Opinión

Loving Vincent / Café Fausto

Hace un par de meses de pronto ahí estaba, haciendo fila para tomarme una fotografía dentro de una recreación de la obra La recamara de Van Gogh en Arles, la pintura al óleo realizada por Vincent Van Gogh en 1889. Después de esperar unos minutos pude sentarme en la silla del fondo de la habitación azul creada a modo de escenografía como un atractivo dentro de la exposición “Rojo Mexicano. La grana cochinilla en el arte” llevada a cabo en el Museo del Palacio de Bellas Artes en la Ciudad de México. Por supuesto en esa muestra se exhibió ese óleo original del pintor neerlandés. Observar su trazo, sus colores, su textura, su sentido de la perspectiva, así como la atmósfera lograda por el pintor en esa obra, fue un privilegio. Luego del recorrido por la exposición ya posaba entre divertido y emocionado dentro de esa falsa habitación que honestamente me dio la oportunidad de imaginarme por un instante dentro de esa obra.

Esa intensa emoción de encontrarme con la obra de Van Gogh pude volver a sentirla al ver en esta semana en una función del Cine Foro de la Universidad de Guadalajara la cinta animada Loving Vincent (con su título en español de Cartas de Van Gogh), dirigida por Dorota Kobiela y Hugh Welchman, en una producción polaca protagonizada por Douglas Booth, Chris O’Dowd y Saoirse Ronan entre otros.

Este filme estrenado el año pasado y que ya está nominada al Óscar en la categoría de Mejor película animada es un extraordinario viaje a través de la obra de Van Gogh, esto gracias a que ahí la historia se desarrolla utilizando como escenario y personajes a los lugares que pintó y a personas que retrató.

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Esta cinta es sin duda una obra de arte. Es el resultado de un arduo y cuidadoso trabajo de un centenar de artistas visuales originarios de varios países quienes elaboraron más de 65 mil fotogramas pintados a mano reproduciendo el estilo y la atmósfera de la obra de Van Gogh.

La película lleva al espectador a los últimos días antes del suicidio del artista narrado a partir de que Armand Roulin hijo del cartero Joseph, quien fue amigo del pintor, es enviado por su padre a entregar una carta del recientemente fallecido Vincent a su hermano Theo. A partir de la búsqueda del destinatario, vemos cómo Armand indaga la causa de la muerte de Vincent en una investigación casi policiaca. Más que por la historia, la cinta me atrapó por su propuesta visual que es en sí conmovedora.

Mientras veía la cinta, mi memoria me llevó a reencontrarme con el libro Cartas desde la locura que leí hace unos veintisiete años en el que se muestra la correspondencia que sostuvieron el artista y su hermano. El libro que leí entonces, era una edición de Premia, perteneciente a esa casi legendaria colección “La nave de los locos” que tenía en sus páginas los dibujos que Van Gogh incluyó dentro de las misivas originales. En ese texto podemos sentir la profunda angustia por su pobreza y las tormentas internas del pintor narradas en su propia voz.

“Llegará un día, sin embargo, en que se verá que esto vale más que el precio que nos cuestan el color y mi vida, en verdad muy pobre”, expresa Vincent en una de sus cartas.

Así en esta cinta, las imágenes de la obra de Van Gogh animada en la pantalla grande, también me recordó la acertada descripción de algunos lugares en los que se desarrolló su vida escrita por el poeta Marco Antonio Campos en su libro Las ciudades de los desdichados. Dentro del libro, su texto “Van Gogh en la región de Arles” es una bella crónica de viaje en la que el autor nos transporta a esos sitios y por momentos es como si entráramos en algunos de los cuadros más representativos de Van Gogh.

“El cielo va volviéndose oscuro. El vuelo de las golondrinas es vertiginoso y su grito es ya un prolongado y nervioso chillido. Se preparan para decir adiós al día. Las estrellas titilan en el cielo azul y noche. La ciudad está encendida de azul y violeta. Una pareja vestida de negro cruza el pequeño embarcadero. Se alcanza a ver parte de una barca. Lejos se distinguen las verticales líneas aguzadas de torres y campanarios.

Me detengo. Con una curiosidad que se vuelve asombro, miro a un lado de la plaza Lamartine, en el muelle, a un pintor con sombrero amarillo, de barba y cabello rojos, quien mira hacia el Ródano y las riberas del Ródano y pinta la noche estrellada”, describe Campos con un profundo sentido poético.

Salí de la sala de cine todavía con la luz de la tarde. Sin embargo, de alguna manera en mis ojos andaba todavía el torbellino visual de la mirada que Van Gogh dejó sobre la realidad dentro de sus cuadros. Sin duda, esta película nos da la oportunidad revisitar al pintor y a sus creaciones, de comprenderlo a partir de cómo se veía a sí mismo y de cómo nos mira todavía desde su obra.

Refill: A propósito de Marco Antonio Campos, celebro que el pasado jueves 15 de febrero a las 20:30 horas se llevó a cabo en el Museo Escárcega el recital poético “Dos poetas de tierra adentro” en el que leyeron algunos de sus poemas Campos y Eudoro Fonseca Yerena, dos excelentes poetas y amigos. Felicito la iniciativa del Museo al realizar este tipo de actividades como esta en la que los asistentes pudieron disfrutar de la obra leída por sus autores.

Aprovecho también para reconocer el acierto de que en el marco del treinta aniversario del Pabellón Antonio Acevedo Escobedo de la Casa de la Cultura se hagan varias actividades en ese lugar para recuperar la memoria de lo ahí realizado a través de todos estos años y recordar la importancia del acervo bibliográfico que se resguarda en ese recinto.

 

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Fabián Muñoz

Fabián Muñoz

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