Opinión

La prensa como enemigo / Cinefilia con derecho

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The Crown es una serie exitosa de la firma Netflix que narra la vida de la reina Isabel II del Reino Unido, en sus dos temporadas además de contar a detalle los datos privados de su majestad, hace un recuento histórico de los hechos que marcaron las primeras décadas de su reinado. A mediados del siglo pasado, el papel de la prensa era fundamental, así que vemos con lujo de detalle las redacciones, los tirajes, reporteros al acecho de la noticia, los extras y sobretodo la influencia que pueden tener los medios de comunicación en las decisiones gubernamentales. En el capítulo cinco de la segunda temporada, llamado Marionetas, es patente esta ascendencia, pues recrea el pasaje en el cual, el director de un pequeño pasquín Lord Altrincham, hace fuertes críticas a las rancias formas que adoptaba la reina, recibidas con tan beneplácito por el pueblo, que provoca una crisis constitucional. Isabel, a pesar de lo doloroso que le resultaron, lejos de buscar mecanismos de represión o hacer caso omiso, toma la decisión de reunirse de forma secreta con el periodista, entablando un áspero diálogo que deriva en algunas sugerencias y consejos para dinamizar a la realeza, para abandonar los anticuados modismos, con resultados positivos, de tal forma que su majestad logra adaptarse a una nueva Inglaterra. Me encanta la forma en que la serie retrata a los medios de comunicación y su evolución en aquella potencia mundial.  

Hoy en día, el peso de los medios (televisión, radio, prensa y digitales) sigue siendo un pilar fundamental para consolidar las democracias, ciertamente su actuación tiene que ser la mayor de las veces incomoda, su papel no puede ser a favor del poder o como meros informadores hechos, tienen el deber de juzgar, criticar, contradecir, exponer y exhibir. El problema deviene cuando se abusa de este derecho y se llega a ofender o utilizar la influencia para fines non sanctos. El despotismo, no puede significar una impunidad, luego ¿Cómo combatir esos abusos? La moderna teoría jurídica encuentra dos momentos con consecuencias muy diversas, uno es prácticamente a la par o inmediatamente después de la emisión de la información y corresponde al derecho de réplica, tiene por objeto dar voz a agentes externos a los medios; el segundo, es a posteriori, y tiene como finalidad reparar los daños y perjuicios que se hayan causado.

El estado, reconoce la necesidad para la democracia de la crítica, misma que se materializa principalmente en la libertad de prensa, por ello, las acciones en contra de los medios se ven de igual forma limitadas, por ejemplo, en el caso de los daños y perjuicios en contra de medios de comunicación, la Suprema Corte de Justicia de la Nación los ha supeditado a un estándar de malicia efectiva, es decir, para poder exigir indemnizaciones por información falsa, se debe de acreditar además que se buscó provocar un daño, la tesis se deriva de un sonado litigio en Aguascalientes entre el exgobernador Felipe González y el semanario Tribuna Libre: LIBERTAD DE EXPRESIÓN. EL ESTÁNDAR DE MALICIA EFECTIVA REQUIERE NO SÓLO QUE LA INFORMACIÓN DIFUNDIDA HAYA SIDO FALSA, SINO QUE SE HAYA DIFUNDIDO A SABIENDAS DE SU FALSEDAD O CON LA INTENCIÓN DE DAÑAR.   

Sin embargo, en tratándose del derecho de réplica, la tendencia en México es a limitar la libertad de expresión, la última estocada se dio hace unas semanas cuando la Corte resolvió una serie de acciones de inconstitucionalidad contra la ley reglamentaria donde hace ciertas precisiones: el plazo de 5 días para ejercer el derecho de réplica es muy corto; declaró inválido que se pueda negar la réplica si la respuesta es ofensiva; tampoco podrá el medio calificar si una persona tiene o no interés jurídico; de igual forma, se eliminó la necesidad de que la información respecto de la cual se quiera ejercer un derecho de réplica, cause un daño. Básicamente la réplica se abre casi a cualquier persona, por el único hecho de haber sido mencionado en un hecho informativo. Lo anterior, desde mi personal punto de vista, sumado a la estricta reglamentación y judicialización en contra de los medios de comunicación, de facto se transforma en una ley mordaza.

En mis actividades públicas he sido objeto de difamación por medios de comunicación y calumnistas, aun cuando laceraron mi reputación y por ende causaron cierto daño a mi familia, sigo siendo un firme creyente de la importancia de la libertad de prensa y por ello ni he recurrido a la réplica y menos aún a algún procedimiento jurídico, prefiero, en esa faceta de actividades públicas, como diría don Efrén González “Aguantar callado” que poner en jaque esa idea de la prensa libre; por el bien de ese espíritu, por la importancia de los medios para la democracia, será necesario en el mediano plazo replantear los términos del derecho de réplica.

 

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