Opinión

Música de cámara / El banquete de los pordioseros

 

La semana pasada asistí a un concierto de música de cámara, el Cuarteto de Cuerdas José White, ensamble musical de Aguascalientes, ofreció un concierto en la sala López Velarde del Centro Cultural Universitario con el fin de clausurar el Curso Intensivo para Cuarteto de Cuerdas que inició el domingo 21 de enero y concluyó el sábado 27 del mismo mes.

Ya el hecho de que sea el Cuarteto White es un motivo suficiente para asistir al concierto, pero si a eso le agregamos el programa, pues evidentemente no había una sola razón inteligente para no acudir, se trata del Quinteto en do mayor D. 956 (Op. Póstumo 163) de Franz Schubert, estamos hablando de una de las grandes catedrales del muy extenso, casi inagotable repertorio de la música de cámara.

Bien, antes de entrar en materia y dedicarnos a esta exquisitez musical que es justamente la música de cámara, me gustaría hacer unos cuantos apuntes al concierto ofrecido por el Cuarteto José White. Lógicamente, para tocar esta obra maestra se necesita la participación de un violoncello extra que en este caso fue ejecutado por la maestra Katie Schlakjer, deliciosa la versión que escuchamos en este concierto, especialmente el adagio, el segundo movimiento, con una sensibilidad y una profundidad que difícilmente se podría explicar verbalmente, la elocuencia musical supera por mucho cualquier intento de explicación. Disfruté inmensamente el concierto. Recuerdo, si la memoria no me traiciona, lo cual sucede con mucha frecuencia, que este mismo quinteto con violoncello de Schubert lo tocó el Cuarteto White en el concierto de clausura de la primera edición del festival de Música de Cámara de Aguascalientes con la participación del violonchelista de ascendencia peruana, extraordinario, por cierto, Jesús Castro Balbi.

No quiero dejar pasar la oportunidad de felicitar al cuarteto de cuerdas José White y a la cellista Katie Schlaikjer por esta deliciosa ejecución de una obra que es referente obligado en el repertorio de la música de cámara.

Y ya entrando en materia, que es justamente este lenguaje musical diseñado para pequeños ensambles instrumentales llamado justamente así, música de cámara, la intención de este banquete es proponerte mi punto de vista acerca de algunas de mis obras favoritas en este contexto musical, no me atrevería jamás a decir que son las mejores obras, sería un ingenuo si así lo pretendiera, simplemente mis favoritas, al menos de lo que yo conozco, el repertorio es tan extraordinariamente extenso que me parece casi imposible abarcarlo todo, así que hecha esta aclaración, te presento mi propuesta.

Evidentemente creo necesario incluir este quinteto de Franz Schubert, el Quinteto con violoncello en do mayor, probablemente cuando el compositor creó esta obra maestra no se imaginó que estaba escribiendo una de las obras de música de cámara más grandes en la siempre inconclusa historia de la música.

De este mismo compositor austríaco creo necesario citar el Quinteto para piano y cuerdas en la mayor D.667 La trucha con opus póstumo 114. También de Schubert me parece imprescindible incluir el Octeto en fa mayor D.803, muy parecido al septeto de Beethoven, seguramente Schubert tomó como modelo esta obra del genio de Bonn, que por cierto, tanto admiraba.

Y ya que hablamos de Beethoven, si bien su quinteto en mi bemol mayor, Op. 16 para piano e instrumentos de viento, el sexteto, también en mi bemol mayor Op. 81b para instrumentos de aliento y el Septeto en mi bemol mayor, OP. 20, sobre todo esta última obra, son verdaderas joyas de la música de cámara, no hay duda de que sus últimos seis cuartetos de cuerdas representan, quizás, la cumbre más alta de la música, me estoy refiriendo a los cuartetos que van del Op. 127 al Op. 135, todos estos cuartetos escritos en un lapso de tiempo muy breve, de 1825 a 1826, es decir, poco antes de morir, recordemos que él falleció el 26 de marzo de 1827. De estos seis últimos cuartetos que son una verdadera genialidad en el sentido más estricto del término, el Cuarteto Op. 133 y que conocemos como la Grosse Fugue o la Gran Fuga, es una obra en un solo movimiento y de la cual hay también una versión para piano a cuatro manos y que corresponde al opus 134, de hecho este cuarteto era originalmente el movimiento final del Op.130.

El escritor ruso Leon Tolstoy en su ensayo ¿Qué es el arte?, cuestiona muchas de las obras que consideramos como verdaderas obras maestras, pero no así para el punto de vista de Tolstoy que tiene sus razones para dudar de este criterio común, sin embargo, considera los últimos seis cuartetos de cuerdas de Beethoven como la cumbre del pensamiento musical en toda la historia de la música, por supuesto que el punto de vista de Tolstoy puede y debe cuestionarse, no en cuanto a señalar la grandeza de las últimas obras de Beethoven, en todo caso, en descalificar otras partituras de incuestionable valor estético y artístico, pero en fin, eso ya es otra cosa.

Para concluir quiero también señalar dentro de mis obras de música de cámara favoritas el Cuarteto para el fin de los tiempos de Oliver Messiaen para clarinete, violín, violoncello y piano, es una obra complicada con una duración aproximada de 50 minutos.

Es difícil, pero creo que no puedo dejar de mencionar el Cuarteto Americano de Antonin Dvorak, los cuartetos La Caza, el No.17 de Mozart y el Emperador de Haydn, son dos verdaderos portentos de la música de cámara…, en fin, creo que me metí en camisa de once varas, pero bueno, sin duda tú tendrás una mejor opinión.

 

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Rodolfo Popoca Perches

Rodolfo Popoca Perches

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