Opinión

Merecidas trece nominaciones / Yerbamala

 

Tras recibir premios como el León de Oro del festival de Venecia o el Globo de Oro al mejor director, La Forma del Agua se estrenó en México recientemente. Ya en anterior entrega de Yerbamala anticipábamos la muy posible “oscarización” de la más reciente película de Guillermo del Toro (Guadalajara, 1964), pero no podíamos anticipar que rompería el récord de nominaciones para una película dirigida y escrita por un mexicano y casi el récord de nominaciones para cualquier película.

Con esas dichas nominaciones, del Toro supera a Alejandro González Iñárritu, quien el año pasado obtuvo doce nominaciones por su película El Renacido (The Revenant), ganando al final el Oscar al Mejor Director y convirtiéndose así en el primer mexicano y el tercer cineasta en ganar dos premios Oscar de manera consecutiva, aunque al final, de las doce nominaciones solo ganó cuatro (Mejor Director, Mejor Guion, Mejor Fotografía y Mejor Película).

Sin duda que hay muchas razones que explican este inédito y muy merecido éxito de La Forma del Agua. A continuación algunas de ellas: para empezar, el cine de género, en este caso el cine fantástico, está atravesando una etapa de renovado prestigio tanto de crítica como de público. La Forma del Agua es una película congruente, donde su creador disfruta con su propia concepción de un filme “pasado de moda”. La ingenua historia de amor que propone, el “obsoleto” y nada irónico mensaje acerca de la belleza interior y el empleo de un monstruo para hablar de un ser de horrible aspecto pero admirable corazón. Todo parece proceder de una película del Hollywood clásico, como si el director estuviese trabajando con un guion viejo, más que rodando uno nuevo y propio.

Pero la cinta no es sólo una película de amor, sino que toca un tema más complejo: la sociedad. Y en ella podemos ver las ideas del director en torno a la eterna lucha de poder, la discriminación y otros aspectos de la condición humana.

Pero no se trata solo de clasicismo de espíritu: la película rebosa guiños explícitos a clásicos mayores y menores, en una mezcolanza iconoclasta y desprejuiciada muy personal. La más evidente es al Monstruo de la Laguna Negra (Creature from the Black Lagoon) de Jack Arnold en 1954, misma en donde está la base del planteamiento de La Forma del Agua y que por momentos pareciera funcionar como una suerte de secuela en clave de “¿Y si…?”. “¿Y si la criatura de la Laguna Negra y Julia Adams hubieran acabado juntos?”. Tanto así que en un momento dado, se dice en La Forma del Agua que el monstruo ha sido capturado en un río de Sudamérica,  espacio donde transcurría la vieja película de Arnold.

El director sostiene que La Forma del Agua es una declaración de amor al cine, y por eso los protagonistas viven, literalmente, sobre una sala de cine, al estilo de Tarantino en  Bastardos Sin Gloria (Ingloriuos Bastards), lo que canaliza en esa devoción cinéfila del narrador y del relato para sus fuentes de inspiración.

Además de la belleza interior, La Forma del Agua incide en una serie de temas gracias a su ambientación: Estados Unidos, años sesenta, tiempos propicios para hacer guiños a la ciencia-ficción, pero también para plantear metáforas sobre las graves desigualdades sociales con el telón de fondo de la Guerra Fría. Así, la película consigue elaborar un subtexto crítico muy digerible (y por tanto, muy oscarizable) en el que se tocan temas tan actuales como el acoso sexual en el trabajo, la discriminación de las minorías, la homofobia o el racismo. Pero la película es también técnicamente impecable pero sin excesos ni exhibicionismos, pues no hace un uso especialmente estridente de los efectos especiales.

Pero Guillermo del Toro ahora es un director aclamado no solo por haber ejecutado con fortuna diversas historias fantásticas o de terror, sino por haber permanecido fiel a una concepción del cine fantástico muy personal. Por eso, pese a ocasionales tropiezos y a películas que son recibidas de forma desigual, como sucedió con La Cumbre Escarlata (Crimson Peak) de 2015, una cosa no se le puede negar: su visión y su apuesta por un cine propio, siempre jugándosela y arriesgando al máximo. Con La Forma del Agua, del Toro no sólo nos regala una clásica historia de amor, sino también un inteligente discurso de la condición humana y de la eterna lucha por el poder.

Así que en realidad, todas las razones expuestas se sintetizan fácilmente: La Forma del Agua es una película simplemente estupenda. Con esta historia de una mujer que trabaja limpiando en las instalaciones subterráneas de un laberinto gubernamental secreto y que se enamora de una criatura anfibia presa allí, del Toro hizo su mejor película hasta ahora. Por todo ello es factible decir que La Forma del Agua ganará varios premios Oscar de las 13 nominaciones obtenidas.

 

Post Scriptum. Guillermo del Toro acaba de recibir también el premio del sindicato de directores de Hollywood por La Forma del Agua. Trece de los últimos 14 premiados han ganado después el Oscar al mejor Director. Seguramente que ésta no será la excepción.

 

@efpasillas

 

 


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Enrique F. Pasillas

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