Opinión

Los otros sanvalentines / Análisis de lo cotidiano

La matanza de estudiantes y maestros en el Día del Amor y la Amistad en una escuela secundaria en Parkland, Florida, en Estados Unidos, es una noticia de impacto mundial. El hecho resulta insólito, cruel e inexplicable, particularmente cuando en los noticieros que vemos en casa en la comodidad de nuestra sala, observamos el tiroteo, las víctimas, las declaraciones del gobernador de Florida quien dice que un evento como éste no debe repetirse, pero no habla ni una sola palabra sobre la prohibición de la venta libre de armas. Asimismo, mientras tomamos café podemos escuchar (y nuestros niños también) al presidente Trump pidiendo oraciones por los fallecidos, pero tampoco menciona el control de armas. Y por si nos hiciera falta algo, vemos al asesino presentarse ante la primera juez ya debidamente acompañado de su abogada defensora, declarando con toda frialdad como cometió los asesinatos. Una situación evidentemente dramática, pero no nueva. Las masacres de estudiantes en escuelas de los Estado Unidos comenzaron cuando iniciaba el país, en 1764. Unos indios mataron al maestro y niños estudiantes de una escuela colonial en Pennsylvania. Y desde entonces no se han detenido, la del pasado miércoles fue la número 51 en la historia del vecino país. Las últimas tres han ocurrido durante el gobierno del presidente Trump. Muchos creímos ver una luz de esperanza cuando la Academia de Artes y Ciencias Cinematográficas otorgó en 2002 el Oscar a la Mejor Película Documental a Bowling for Columbine de Michael Moore en la que se describía de una manera clara y contundente la razón por la cual ocurrió la matanza de la secundaria de esa ciudad y de muchas otras, así como el desmedido comercio de armas a cualquier ciudadano, las escuelas de tiro para niños y la enorme facilidad que tiene cualquier persona para acumular y la consecuencia final, que el pueblo estadounidense vive en constante miedo a ser atacado por alguien, quien quiera que sea. Ese miedo les ha llevado a ser un país guerrero e invasor. Nada sucedió con el documental. Se le aplaudió, se le premió y quedó en el olvido. Y ahí está la prueba, el asesinato múltiple de Columbine ocurrió en 1999 (hace 19 años) y la enfermedad social sigue sin detenerse. El chico asesino de este año, cometió su crimen imitando la Masacre de San Valentín realizada el 14 de febrero de 1929 (hace 89 años) en Chicago por órdenes de Al Capone. Sus esbirros utilizaron la ametralladora Thompson que era la más moderna y estaba prohibida para civiles. El muchacho de Florida utilizó un AK (Automat Kalashnikov) que es una copia barata del AK 47 y también está prohibida para su venta a no militares. ¿Y todo esto que tiene que ver con nosotros? Ya lo dice el viejo y conocido refrán de nuestros abuelos “…Cuando veas las barbas de tu vecino cortar, pon las tuyas a remojar…” Les está ocurriendo a nuestros vecinos. ¿No será tiempo de que hagamos algo? Ya hemos tenido casos, no debemos esperar a que sigan ocurriendo. La solución está al alcance de nuestras manos, Salud Mental intensiva en los colegios, para padres, maestros y alumnos. En ese orden de prioridad. En la Dirección de Salud Mental ya iniciamos en estrecha colaboración con el Instituto de Educación. Ahora falta que hagan lo mismo las escuelas particulares, escuelas de deportes y todo tipo de centros educativos. En las escuelas ya se realizan brigadas de vacunaciones, de orientación sobre al aseo dental, se retarda el ingreso a clases en tiempos fríos, se orienta a que consuman alimentos sanos, se combate la obesidad y muchas alteraciones más, lo cual está muy bien. Sólo nos estaba faltando la Salud Mental y ya la estamos procurando.

 

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Héctor Grijalva

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