Opinión

Arriba la razón y abajo los calzones / Piel curtida

 

En teoría, Reglamentos debe procurar la integridad, salud y bienestar de la población, mas no en términos abstractos unipersonales, mucho menos de apreciación sustentados en el pensamiento religioso, y no hablo en términos eclesiásticos, sino a las pautas de pensamiento primitivas, míticas, por las cuales se establecieron tabúes, monstruos, ideas como el pecado y lo sobrenatural que aún siguen orientando las directrices de varios ámbitos de la vida en sociedad. Por ejemplo, la clausura de una fiesta masiva tendría que obedecer a la falta de medidas de prevención o actuación ante el posible desarrollo de problemas como riñas, accidentes, incendios, por mencionar algunos ejemplos. En el caso del cierre momentáneo del bar Casa Danzante, ¿cuál fue el escenario de riesgo prospectado a partir de que los asistentes estuvieran en calzones y por el cual se buscó la clausura? A través de una ruta lógica, sobre la cual debería actuar el órgano municipal, no se encuentra respuesta. ¿Hipotermia? El argumento fue “faltas a la moral y a las buenas costumbres”, pero no hay visibilidad hacia el interior, el acceso es únicamente para hombres y una bandera de arcoíris vaticina que se ingresaría a un espacio de subjetividad distinta a la heterosexual, entonces, ¿cuáles fueron las vicisitudes profetizadas que requerían de contención?

Al respecto, se puede hacer un símil con la idea de las zonas de tolerancia, como en nuestro estado, donde una práctica, aunque cuestionable desde la moralidad de quienes cuentan con mayor poder, es aceptada por ser concordante con las prácticas y visiones de mundo de su idiosincrasia, es así que tenemos un sitio donde se permite el proxenetismo y se niegan o velan delitos interrelacionadas, en vez de pasar del pensamiento religioso o mítico al científico o de la razón, el cual haría que prevaleciera el aseguramiento de la integridad de las personas que deseen ejercer el trabajo sexual de manera libre y consciente, evitando otros problemas como violencia, trata de personas, corrupción o lavado de dinero, temas abordados por voces fuertes en nuestro país como Lydia Cacho o Sanjuana Martínez.

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Más allá de la clausura de un bar, el tema debería preocupar a toda la sociedad en Aguascalientes puesto que se evidencia que las pautas de acción, al menos de Reglamentos, están sustentadas en percepciones personales, irracionales o fundamentalismos religiosos contradictorios al objetivo de protección y bienestar de los Estados modernos, a la razón, la concordia, la jurisprudencia del derecho objetivo y, aún más preocupante, sin reconocer las necesidades apremiantes para la construcción de una mejor sociedad. Y es que el punto del debate no radica en permitir que andemos en calzones en centros de entretenimiento, sino reconocer realidades en nuestro entorno que obedecen a carencias y violencias que deberían ir desdibujándose como señal de un desarrollo integral significativo en nuestra comunidad.

Imagínese que yo fuera kósher, que hubiese una amplia parte de la población que fuese judía y, asumiendo el poder de una administración pública, clausurara los establecimientos que no aseguren el sacrificio pertinente para la producción y consumo de alimentos de origen animal, o cuyos menús no eviten la mezcla entre carnes, leche y harinas. Como titular de un área del estado podría refugiarme en el cobarde término de buenas costumbres y la moralidad, pero ¿sería lo correcto? Por supuesto que esto parece muy extremo, pero las ideas hipotéticas extremas permiten justamente reconocer la diferencia y la desigualdad cuando uno se encuentra distante de ciertos espacios de vulnerabilidad. Tan sólo piense que un bar en un Estado musulmán pero inserto en nuestra economía competitiva que realizará una noche temática sin burkas, pero sí usando hijabs, es decir, un velo corto en vez de toda la túnica que cubre de pies a cabeza a las mujeres. En este ejemplo, si el Estado estuviera bajo el mando de fundamentalistas, también podrían argumentar faltas a la moral e incluso exigir sanciones penales para las mujeres.

El bar Casa Danzante fue clausurado, al menos momentáneamente. El tema está en la mesa y hasta fue retomado por varios medios nacionales e internacionales con público latino. La razón se debe al concepto inconsistente y rezagado de moralidad como término a modo para criminalizar subjetividades y expresiones culturales distintas a las propias de los centros de poder. Más allá de la discusión filosófica del término, la misma pragmática y la lógica puede brindarnos luz sobre la incongruencia y lo insulso de que, aún en el siglo XXI, un grupo siga respaldando su nocivo actuar.

El evento era en un bar, al cual sólo tienen acceso personas adultas y, por otra parte, únicamente permite el acceso a hombres. Aun pasando frente a la puerta de la casona, no se tiene visibilidad hacia el interior. ¿El que los asistentes usaran sólo ropa interior atenta a la moral?, ¿de quién y bajo qué esquemas de pensamiento? En las playas son comunes las fiestas en centros nocturnos donde los visitantes sólo usan bañador; en ciudades cosmopolitas, con un mayor desarrollo social y económico, existen bathhouses (casas de baño) y antros donde la atracción es la posibilidad de disfrutar de piscinas, jacuzzis o tinas de hidromasaje junto con bebidas y música, lo cual no significa mayor problema que ofrecer el servicio de guardarropa. Pero volvamos al contexto local, ¿era necesario un permiso especial?, ¿para cuántas pasarelas de ropa interior o trajes de baño se exige la anuencia del Ayuntamiento? La razón es la diferencia y los imaginarios negativos en torno a las personas que rompen con las pautas de la heterosexualidad, aunque sea sólo en algunas ocasiones o por algunas noches.

En este sentido, también vale la pena considerar que la esencia de dicho bar se sustenta en ser un lugar para hombres, en particular osos, un grupo identitario con aspectos culturales particulares que han sido apropiados por los mismos, un establecimiento discreto pero festivo, permitiendo a varios disfrutar de la noche, incluso si cuentan con algún tipo de compromiso que es más aceptado por la sociedad, evitando las miradas de conocidos y, algunos, del ojo público, descansando el peso de su investidura. ¿Será acaso que la realización de un evento tan llamativo para el historial de Aguascalientes, que capturara la atención de un mayor público y la idea de la posibilidad de flexibilizar el acceso a sus instalaciones rompió la tranquilidad de algún cliente esporádico? Hipótesis que merece mención ya que la existencia de este centro nocturno en particular obedece a una necesidad que se gesta en lo social.

En un entorno, donde en reiteradas ocasiones se pone de manifiesto la permisividad e incluso el apoyo a un esquema de convivencia en el cual son segregadas, discriminadas y hasta violentadas las personas de un grupo en particular, se desarrolla la llamada resistencia, interacciones y espacios contestatarios a flote, en busca de formas alternativas de experimentar, de vivir, confluir y divertirse como el resto de las personas. La presencia y persistencia del bar Casa Danzante es resultado de un lugar que da cabida a hombres que buscan un espacio distinto a los mix club, preservando la discreción y brindando así mayor libertad a diversos clientes, pero sin ser objeto de aislamiento, sin terminar a las orillas de la ciudad.

Finalmente estamos en un periodo electoral y la mayoría de los candidatos y partidos están apostando por la carta de la familia nuclear y el conservadurismo, a lo mucho con la ambigüedad, lo cual es resultado de la movilización de diferentes grupos conservadores, quienes gracias a una coordinación política, sus relaciones o presencia en partidos, así como su capital, lo cual les ha permitido desplazarse y mostrar músculo en diferentes ciudades, amenazando el reconocimiento de derechos pero, será entonces, que la sociedad sólo obtendrá lo que alcanzan a vislumbrar quienes obtienen el poder?, si es así, seguiríamos con esos esquemas vetustos y no habríamos pasado de la lámpara de petróleo. Depende de nosotros, de permitirnos la reflexión, el reconocer lo que perdemos por viejos esquemas de pensamiento.

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Juan Luis Montoya Acevez

Juan Luis Montoya Acevez

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