor o menor medida?

IF: Tome como punto de partida para el personaje de Diego al “vivillo” del barrio, a esos con lo que me tope cuando viví en diferentes barrios de la Ciudad de México, a esos que siempre son amables, simpáticos, pero que sabes que tienen su lado oscuro, por ejemplo, yo viví en la Agrícola Oriental, que era amable, pero se dedicaba a robar, me acuerdo que incluso le ayudaba a mi abuela a cargar las bolsas de su mandado, entonces es buscar un referente cercano, es absurdo, pero eso pasaba, y para el político, Danilo, me basé en algún político que conocí hace muchos años, que en cuanto apenas tuvo un poco de poder empezó a decir una serie de locuras, era un personaje que me demostraba, que me hablaba sobre la locura que causa el poder, personas que ya no lo hacen por el dinero sino por el poder, pero también quería mostrar un lado simpático de los dos, porque tanto Diego como Danilo tienen la habilidad de caerle bien a la gente, tienen carisma que funciona así, y eso los hace aún más complejos y peligrosos. 

JMH: El personaje de Danilo es muy curioso, porque lo mismo puede hablar con la directora de un museo, que con el dueño de una joyería en Polanco, o con los matones que ha contratado, es un personaje multifacético, que va mostrando su peligrosidad lentamente a lo largo de la novela. 

IF: Lo peor es que así hay mucha gente, hay gente que va viendo qué cartas jugar, a qué jugadores apoyar, siempre caen parados como los gatos, yo me imagino a Danilo, si algún día regreso a ese personaje, como gobernador de su estado natal. Porque, aunque se resuelven todos los conflictos los dos personajes quedan vivos, y la verdad es que fue porque les agarre cariño a los dos, eso es muy curioso, porque de repente empezaron a vivir tanto que les tome cariño e incluso a dos personajes que son unos cabrones. 

JMH: Es una novela de personajes ¿Cómo fue el proceso de crearlos y de hacerlos crecer?

IF: Lo primero que hice fue cambiarle el tono narrativo, porque estaba en un tono serio, triste, y me di cuenta de que la gente pobre, la gente del barrio, a pesar de todo toma las cosas con otra filosofía, toman las cosas a broma, a chiste, se siguen burlando, eso fue lo primero, y poco a poco estos dos personajes empezaron a tomar notoriedad, y ellos son la columna vertebral de la novela, y luego empecé a jugar con la estructura de la novela, metiendo capítulos que explicaban un poco más la historia, pero que si los quitas no hay problema, porque la historia se entendería, pero que enriquecen más la historia de las piedras, de las joyas, que son en realidad el hilo conductor de toda la novela, ya que esos capítulos nos abren el contexto de la historia, porque nos cuentan la historia de dónde vienen esas piedras que están generando todo el conflicto, desde donde nacen hasta donde llegan. 

JMH: Esos capítulos, en donde nos cuentas la reconstrucción de la historia de los diamantes nos dan otro tono y otro ritmo narrativo, ya que el periplo que haces detiene la historia, le da un poco de pausa. 

IF: Son capítulos más duros, más crueles, cambie el tipo de puntuación y hay menos diálogos, hay más descripciones, más información, trate de que se sintiera de que rompe con la otra historia, justo eso me llevo un poco más de tiempo, me obligo a parar un poco, porque la historia de Diego y de Danilo es más vertiginosa, más en el tema de una historia de ladrones típica, pero los diamantes nos ponen en otro contexto, pero también hubo un proceso de investigación, a veces invertía varias horas del día para acabar agregando solo un párrafo de la novela, pero quería que la historia fuera muy verosímil. 

JMH: Quería aprovechar para preguntarte sobre este proceso de revitalización que está viviendo el género noir en México. 

IF: Creo que el género es como un juguete con el que puedes meterte y te da para muchas cosas, y que puede funcionar de muchas maneras, y que es un género que no le molesta a la gente, incluso se puede acercar más a él, porque es como un juego que propone el autor y cada quien lo va tomando de una forma u otra, y en ese sentido a mí me gusta mucho lo que está haciendo Hilario Peña, me gusta mucho cómo crea un detective en México con todo el folklore y todos esos juegos que hace, me gusta mucho también Paco Haghenbeck, que ubica a sus personajes en los años cuarenta y cincuenta, cada uno va tomando varias vertientes y eso lo va enriqueciendo, por ejemplo Bef lo mezcla con la ciencia ficción y con el cómic, creo que los autores se están liberando y eso provoca un acercamiento distinto al género. 


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Javier Moro Hernández

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