Opinión

Nuestras mujeres en el siglo XXI / Análisis de lo cotidiano

El voto femenino fue “…Concedido…” a las mujeres mexicanas el 12 de febrero de 1947, hace 71 años (algunas fuentes dicen que fue el día 17). Y fue un generoso donativo del presidente Miguel Alemán quien promovió que el Congreso emitiera el Artículo 115 que daba a las mujeres derecho a votar, pero solo en caso de presidencias municipales. Anteriormente el presidente Lázaro Cárdenas había presentado la iniciativa de ley que favorecía que las mujeres votaran si estaban casadas a los 18 años o a los 21 si eran solteras. Además, solo si tenían un modo honesto de vivir. Solo que las cámaras la rechazaron aludiendo que el voto femenino podría estar influido por los curas. Fue hasta 1953 cuando el presidente Adolfo Ruiz Cortines lanzó su iniciativa que fue aprobada y las mujeres pudieron votar en el ámbito nacional. Solo que la primera vez que lo hicieron fue hasta 1955 para elegir diputados federales. Esto colocó a México como uno de los países que más tardaron en permitir el voto femenino. Mucho antes lo habían hecho los australianos, ingleses, norteamericanos, e incluso algunos latinoamericanos como Chile y Argentina. Por cierto que la Constitución de 1917, de la que se cumplió el centenario el año pasado, negó el voto a las mujeres aduciendo que: “…las mujeres no sienten la necesidad de participar en los asuntos públicos, como lo demuestra la falta de todo movimiento colectivo en este sentido”. El argumento más fuerte era a favor de la protección de la integridad de la familia, expresando lo siguiente: “El hecho de que algunas mujeres excepcionales tengan las condiciones para ejercer satisfactoriamente los derechos políticos no funda la conclusión de que éstos deban concederse a la mujer como clase. La dificultad de hacer la selección autoriza la negativa…”.

Además, hubo un argumento que ese tiempo resultó imbatible, la misma Constitución decía que podían votar los ciudadanos, y como estaba en masculino, pues no se permitió que votaran las ciudadanas. Tal vez por eso es que ahora algunos sectores insisten en el abuso de las palabras expresadas en términos genéricos. Pero bueno, finalmente lo importante es que las mujeres ya pueden votar y ser votadas. En nuestra ciudad capital ya hemos tenido cuatro presidentes municipales mujeres y también en otras ciudades del estado. Ni que decir de gobernadoras en otros estados, así como infinidad de senadoras y diputadas. Los congresos ya están a la par.

Solo que quienes trabajamos en Salud Mental, seguimos observando un dramático desequilibrio, el mayor número de consultas por neurosis son mujeres. Ellas tienen el valor de aceptar que necesitan ayuda. Los hombres no acuden porque no sienten que tengan algo que corregir. Un elevado porcentaje, más del 70% de nuestras pacientes acuden por violencia intrafamiliar. Mujeres abandonadas, golpeadas, insultadas, y víctimas de todas las variedades de violencia son el común denominador de la patología en salud mental en nuestro estado. Ya tenemos el voto femenino, ya tenemos a las mujeres en los puestos políticos más altos, tal vez lo que nos hace falta es conseguir el verdadero equilibrio mujer-hombre.

 

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Héctor Grijalva

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