Opinión

¿Qué hace a un buen espacio público? / Agenda urbana

 

Las ciudades sin una oferta adecuada de espacios públicos suelen ser caóticas, segregadas y polarizadas. Al mismo tiempo, aquellas con una noción sólida de equidad e inclusión demuestran un compromiso por mejorar la calidad de vida de sus habitantes a través de más y mejores espacios públicos. A pesar de la importancia del espacio público para el desarrollo social, económico, cívico y cultural, generalmente goza de poca atención por parte de las autoridades. En Aguascalientes, frecuentemente se cree que una política de espacios públicos se limita a “embellecerlos” con fuentes en forma de acueducto (ver foto) o paneles solares disfrazados de girasol. Pero más allá de la estética, ¿qué hace a un buen espacio público? Jan Gehl, reconocido arquitecto y diseñador urbano danés, y autor del libro Ciudades para la Gente, ha estudiado exhaustivamente las características que inciden en el éxito de los espacios públicos en el mundo.

Gehl asegura que existen tres grandes funciones que un buen espacio público debe cumplir para ser exitoso: protección, invitación y disfrute. En primer lugar, un espacio público debe proteger a las personas del tráfico vehicular, no sólo para disminuir accidentes sino también para reducir su exposición al ruido y la contaminación (contrario a lo que al parecer sucederá con el parque en el nuevo paso a desnivel de Colosio y avenida Universidad). Igualmente, a través de equipamiento y diseño, el espacio público debe proteger a las personas del viento, la lluvia, el calor y el frío, e incluso del crimen y la violencia. ¿Cómo? No sólo asegurando una excelente iluminación, sino también facilitando “más ojos en la calle”, es decir, que a partir de diversas actividades en el espacio público en distintos periodos de tiempo, exista siempre presencia de personas que permita reducir la inseguridad. En este sentido, valdría la pena analizar si las mallas perimetrales que en Aguascalientes suelen instalarse alrededor de decenas de parques, en realidad son la manera más efectiva de mejorar la seguridad o si pueden ser contraproducentes al desincentivar su uso y limitar el acceso.

Asimismo, a partir del estudio de miles de espacios público en cientos de ciudades del mundo, Gehl sugiere que los de mayor calidad son aquellos que “invitan” a las personas a utilizarlos. Para ello, deben existir condiciones que permitan a las personas caminar sin obstáculos y asegurar que el espacio para los peatones sea adecuado; además, deben contar con una alta accesibilidad desde distintos puntos a su alrededor. Igualmente, el espacio público debe invitar a las personas a permanecer en él a través de lugares bien diseñados y definidos para sentarse, recargarse y acostarse, y con vistas agradables que permitan disfrutar del entorno. En este sentido, la disponibilidad de cafés con asientos al exterior suele ser una manera efectiva para fomentar el uso de los espacios públicos (piense en la calle del Codo en Aguascalientes).

Más aún, Gehl insiste en que un buen espacio público invita a las personas a hacer ejercicio, jugar e interactuar, lo cual puede lograrse no sólo con infraestructura sino también con un buen diseño arquitectónico. Similarmente, la disponibilidad de actividades temporales como mercados al aire libre, exhibiciones y festivales, suele crear oportunidades de entretenimiento al exterior. Además, este arquitecto danés considera fundamental que un espacio público promueva actividades durante las 24 horas del día para promover la convivencia y reducir la inseguridad. Para ello, permitir la mezcla de usos en el espacio público es clave, por ejemplo, para la apertura de cafés, bares y restaurantes, tiendas y equipamientos culturales y educativos como museos o bibliotecas. Asimismo, recomienda programar distintas actividades en los espacios públicos según la temporada del año como la instalación de mercados en Navidad o la introducción de actividades con agua en épocas de calor.

Por último, Jan Gehl sugiere que el espacio público debe ser diseñado para ser disfrutado. Por ello, es fundamental que siempre se piense en la “escala humana”, es decir, que la dimensión de los espacios y edificios alrededor sean adecuados para crear experiencias sensoriales agradables y un ambiente en el que las personas se sientan seguras y cómodas y que puedan desplazarse fácilmente y protegerse de las condiciones climáticas. Finalmente, no debemos olvidar que más allá de la estética, el éxito de un espacio público se mide por el número de personas que lo utilizan, pues como bien dice este Gehl: “Las culturas y los climas difieren en todo el mundo, pero las personas son iguales. Se reunirán en público si les das un buen lugar para hacerlo”. Esperemos que en Aguascalientes avancemos decididamente en esta dirección a través más y mejores espacios públicos.

 

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Fernando Granados

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