Opinión

Días de reflexión / Debate electoral

 

Estos días de Semana Mayor en la tradición cristiana, tienen como esencia la reflexión sobre los fundamentos en que se basan, precisamente, las religiones que tienen al Cristo como figura central. En los sucesos históricos acaecidos estos días, según creencias, se establece el sacerdocio, el papado, y se conmemoran los sucesos que llevaron a la muerte de Jesús y, para los creyentes, en su posterior resurrección. La reflexión que se impone, implica la participación en ciertos ritos que, año con año, refuerzan la idea religiosa que alimenta el espíritu.

En materia político electoral, coincide que en estas fechas inician las campañas federales para que los candidatos a la Presidencia de la República, a una Senaduría o a alguna Diputación se muestren a la ciudadanía. Y en estas situaciones tan terrenales, también hace falta iniciar con una reflexión.

Si nos atenemos a la definición legal de las campañas, es el conjunto de actividades llevadas a cabo por los partidos políticos, las coaliciones y los candidatos registrados, para la obtención del voto. Se entenderán por actos de campaña, las reuniones públicas, asambleas, marchas y, en general, aquellos en que los candidatos o los voceros de los partidos políticos se dirigen al electorado para promover sus candidaturas.

Siempre tomando como base la definición legal, la propaganda electoral, vehículo por excelencia en las campañas electorales, son el conjunto de escritos, publicaciones, imágenes, grabaciones, proyecciones y expresiones que durante ese lapso de tiempo producen y difunden los partidos políticos, candidatos o sus simpatizantes, con el propósito de presentar a la ciudadanía las candidaturas registradas.

En el entendido de los anteriores conceptos, las actividades de lo que conocemos como campaña, deben, por virtud legal, propiciar la exposición, el desarrollo y la discusión ante el electorado de los programas y acciones fijados por los partidos en sus documentos básicos (origen de su ideología), pero sobre todo en la plataforma electoral que las propias organizaciones electorales han registrado ante las autoridades electorales.

El sistema electoral prevé que, del financiamiento público otorgado a los partidos, resulten financiadas las campañas. Los topes de gastos que están determinados, prevén los gastos por propaganda, los operativos de la campaña (sueldos eventuales y arrendamientos, por ejemplo), los gastos de propaganda en medios impresos (inserciones y anuncios pagados) y los gastos para la producción de los mensajes para radio y televisión, no así su compra a los medios de comunicación masiva, estaciones de radio y canales de televisión, pues de unos años para acá, dicha situación está prohibida.

Igualmente, a diferencia de años anteriores, queda prohibido que se cuelgue propaganda en elementos del equipamiento urbano (luminarias, señales, semáforos y letreros con anuncios viales, por ejemplo), ni en algún lugar en que se obstaculice la visibilidad de esos señalamientos, en postes de cableado eléctrico o telefónico, ni en monumentos, edificios emblemáticos públicos ni accidentes geográficos. No se podrá fijar o distribuir propaganda política en oficinas, edificios y cualquier inmueble utilizado por el gobierno como oficinas públicas.

Durante estos noventa días tendremos la posibilidad no solo de escuchar spots de radio o de televisión, sino que los medios de comunicación harán las reseñas de las declaraciones de los actores políticos, y darán seguimiento puntual a las actividades de las candidatas y los candidatos. Veremos encuestas sin olvidar que los ejercicios estadísticos no son sino proyecciones de resultados en un momento y un lugar determinados, como una fotografía de un efímero presente, que inmediatamente se convierte en pasado y no reflejan necesariamente el futuro.

Independientemente de todo lo anterior, sigo sosteniendo que la reflexión que se impone en estas fechas, y me refiero al inicio de campañas, implica que debemos tener presente que el votar es un privilegio asignado a la ciudadanía, derecho y obligación, garantizado por las instituciones electorales para ser ejercido en cualquiera de sus facetas y en los tiempos establecidos. Privilegio que solamente existe en los estados democráticos, que requiere para su subsistencia de la participación ciudadana, en donde se espera que ese poder ciudadano (esperando su afluencia en mayor medida a las urnas) sirva como detonante para la exigencia social hacia las autoridades electas.

Esta nueva elección, la más grande de la historia electoral reciente, además de encontrarse en juego los puestos públicos mencionados, a los que podemos añadir los diputados locales que empezarán campañas en el mes de mayo, también está en juego la credibilidad. Credibilidad que deben asumir los medios de comunicación y las instituciones electorales, en este momento que pinta como oportuno. No habrá otra oportunidad igual para construir ese prestigio del que deben de gozar ambos.

Es un hecho que partidos, simpatizantes, candidatos y coaliciones ya están listos y preparados para realizar sus actividades. La pregunta es, ¿Estamos listos como ciudadanos para enfrentar el periodo de campañas de manera tal que nos permita conocer las propuestas y tomar una decisión?

Si aún no lo había pensado, tómese unos minutos de estos días tan proclives a la reflexión.

 

/LanderosIEE | @LanderosIEE

 


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Luis Fernando Landeros

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