Opinión

Ciclovías para impulsar el uso de la bicicleta / Agenda urbana

 

En días recientes, el gobierno municipal de Aguascalientes anunció la instalación de nuevas ciclovías en la ciudad, y aseguró que su diseño se apegará a estándares internacionales de seguridad. En este sentido, como sugiere un estudio reciente (Portland State University, 2014), la instalación de ciclovías segregadas, es decir, separadas físicamente de los carriles vehiculares, es un elemento fundamental para promover el ciclismo urbano, pues, a diferencia de los ciclocarriles delimitados únicamente con marcas en el pavimento, pueden mejorar considerablemente la comodidad y seguridad de los ciclistas y, con ello, aumentar el uso de este modo de transporte. Este estudio analiza nueve ciclovías segregadas (ver imagen) en cinco ciudades con características distintas en términos de población y clima e intensidad de uso del automóvil y la bicicleta: Austin, Texas; Chicago, Illinois; Portland, Oregón; San Francisco, California; y Washington, D.C. ¿Cuáles son los resultados? Veamos.   

Para la elaboración del estudio se instalaron cámaras durante un mínimo de dos días en 16 ubicaciones, y se analizaron un total de 168 horas de video, en las cuales se observaron más de 16 mil ciclistas y casi 20 mil vehículos. Asimismo, se realizaron más de dos mil encuestas a habitantes de las zonas donde se instalaron las ciclovías, y más de mil encuestas a ciclistas para conocer la experiencia de los usuarios de la infraestructura. De esta manera, el estudio investigó la manera en que se utilizan estas ciclovías e identificó ventajas y desventajas y posibles conflictos entre peatones, ciclistas y automovilistas.

Los resultados son claros: el estudio encontró un incremento en el número de ciclistas en todas las ciclovías, a un año de su instalación, de entre 21 y 171 por ciento. En parte, este aumento resultó de la presencia de nuevos ciclistas, es decir, personas que, en ausencia de la infraestructura, se habrían trasladado en un modo diferente o simplemente no habrían realizado el viaje. Igualmente, 24 por ciento de los ciclistas encuestados aseguró que modificó su ruta para utilizar las nuevas ciclovías; y más de un cuarto expresó que ahora hacen un mayor uso de la bicicleta para trasladarse. Desde luego, para aumentar el uso de esta infraestructura las rutas deben estar planificadas de acuerdo a la demanda existente o latente; es decir, las ciclovías deben apegarse a las dinámicas reales de movilidad de la población.

El estudio además indica que las ciclovías con mayor separación física obtuvieron el mejor puntaje en términos de comodidad y seguridad. En este sentido, cualquier tipo de protección aumenta considerablemente los niveles de comodidad en comparación con un ciclocarril delimitado solamente con pintura; específicamente, la separación física con elementos de confinamiento prefabricados, guarniciones, elevación del pavimento, vegetación o áreas de estacionamiento adyacentes, resultan en mayores niveles de comodidad. Incluso, 96 por ciento de los ciclistas y 79 por ciento de los vecinos encuestados declararon que las ciclovías segregadas mejoraron la seguridad del uso de la bicicleta en la ciudad. Asimismo, nueve de cada 10 ciclistas aceptaron que las ciclovías son más seguras que los ciclocarriles sin protección que existían en su ciudad; y casi dos de cada tres vecinos indicaron que sería más probable que utilizaran una bicicleta si los automóviles estuvieran físicamente separados de las bicicletas.

En las ciudades es común que exista oposición a las ciclovías, especialmente por parte de automovilistas que asumen que al reducir el espacio de circulación vehicular su tiempo de traslado aumentará. Sin embargo, el estudio encontró que sólo 31 por ciento de los habitantes encuestados que desde antes conducía por las vialidades donde se instalaron las ciclovías afirmó que su tiempo de traslado aumentó, mientras que 10 por ciento indicó que se redujo y 59 por ciento que no percibía un cambio. Similarmente, vecinos y automovilistas suelen protestar las ciclovías asegurando que perderán espacio de estacionamiento. El impacto en el estacionamiento efectivamente obtuvo la percepción más negativa por la instalación de ciclovías; sin embargo, sólo entre 30 y 55 por ciento de los encuestados indicó que el impacto fue realmente negativo. Por último, tres de cada cuatro habitantes de estas zonas aceptaron que apoyarían la construcción de esta infraestructura en otros puntos de la ciudad; e incluso 69 por ciento de las personas que reportaron utilizar el automóvil como su principal modo de transporte estaría de acuerdo con la implementación de ciclovías en mayor escala.

Entonces, ahora que el gobierno municipal de Aguascalientes ha comenzado la instalación o extensión de algunas ciclovías, valdría la pena analizar el aforo ciclista antes y después de la infraestructura para medir su impacto en la promoción del ciclismo urbano. A través de un estudio de bajo costo similar al descrito anteriormente, el municipio podría contar con argumentos sólidos para avanzar con la instalación de más ciclovías en la capital.   

Fuente: Portland State University, 2014

 

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Fernando Granados

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