Opinión

La sopa y la energía social / Opciones y decisiones

En tanto que los partidos políticos y sus candidatos procedan, en el mejor de los casos, a ruminar/rumiar en silencio electoral la definición de sus políticas públicas rectoras de planes y programas de desarrollo a urdir durante las campañas oficiales; nosotros los ciudadanos deberíamos estar fermentando nuestra sopa primordial de opciones para obtener el extracto nutricional del país que queremos; y hacerlo plantándoles cara bien asertiva.

No es tiempo de selfies con los candidatos preferentes, o de lamerse las heridas causadas por la rebatinga de candidaturas a jugosos puestos ya sea de representación popular o de expoliación del botín de guerra -a la más pura usanza bucanera-, ni de arrastrarse los unos a los otros hacia el fondo de la cubeta como cangrejos ansiosos de trepar. Es tiempo de discernir, ya no entre costuras, sino sobre qué perfil de candidato e ideas políticas convienen para el México que debiéramos construir y que ya está a la vuelta de la esquina.

Quiero hacer notar esta narrativa relatada en una consecución compuesta en simultaneidad de tiempos y en modo subjuntivo, para salir de las líneas simplistas de construcciones directas, ilativas que no consecutivas, en tiempos presentes y en modo indicativo; que son las más comunes y corrientes y también las chatas, obtusas y más bobas… “son fifi’s”, “son ñoños”; “es autoritario”, “es oportunista”, “no es ni priista ni ciudadano”, “son políticos tránsfuga, no independientes”, etc., etc. Esto y el modo “apache” de hablar español es lo mismo: “yo querer”, “yo decir”, al más puro estilo de Toro y el Llanero Solitario.

Ruminar (en Portuñol), para los partidos y fermentar para los ciudadanos, significa -por un lado- activar los tres estómagos: panza, libro y cuajar (que en términos cerebrales equivalen a reptiliano, límbico y neocortex); y por otro lado, para los ciudadanos, meter en ebullición los elementos más útiles y preciosos que nos permitan obtener un extracto puro y nutricio, en beneficio del país que queremos fortalecido, vital y desarrollado.

Veamos si no, esta alternativa tenga sentido, a contracorriente del tremendo mitote electoral en que se nos quiere enfrascar; brincando todos al mismo ritmo monótono de cientos de millones de spots –tan indeseables como libidinosamente costos para las arcas públicas-, amén de inútiles, en un país de más de 50 millones de pobres y 130 millones temblando de miedo ante la violencia irrefrenada, la obscena impunidad y la execrable corrupción tanto de lo público como de lo privado.

En condiciones así, la reacción del cerebro reptiliano se traduce en conductas simples e impulsivas, parecidas a rituales que siempre se repiten del mismo modo, dependiendo de los estados fisiológicos del organismo: miedo, hambre, enfado, etc. Puede entenderse como una parte del sistema nervioso que se limita a ejecutar códigos programados genéticamente cuando se dan las condiciones adecuadas. (Ver: Paul MacLean. Neurociencias. ​El modelo de los 3 cerebros: reptiliano, límbico y neocórtex. Los tres tipos de cerebro según MacLean: ¿cuál es la función de cada uno de ellos?, por Adrián Triglia /https://goo.gl/uXJttd)

Su activación es la más básica de sobrevivencia, atacar o huir. No podemos caer en el acomodaticio conformismo de tolerar “debates” en la plaza pública, de excitados políticos reptilianos, que vociferan la muerte del contrario y enderezan puños en señal de triunfo; los orangutanes hacen lo propio y lo hacen bien.

Queremos escuchar debates de ideas, de estrategias políticas de Estado, que para los ignaros de la política debiera ser exigible como un sine qua non para acceder a su pretendida injerencia en la Re-Pública. Y no que nos restrieguen a la postre en las narices sus Lamborghini’s, sus BMW’s, sus Ferrari’s, sus Camaro’s, sus departamentos en las bahías de California o en las rivieras de Miami; o sus vastos ranchos en las verdes planicies o nudos montañosos de la orografía nacional.

Tampoco bastan los de cerebro límbico. Que se caracterizan por aprender a propiciar las condiciones del entorno que causan placer y a neutralizar aquellas que provocan dolor. Si una conducta produce emociones agradables, tenderemos a repetirla o a intentar cambiar nuestro entorno para que se produzca de nuevo, mientras que si produce dolor recordaremos esa experiencia y evitaremos tener que experimentarla otra vez. Así pues, este componente tendría un papel fundamental en procesos como el condicionamiento clásico o el condicionamiento operante. (Opus cit., El modelo de…, ibídem). Se trata de los personajes que esgrimen su capacidad para crear condiciones de éxito y pujanza y, en camino, dicen saber cómo evitar males. Esto que ya es un avance, pero no basta para construir el país que urgentemente necesitamos y queremos. Esa es precisamente la indulgencia con que actúa un adolescente, propicia lo que le es placentero y evita lo que les molesto o doloroso; pero no crea ni más bienestar, ni mejores condiciones de vida a los de su entorno. Al sujeto le es funcional, pero a los socios de su entorno les resulta improductivo.

El verdadero fermento que estamos llamados a realizar todos los ciudadanos es el que proviene de la forma superior de actuar, esa que es propiamente humana, y corresponde al actuar haciendo recurso a la neocorteza, que puede considerarse la sede de la racionalidad en nuestro sistema nervioso, ya que nos permite la aparición del pensamiento sistemático y lógico, que existe independientemente de las emociones y de las conductas programadas por nuestra genética (O.c., ídem). Lo que equivale a decir que renunciar a hacer uso de nuestro neurocortex es renunciar a nuestra posibilidad de libertad. Hay que pensar, hay que “cranear” como dice la voz popular. Tenemos el derecho al primer imperativo categórico de nuestro ser personas: -¡Sé inteligente! Los otros dos imperativos que le siguen son: -¡Sé crítico/juicioso! Y ¡Sé raciocinante! Que implica la empatía y, finalmente, la responsabilidad.

El extracto de nuestro de nuestra fermentación -ruminante- implica el recurso a la capacidad para aprender todos los matices de la realidad y de trazar los planes y las estrategias más complicadas y originales. Si el complejo reptiliano se basaba en la repetición de procesos totalmente por la propia biología, la neocorteza sería permeable a todo tipo de sutilezas provenientes del entorno y del análisis de nuestros propios actos. Eh ahí el reto de elaborar nuestra sopa primordial para crear el país robusto, saludable y de pleno funcionamiento que anhelamos, y al que tenemos derecho.

Como puedes ver, amable lector-a, sí hace falta que la narrativa que emitamos sea en una cadena comunicativa de consecución compuesta en simultaneidad de tiempos y en modo subjuntivo. Una enunciación que pudiéramos rescatar de nuestro aprendizaje en la Enseñanza Básica (Primaria-Secundaria) y debiéramos estar perfeccionando durante la Preparatoria. Por lo que no se vale ni pereza mental, o una actitud Ni’-Ni’, para desembarazarse. Tampoco se vale invocar lo nocivo de las campañas mediáticas que aturden e insensibilizan, al final, a los oyentes. Hay que colgarse el delantal y acometer la empresa personal y comunitaria de elaborar nuestra sopa primordial societaria, de opciones inteligentes, fabricando con ello el extracto de nuestra más pura y sapiente fermentación.

Sin olvidar, desde luego, la caballerosa pero viril actitud de plantarles cara a cada candidato. Sí, con aplomo, con asertividad (que no se confunde con la agresión, pero que sí acredita la afirmación personal). Ah! Y no olvidar nuestro lema ciudadano básico, del que hablamos en la entrega anterior: Are you talking to me? / ¿Me estás hablando a mí?

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Francisco Javier Chávez Santillán

Francisco Javier Chávez Santillán

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