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En esta novela la palabra amor no aparece por ningún lado | Entrevista a Fernanda Melchor sobre Temporada de huracanes

 

  • Quería hacer algo que fuera totalizante, inmersivo y que te hiciera sentir cosas, y que fuera una locura, con párrafos densos

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Entrar al mundo creado por Fernanda Melchor en su más reciente libro Temporada de Huracanes, es sumergirse en un universo cruento, rodeado de un calor asfixiante, de ruidos sordos, de una aparente modorra que esconde en su interior una violencia latente que explotará y que nos dejará ver el lado oscuro, oculto del alma humana. El universo en el que viven, o en el que sobreviven, flotan, los personajes de la Lagarta, el Luis Miguel, el Munra o La Bruja es un universo desgastado, descolorido, nocturno, un universo dominado por el sol apabullante, dominado por las necesidades físicas más apremiantes, un universo roto en el que los personajes conviven, pero sin apenas conocerse, sin acercarse más allá de lo necesario.

La segunda novela de la escritora nacida en Veracruz en 1982, autora de la multicitada novela Falsa liebre (Almadía, 2013) y del libro de crónicas Aquí no es Miami (Salario del miedo, 2013), nos cuenta la historia de esta serie de personajes que sobreviven en La Matosa, un pequeño pueblo agobiado por el calor, la miseria, el abandono, que se verá cimbrado por el descubrimiento del cuerpo de La Bruja, flotando en uno de los arroyuelos de la zona. Una mujer que era temida y respetada en la zona y que había heredado el oficio de su madre y que se rumoraba escondía un tesoro en las paredes de una casa alejada del pueblo, que se caía de vieja. Los jóvenes del pueblo, sin nada mejor que hacer, pasaban con ella las noches, escuchando viejas canciones románticas, paladeando el sabor de futuros viajes que ninguno de ellos realizaría, buscando la forma de matar el tiempo, antes que éste los matará a ellos.

Cuando La Bruja aparece muerta flotando, los primeros señalados son ese grupo de jóvenes, hijos de La Matosa y de todos sus males. Y todo el peso del absurdo caerá sobre ellos. Temporada de Huracanes está contada a través de una perspectiva de una voz narrativa que entra y sale de la vida de los personajes, que nos van contado, como si de un coro trágico se tratará, el peso del aburrimiento, la falta de oportunidades, la carencia de objetivos que los carcome. Una voz narrativa que se parece a al viento que entra y sale de los escenarios de ese pueblo, que puede ser muchos pueblos de nuestro país. Una voz narrativa que observa, que cuenta, pero que evita los señalamientos morales. Es una voz que está ahí para contarnos, meticulosamente, la vida de estos jóvenes que nunca encontrarán la belleza en sus acciones trágicas:

Temporada de Huracanes (Literatura Random House) surge a partir de una historia de nota roja, en la que un joven es acusado de matar a la bruja del pueblo, que aseguraba que esa mujer le estaba haciendo brujería para que volviera con él: “Una historia completamente veracruzana que me atrapó de inmediato, pero yo no conocía esta zona, y también recordé el libro de Armando Ramírez, Noche de Calífas, en donde el prólogo menciona que esta novela la escribió un chavo que vivió todo eso, y que después se hace periodista y que dice que él había podido haber hecho todo esto como una novela de realidad, haber tomado muchas notas y haber llevado la grabadora, pero sucede que me gusta imaginarme las cosas, y eso es algo que también me sucede a mí, me gusta imaginarme cómo se desarrollan las historias y si yo quería ahondar en qué hay detrás de un crimen pasional, tal vez la mejor manera era hacerlo a través de las ficción, tratar de insuflar a estos personajes que se podían crear basados en la nota que había leído, con las emociones que yo consideraba que todos hemos sentido en algún momento, porque la pregunta que subyace es qué nos puede llevar a cruzar la línea y matar a alguien, entonces esta novela es una exploración de ese lado oscuro que todos tenemos”, nos cuenta la autora en entrevista.  

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Javier Moro Hernández (JMH): Cuando los personajes de tu novela se refieren a los otros lo hacen de una manera muy vaga, pero cuando entra la voz narrativa a sus historias, todo esto se esclarecía, se nos contaba la historia de los diferentes personajes, porque podemos ver y conocer las dos partes de los mismos personajes y eso además nos permite ir conociendo la historia a través de ellos mismos.

Fernanda Melchor (FM): Es una estrategia narrativa, porque para mí lo más importante de una novela son sus personajes, entonces poder considerar las diferentes aristas de un personaje, desde diferentes puntos de vista le da una riqueza, es un intento por crear personajes tridimensionales, cómo somos en la realidad los seres humanos, que no somos buenos ni malos, sino que somos buenos y malos siempre en relación con algo. 

JMH: ¿Qué tan difícil fue el proceso de crear a los personajes de esta novela?

FM: Los personajes llegaron antes que la narración como tal, me costó muchísimo trabajo crear la voz narrativa que yo necesitaba, empecé a escribir esta novela a partir de la historia que te comentaba, y estuve intentando darle forma a esa voz, pero no me podía concentrar del todo, hasta en agosto del 2015 cuando me senté a escribir la historia, pero desde el principio quería escribir una novela que fuera muy oscura, demencial es la palabra, en donde el crimen tuviera una sensación de banalidad, como a veces creo que es la realidad en Veracruz, en donde se mata gente y prácticamente no pasa nada, quería eso por un lado, pero al mismo tiempo quería una vez narrativa que me permitiera entrar y salir de los personajes, eso fue muy complicado, porque al final terminé poniendo un narrador que es como el demonio del Exorcista, que entra y sale de la gente, eso era lo que yo trataba de lograr. 

JMH: El tema de la banalidad del mal me parece esencial para entender la novela. Todos los personajes son jóvenes, desmadrosos, viven la vida tal como les está pasando, por ejemplo, a Luis Miguel lo puedes observar a través de los ojos de los otros personajes, pero cuando lo vemos a través de la voz del narrador, vemos que es muy triste en realidad. Pero él puede adoptar a Norma, por ejemplo, pero él puede terminar asesinando a alguien. 

FM: Y también el Munra lo ve como así, como alguien que todo le vale madres, pero en realidad él tiene una tristeza que siempre está cargando, además el entorno es muy caótico, sí, pero algo que me interesaba analizar es cómo a veces se puede llegar a matar por nada, en el fondo pueden existir muchas circunstancias, puede existir muchas causas y muchos motivos, pero en el fondo a veces la violencia se ejerce por una mezcla entre resentimiento, odio y el momento equivocado, por la necesidad de explotar, entonces yo tenía la necesidad de escribir esta novela y que fuera oscura, caótica, quería que fuera como una pesadilla que empieza muy normal, muy inocente y no te das cuenta  de que estás metido en una pesadilla hasta que vas como a la mitad, eso es un poco lo que quería lograr, y me preocupaba también que estuviera escribiendo otra vez un libro como Falsa liebre, porque mis obsesiones siguen siendo las mismas, pero de alguna manera sabía que tarde o temprano iba a aparecer la voz narrativa que fuera el hilo conductor de la novela, lo que quería era encontrar una forma de contar distinta, quería encontrar un esquema que me alejará de la narrativa lineal que hay en Falsa liebre y quería encontrar algo que estuviera como en capas, aquí desde el principio sabemos quiénes son los asesinos de La Bruja, es decir no se trata de encontrar al culpable, sino más bien en indagar en los motivos, o en esta banalidad de los motivos, comprender que en realidad no hay ningún motivo, yo utilizo uno de los epígrafes de la novela, el poema W. B. Yeats en clave irónica, porque no hay ninguna belleza en que un chavo drogadicto asesine a una mujer, o a una persona trans-sexual, prácticamente por nada, y sin embargo sí puede pasar, lo ves en Brando, que cree que el asesinato los va a liberar, los va a convertir en dueños de sus propio destino, porque son chavos que están prisioneros de esta idea de la masculinidad, prisioneros de sus propias madres, incluso, algo que los hace sentir agobiados, pero en realidad no hay ninguna terrible belleza, en realidad todo es terrible y es horrible el epígrafe es una burla al final, porque estos muchachos ni se transforman en nada, ni nace ninguna terrible belleza, simplemente hay horror y asesinato y no hay ningún heroísmo en asesinar, simplemente se repite el gesto del amo y el esclavo. 

JMH: Es una novela asfixiante porque viven dentro de un microcosmos del que no pueden salir. 

FM: Alguna vez me han criticado porque en Falsa liebre los personajes no tienen escapatoria, algo sobre lo que tienen razón, pero es algo que a mí me interesa reflejar un poco, y en esta novela en particular, de las últimas correcciones que hice fue sacar la palabra amor de la novela, es una palabra que no aparece por ningún lado, ni el enamoramiento, hay sexo, la palabra verga aparece 200 veces, porque lo que quería era reflejar como todos ellos están inmersos en estas vidas complicadas y están buscando algo, están buscando sanarse en otro, pero no lo pueden conseguir, solo hay desesperación y conveniencia y apetitos y deseos, pero no pueden encontrar una salida. 

JMH: Acá no hay redención. 

FM: No es que no exista el amor, es que ellos son incapaces de encontrarlo. 

JMH: La satisfacción del deseo es uno de los temas centrales, el deseo como una necesidad, como una búsqueda, pero que en realidad solo busca la satisfacción instantánea. 

FM: Tal vez salir, huir de este lugar, hubiera sido satisfactorio, pero tal vez solo por un momento, por una semana, como fue la relación de Luis y Norma, porque en ese tiempo fue una ilusión y una esperanza de poder salvar mutuamente, pero tarde o temprano todo vuelve a aflorar. Estamos siempre en la búsqueda de algo o de alguien, o algo dentro de alguien que llene nuestro hueco, y finalmente de eso se trata la novela, también por eso quise tener una estructura que fuera escarbando y escarbando en busca de algo que no existe.

JMH: La forma en la que tus personajes hablan te traslada a ese pedacito en donde está sucediendo la acción, a ese microcosmos de una región cañera. 

FM: Es estar siempre en tensión, porque sí quería que se escuchara jarocho, pero que no quiero que la gente no entienda, entonces es una negociación interna, obviamente la gente en la zona no habla exactamente así, esto es demasiado, pero tampoco puedo llegar a poner la grabadora y a copiar el acento porque se vuelve un despropósito, se vuelve incomprensible, pero lo que sí intente hacer es meter términos que son muy jarochos y que yo quería que sí se usarán, pero la idea era introducirlos poco a poco para que la gente sí lo entendiera, hay todo un trabajo deliberado, cuando yo leía esta novela sentía que tenía un ritmo autista y oscilatorio, porque yo era lo que quería que se produjera, una especie de trance, y según yo mi lectura ideal es leerse una capítulo cada noche, porque es una novela nocturna a pesar de que muchas cosas pasan de día, y me interesaba mucho el ritmo y que se cuidara mucho el lenguaje.

JMH: ¿Cómo fue trabajar en el ritmo narrativo? Vamos conociendo a los personajes a través de cómo hablan, pero también a partir de un ritmo incesante.

FM: Básicamente eso parte de todas las influencias que te mencione anteriormente, José Agustín, Armando Ramírez, tienen mucho de esto, que en medio de una descripción pueden meter una rola que se está escuchando, eso te da muchísimo, y también me importa mucho que las palabras suenen cuando deben de sonar, el que las palabras tengan, además de un significado, un sonido y que eso sonido produzcan cosas es algo que a mí me importa muchísimo, y eso es algo que cada vez lo vemos menos, siento que la literatura actual privilegia lo fragmentario, lo breve, lo sencillo, que no cueste mucho trabajo leer, y no sé si eso sea una exigencia de las editoriales, del mundo literario, o también es que se piense que para ser bueno hay que ser sencillo, y yo tengo una idea muy elevada del lector, yo quería que las cosas no fueran tan fáciles, tampoco quería que nadie entendiera nada, pero ya los lectores me lo irán diciendo, pero yo quería hacer algo que fuera totalizante, inmersivo y que te hiciera sentir cosas, y que fuera una locura, con párrafos densos. 

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Javier Moro Hernández

Javier Moro Hernández

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