Opinión

Embarazo adolescente y lo que dicen sus cifras / Piel curtida

 

Durante los últimos años, el embarazo adolescente (menores a los 20 años de edad) había sido un tema central para México pues quienes al iniciar la maternidad a edades tempranas se enfrentan a más dificultades para continuar con sus estudios, su trayectoria laboral y, en su suma, para mejorar sus circunstancias de vida. Sin embargo, poco a poco el tema parece diluirse del espacio público ante los más recientes embates del conservadurismo, dejando las acciones de concientización sobre la maternidad elegida e informada a pequeños foros, a algunas exposiciones en las aulas y a unos cuantos colectivos de la sociedad civil organizada que, además de la reacción, enfocan sus esfuerzos a la prevención, espacios donde aún se mantiene la supremacía de la visión médica que, a pesar de su relevancia, continúa con puntos ciegos ante la complejidad y la subjetividad de los seres humanos que conformamos la sociedad. México necesita de manera urgente de una nueva política demográfica que reconozca la desigualdad para diferentes sectores de la población para actuar en su beneficio, en busca de alcanzar “suelo parejo”, donde las igualdades de desarrollo sean accesibles.

De acuerdo a la Encuesta Nacional de la Dinámica Demográfica se estima que la edad promedio de abandono de estudios para las mujeres que inician la maternidad antes de los 19 años de edad es de 15.4 años, es decir, hasta cursar la secundaria; pero junto con el embarazo a edades tempranas, también la unión con la pareja representa el 30 por ciento del abandono escolar de las mujeres, una amplia diferencia en comparación con el 14 por ciento de abandono escolar que registra el resto de las que son madres después de la adolescencia; y por si fuera poco, se identifica que las mujeres con antecedentes de maternidad adolescente, no sólo tienen una menor participación en el mundo laboral, sino también sus actividades corresponden a áreas de menor especialización y en la informalidad. Es así que familia, economía y desarrollo personal se ven afectadas.

Los esfuerzos estadísticos para identificar alternativas para reducir la incidencia del embarazo adolescente han sido múltiples y los mismos datos pueden mostrarnos aquellos ámbitos en los cuáles es necesario iniciar un análisis con rigurosidad académica pero que, a la vez podrían ser menospreciados por diferentes concepciones que se yuxtaponen en algunas ocasiones a la visión que se tiene sobre la ciencia por algunas disciplinas, por ejemplo el amor, un tema que poco a poco se ha investigado de manera sistemática y que, a través de diferentes investigaciones exploratorias, se ha identificado como un elemento que orienta a las mujeres a tomar la decisión de desear, planear y/o llevar a cabo un embarazo, lo cual no significa descuidar el uso de métodos anticonceptivos o rechazar la posibilidad a la interrupción del embarazo, sino una decisión que corresponde a otros ámbitos.

De acuerdo a los datos más recientes y accesibles del mismo periodo sobre nacimientos de hijos de madres adolescentes, prevalencia de uso de métodos anticonceptivos modernos (no “naturales”) y tasa de aborto, se posible identificar que no existe una correlación entre los tres rubros mencionados, es decir: el combate al embarazo adolescente no sólo requiere de información y reconocimiento de derechos sexuales y reproductivos, sino también de un nuevo esquema que se promueva en el país en torno a las relaciones afectivas.

De acuerdo a datos del INEGI de 2010, si se comparan las entidades federativas con mayor porcentaje de nacimientos de hijos de madres adolescentes, con los estados con mayor uso de métodos anticonceptivos, sólo se puede observar una correspondencia en la Ciudad de México, donde se presenta un menor porcentaje embarazo adolescentes y una alta prevalencia de uso de anticonceptivos; sin embargo, Nayarit y Sinaloa exponen comportamiento atípicos si se sigue esta dialéctica, pues aunque presentan la mayor prevalencia de anticonceptivos, también se encuentran entre los estados con mayor embarazo adolescente, mientras que Guanajuato aparece como de las entidades con menor registro de hijos de madres adolescentes y, también, menor uso de anticonceptivos.

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Por otra parte, vale la pena considerar el registro de abortos inducidos. A través del Método de Estimación de Aborto por Complicaciones, cuya validez es reconocida por la OMS, se ha logrado estimar el aborto inducido en México y se observa una mayor tasa en las regiones de mayor desarrollo económico en el país, aunque es importante señalar que más del 50 por ciento de las interrupciones del embarazo se realizan en contextos inseguros e insalubres, por lo que el aspecto económico no es necesariamente un obstáculo para acceder a este derecho negado en muchas entidades federativas. En este contexto, los estados con una mayor tasa de abortos no corresponden a los de mayor número de embarazos adolescentes y merece atención especial el caso de Chihuahua: el de mayor registro de porcentaje de nacimientos de hijos de madres adolescentes, pero con una de las menores tasas de aborto y dentro de la media en el uso de anticonceptivos.

 

Si se considera una estrecha relación entre el uso de métodos anticonceptivos con un menor porcentaje de embarazos adolescentes y, por ende, una menor tasa de abortos, se identifica que estas son hipótesis falsas, es decir: la reducción en la incidencia del embarazo adolescente no es proporcionalmente inversa al uso de métodos anticonceptivos. Es así que se infiere que, como otros estudios lo han indicado, las mujeres están tomando las decisiones de su vida, sin embargo, parecen no ser las más pertinentes para su propio desarrollo personal, laboral y profesional.

La tasa de fecundidad en México continúa mostrando un descenso sostenido de nacimientos, incluso más pronunciado de 2012 a 2015. Sin embargo, no se ve emparejado con un mayor uso de métodos anticonceptivos ni con una reducción de los porcentajes de nacimientos de hijos de madres adolescentes, pues estos últimos se mantienen entre el 18 y 19 por ciento de los nacimientos en México desde 1996, con tan sólo una reducción paulatina de dos puntos porcentuales a partir del 2012. Entonces, ¿por qué se sigue registrando una alta incidencia de embarazo adolescente? Justo en los silencios es donde se requieren esfuerzos y cuestionamientos.

Es necesario virar hacia otras perspectivas para poder incidir positivamente en el detrimento de la tasa de embarazos adolescentes, y una de ellas es el cuestionamiento del amor romántico. Los datos nos señalan que las mujeres están tomando decisiones, pero requieren estar sustentadas en la autonomía, libertad e igualdad de oportunidades. En este sentido, algunas investigaciones han advertido que las adolescentes, al establecer relaciones de noviazgo, llegan a identificar en su pareja a un posible proveedor o vislumbran la aparente figura de un posible buen padre de familia, por lo cual llegan a establecer escenarios hipotéticos, a manera de flirteo o broma, qué ocurriría si llegasen a tener un hijo, incluso antes de que sostengan relaciones sexuales, lo cual nos habla de un toma de decisiones hasta cierto punto analizada, pero también orientada por el constructo social en torno al amor romántico y los valores de la familia, donde la madre logra acceder a una cierta posición de poder, al menos al interior de su nuevo hogar.

Aunque solía ser común que los matrimonios se establecieran a temprana edad, a partir de la década de los 60 del siglo XX se promovieron a nivel internacional políticas en torno a la entonces llamada planificación familiar, que en parte obedecía al florecimiento de la industria farmacéutica orientada a la sexualidad y un escenario económico adverso, además de la guerra silenciosa entre el capitalismo y los modelos socialistas durante la Guerra Fría. Sin embargo, el argumento económico, aunque relevante, queda corto para poder comprender y responder a la problemática del embarazo adolescente. Es necesario virar hacia los constructos sociales, hacia los imaginarios.

Por ejemplo, aunque existe información sobre métodos anticonceptivos modernos, como el condón, el porcentaje de conocimiento entre los adolescentes sobre este método es igual al de otros naturales como el coito interrumpido y el Billings, según datos de la ENADID 2014, lo que también plantea la posibilidad de que se encuentren en un entorno donde se prefiera no buscar, acceder o adquirir algún método moderno de anticoncepción. Ya sea la pena a comprar condones, el entorno moralista o la idea de la maternidad introyectada, estos son elementos que posiblemente esté impulsando el embarazo adolescente por la falta de apropiación de la perspectiva científica por parte de la población. Si el aspecto biológico de la salud sexual y reproductiva no ha logrado responder a la problemática del embarazo adolescente es indispensable orientarse hacia otros caminos, incluso aquellos que por diferentes razones han quedado relegados de la discusión formal, académica, sistemática y reflexiva. Las mujeres están tomando decisiones, pero es necesario brindarles la mayor información y, particularmente, las herramientas reflexivas y cognitivas que requieren para que lo hagan de manera autónoma, libre y plenamente consciente de sí y su entorno.

 

@m_acevez

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Juan Luis Montoya Acevez

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