Opinión

Territorio de Gigantes / Agenda urbana

 

En las últimas décadas, el desarrollo de vivienda social en México ha respondido a un modelo de producción en masa con fines cuantitativos, es decir, producir el mayor número de unidades en el menor tiempo posible para reducir el déficit habitacional. A través del sector privado se han desarrollado volúmenes impresionantes de vivienda: entre 2005 y 2010 el parque habitacional de México aumentó 33 por ciento, lo mismo que en los 25 años anteriores (OCDE 2015). Sin embargo, la vivienda se ha desarrollado en la periferia de las ciudades donde el precio de suelo es menor, pues suele no tener acceso adecuado a servicios y equipamientos urbanos como centros de salud y educación, y la distancia y tiempo de traslado a los principales centros de empleo es mayor. De esta manera, entre 2006 y 2013 en 46 de las 59 Zonas Metropolitanas de México, incluyendo Aguascalientes, más de 70 por ciento de las nuevas viviendas se desarrolló en las periferias (ibíd).

Es verdad que esta política ha facilitado el acceso de la población de menores ingresos a una vivienda, sin embargo, su localización -distante, dispersa y desconectada- ha reducido su acceso a oportunidades de empleo, salud, educación y recreación. No sólo eso, este modelo, en parte, ha acelerado la expansión urbana; por ejemplo, entre 1980 y 2010, mientras la población de la Zona Metropolitana de Aguascalientes aumentó 2.59 veces la superficie urbana aumentó 6.14 veces (Sedesol 2012). Esta dinámica tiende a incrementar costos sociales, pues las personas deben gastar más en trasladarse y destinar tiempo adicional para llegar a sus destinos, lo cual no pocas ocasiones limita la posibilidad de una persona de tener un mejor empleo. Además, la expansión urbana aumenta el costo de provisión y operación de los servicios urbanos y reduce la viabilidad de las personas para desplazarse en transporte público, bicicleta o a pie, lo cual incentiva mayor uso del automóvil con implicaciones negativas como más tráfico y contaminación. En síntesis: la vivienda no es únicamente un objeto arquitectónico sino un medio para alcanzar una mejor calidad de vida y un desarrollo sostenible si se integra con la planificación de los usos del suelo, el transporte y la movilidad. En otras palabras, además de la calidad física de la vivienda debemos poner especial atención en la calidad del entorno urbano en la que se encuentra.

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En este contexto, hace algunos años se diseñó el proyecto Territorio de Gigantes en Aguascalientes, el cual consiste en la liberación de una franja de suelo intraurbano de 53 hectáreas cercanas al parque El Cedazo, a partir de la reubicación de líneas de alta tensión y poliductos que actualmente restringen el desarrollo urbano. De acuerdo con el Plan Maestro diseñado por la arquitecta Tatiana Bilbao, el proyecto promoverá más de 4 mil viviendas multifamiliares y unifamiliares principalmente de interés social, además de museos, escuelas, áreas verdes, espacios deportivos, recreativos y culturales. Actualmente, el Infonavit y el Gobierno del Estado han retomado el proyecto para avanzar en su implementación. Según Gabino Arturo Barros, titular del Instituto de Vivienda Social y Ordenamiento de la Propiedad, ya se cuenta con una partida presupuestal de 250 millones de pesos para retirar las líneas de alta tensión, con lo cual se liberaría el suelo para proceder con la urbanización.

Desconozco los detalles del modelo legal, financiero y de gestión a través del cual se implementará el proyecto, incluyendo la comercialización del suelo, y el esquema crediticio mediante el cual se ofertarán las nuevas viviendas. Sin embargo, el concepto de Territorio de Gigantes puede representar un esfuerzo interesante para facilitar el desarrollo de vivienda social en suelo más próximo a zonas de empleo, servicios y equipamientos como el centro de la ciudad, en comparación con desarrollos recientes como los fraccionamientos La Ribera, Villa de Las Norias y Sol Naciente al oriente de la ciudad. El proyecto podría constituir una buena práctica en México de cómo la transformación de un espacio subutilizado puede promover un mayor y mejor uso del suelo a partir de la vivienda. Naturalmente, ante la incertidumbre, vecinos de colonias aledañas han manifestado su rechazo, pues sugieren que la nueva densidad poblacional podría afectar su calidad de vida. Es cierto que en Aguascalientes mayor densidad de población suele asociarse con menor calidad de vida o equipararse con el hacinamiento; el problema radica en que la vivienda vertical no ha sido acompañada de un mejor entorno urbano que provea servicios e infraestructura adecuada, espacios públicos y áreas verdes de calidad y un diseño urbano atractivo y agradable. Por tanto, Territorio de Gigantes deberá asegurar un diseño digno e innovador de la vivienda y el entorno urbano que permita no sólo mitigar los costos que pudieran resultar de mayor densidad urbana sino asegurar y demostrar sus beneficios, especialmente en términos de accesibilidad; para ello, el proceso de participación y socialización durante el diseño e implementación será fundamental.

Vale la pena mencionar que la densidad urbana a niveles razonables, según el contexto en que se desarrolla, puede generar múltiples beneficios para la población. Por ejemplo, puede facilitar el desarrollo de vivienda social en menor superficie con lo cual aumenta la viabilidad para localizarla en una mejor ubicación, es decir, cercana a más destinos que permitan a las personas satisfacer sus necesidades en menor tiempo y distancia. De esta manera, la densidad urbana puede ampliar las oportunidades de empleo de la población, reducir el gasto y tiempo de traslado e incrementar la viabilidad de desplazarse en transporte público, bicicleta o a pie, con lo cual podría reducirse gradualmente la dependencia al automóvil. Además, al desacelerar la expansión urbana y optimizar el uso de la infraestructura, mayor densidad puede reducir el gasto público y mejorar la calidad de los servicios pues suele ser más costoso extender redes de agua, drenaje, energía, entre otras, a la periferia.

El principal reto para promover el desarrollo urbano equitativo, incluyente y sostenible es acceder a suelo intraurbano que amplíe las oportunidades de la población y reduzca las externalidades negativas de la urbanización. Territorio de Gigantes podría ser un primer ejemplo de cómo reutilizar suelo urbano para el desarrollo de vivienda en un mejor entorno; ello dependerá, desde luego, de la calidad de su diseño; de la efectividad y transparencia de los procesos de participación, gestión e implementación; y de que los múltiples servicios, equipamientos e infraestructuras no queden en promesas.

 

[email protected] / @fgranadosfranco

 

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Fernando Granados

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