Opinión

¿Quién custodia a los custodios? / Debate electoral

 

La cuestión viene desde la antigüedad misma, cuando Platón hablando sobre la moral y el gobierno lanza la pregunta dentro del contexto de la sociedad perfecta. Si la función primordial de una clase es proteger a las demás clases sociales, entonces ¿Quién protege a los protectores?

En La República, el filósofo encuentra la respuesta pretendiendo hacer creer a esa clase, poderosa, gobernante en algún sentido, que son mejores que aquellos a quienes protegen, gobiernan, y que la investidura del poder les es otorgada en un afán de justicia y no de buscar el poder por el poder mismo.

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La pregunta con la que titulo el debate electoral de esta semana, ha servido como una deliberación sobre quién debe ostentar el poder en última instancia. Quien es quien posee la calidad moral suficiente como para enmendar un error evidente, o en términos bíblicos, quien sería capaz de arrojar la primera piedra por estar enteramente libre de pecado.

En algunas otras columnas me he referido a una de las bondades de pertenecer a dos generaciones distintas. Quienes tuvimos la fortuna de conocer todavía las televisiones en mueble, las parabólicas, el cable y ahora el Netflix, quienes tuvimos solo la posibilidad de ver dos canales y ahora tenemos la fortuna de gozar de transmisiones hasta por internet y a la carta, o de quienes conocimos el internet como un medio netamente académico en sus inicios y no como tierra fértil para la comunicación social como ahora, tenemos cierta ventaja sobre las generaciones que nos sucedieron.

En nuestros tiempos la dificultad radicaba en la obtención de la información: los afortunados que tenían el libro se informaban de primera mano. Los que no, teníamos que correr a la biblioteca por alguno de los escasos ejemplares. Ya ni se diga en cuestión de noticias, dependiendo de la hora del suceso lo conoceríamos en el noticiero de la noche o a esperar la reseña en el periódico del día siguiente.

Ahora, sigo sosteniendo que la dificultad no es cómo nos llega la información, del tema que sea. Prácticamente sin querer, a cualquier momento, por redes sociales, por teléfonos inteligentes y sus aplicaciones, o hasta por memes, vamos allegándonos de datos, frases, declaraciones, imágenes, videos, de lo que está sucediendo en cualquier parte del mundo. La dificultad ahora radica en qué hacer con toda esa maraña de datos.

El primer llamado es a la sensatez, ese principio por el cual no se necesita ser un experto para determinar si lo que hacemos está bien o mal hecho. La información que nos llegue, para ser confiable, ha de provenir, cuando menos de una fuente acreditada. En segundo término, aunque difícil, debe tener ese sustento lógico que divide lo verdadero de lo falso.

Ojalá todo fuera tan fácil como ello. Ha sucedido en ocasiones que los propios medios de prestigio bien ganado caen en situaciones que aparentemente son reales y terminan siendo bodrios. Ya no digamos aquellos medios efímeros tan proclives a la calumnia, que basándose en trascendidos, hacen parecer por verdad algo que a todas luces es mentira.

La situación no es culpa de los medios, habrá que aclararlo de ser necesario. ¿Cómo saber si el mensaje en cadena que me llegó por WhatsApp es verídico o carece de fundamentos? ¿Cómo reaccionar ante el tweet que ha sido replicado miles de veces por personas a las que, si las viera en la calle, les daría total credibilidad solamente por lo que representan?

En esta época de campañas en la que nos encontraremos en pocos días, el trabajo del ciudadano, será el de aplicar el discernimiento para dotar a la información de su justa dimensión. Habrá esfuerzos ciudadanos para determinar la veracidad, o no, de las notas, y gustosos apoyaremos toda iniciativa en ese sentido, en papel de autoridad o de ciudadano usuario. Aunque personalmente considero que ahí no concluye el trabajo.

Debe prevalecer el ansia de saber, la necesidad de estar informado de manera fehaciente, cuestionar, pero también actuar, y exigir a estos movimientos sociales siendo partícipe de esas herramientas, tratando, de alguna manera adicional, de vigilar a los vigilantes, y de esa manera responsable lograr la satisfacción de custodiar a los custodios. No por deber, sino por hacer justicia.

 

/LanderosIEE | @LanderosIEE

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Luis Fernando Landeros

Luis Fernando Landeros

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