Opinión

Escenario 2018 III: Arranque de campañas / Memoria de espejos rotos

 

I am frightened by the crowd, for we are getting much too loud.

And they’ll crush us if we go too far, if they go too far

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Listen, Jesus, to the warning I give, please remember that I want us to live.

But it’s sad to see our chances weakening with every hour.

All your followers are blind, too much heaven on their minds.

It was beautiful, but now it’s sour… Yes it’s all gone sour…

Heaven in their minds

Judas, Jesus Christ Superstar (Andrew Lloyd Webber & Tim Rice)

 

Esta es la tercera entrega de los escenarios a la elección presidencial 2018. A modo de recapitulación de las anteriores, de manera sumaria, las tendencias se mantienen consistentes con lo prospectado en este mismo espacio durante noviembre del año pasado y febrero del presente; es decir, las posiciones (en orden del primero al tercer lugar) para AMLO, Anaya y Meade. Sin embargo, al arranque de las campañas, que sucederá el día de mañana, 30 de marzo, vale hacer una pausa para reflexionar cómo es que estas tendencias se han mantenido (con cambios sensibles, pero no definitorios) y qué eventos coyunturales podrían revertirlas.

Para comenzar, quisiera hacerlo con el comentario sobre la plataforma Oraculus, ubicada en la dirección https://oraculus.mx/, y que trabaja con datos estadísticos alimentados por los resultados de las distintas encuestas y estudios de opinión que empresas -digamos serias- han hecho públicos a lo largo del proceso electoral. Es decir, en Oraculus se calcula la medición de las tendencias de los resultados de las encuestas públicas, para hacer una Poll of polls, que -como afirman en su sitio de internet- “El propósito de una poll of polls es obtener una estimación de la preferencia electoral a partir de la combinación de los resultados varias encuestas. La lógica detrás es que, aunque de manera individual las encuestas producen mediciones con “ruido”, en conjunto pueden ayudarnos a recuperar de manera aproximada la “señal” que intentan medir”, mediante una corrección metodológica que pretende disminuir la percepción de error (intencional o no) en las metodologías de las encuestas de las que se alimenta. Del mismo modo, en un apartado de su página, explican el tratamiento metodológico y “muestral” con el que intentan “reducir el ruido de la señal que se intenta medir”. Así, los resultados ofrecidos son, cuando menos, interesantes.

La última actualización de Oraculus es justo del pasado martes 27 de marzo, y agrupa tendencias desde los estudios de agosto de 2015. De estos datos me permito proponer un breve análisis que se explica en las siguientes viñetas, con la seguridad de que cada lector puede acudir a la fuente original, ya sea a cuestionar la metodología, o a cotejar estas apreciaciones y elaborar las suyas propias.

  • Primero, las tendencias agrupadas ponen la competencia con los siguientes porcentajes de intención de voto: AMLO 40%, Anaya 28%, Meade 22%. No se cuentan los indecisos, y ahí está una clave importante. No obstante, a pesar de que AMLO agrupa el mayor porcentaje de intención de voto, en su 40% se concentra el mayor margen de error estadístico, dado por los cruces de datos de las encuestas que sí categorizan a los indecisos. Esto quiere decir que muchos ciudadanos que en algunos sondeos afirman no saber por quién van a votar, en otros sondeos sí se decantan por AMLO. Es decir, AMLO atrae a votantes que -en otras circunstancias- no lo elegirían, pero que votarían por él por ser el de mayor posibilidad de triunfo.
  • Las tendencias históricas (de noviembre 2017 a la fecha) para las tres fuerzas políticas principales han ido más o menos de la siguiente manera:
    • AMLO tuvo una tendencia al alza, que se frenó (y decayó) entre diciembre y enero, correspondiente a la intensificación de las precampañas de las otras fuerzas políticas, y su posterior definición de candidatos, pero que regresó al ascenso a partir de enero. A AMLO (en las encuestas) no le melló de manera sensible el catálogo de impresentables que le aparecieron en sus listas al legislativo.
    • Anaya tuvo una tendencia ascendente, que se frenó y propició una ligera caída en febrero, coincidente con la desaseada pifia de la PGR en el asunto del lavado de dinero.
    • Meade tuvo una preferencia estancada, que repuntó un poco cuando se le promovió como el candidato electo por el PRI, pero que a partir de ahí (enero) ha ido en una ligera pendiente descendente sin fin.
  • El estudio de Oraculus estima la tendencia de los indecisos en un 21%. Este número es importante, porque es prácticamente dos veces mayor que la diferencia entre el primer y segundo lugares (AMLO 40% y Anaya 28%), y sobre este número se centrará la conquista de los siguientes tres meses de campaña.
  • Sobre la certeza de intención de voto, ésta se vuelve viscosa y amplía sus márgenes de error cuando se carean Anaya y Meade. La diferencia de unos 5% de votos entre ambos hace que -estadísticamente- la definición entre segundo y tercer lugar sea poco clara. El caso contrario sucede al carear a AMLO con cualquiera de los otros dos: ahí la diferencia de intención de voto es más clara, y el margen de error es menor para la estimación del primero y del segundo lugar. Aquí, el llamado voto útil convocado por distintos grupos de presión que no quieren a AMLO deberá decantarse por Anaya o por Meade, en función de quien consolide un segundo lugar competitivo. Estos grupos de presión van desde las élites económicas (por el tema de echar a andar las reformas), algunos sindicatos (que ven en impresentables como Napito o la CNTE un grave riesgo), o distintos académicos y defensores de los derechos humanos (que no aprueban la visión plebiscitaria de las libertades civiles que AMLO ha propuesto). Estos grupos impulsarán el voto útil por Anaya o Meade, a partir de cómo discurra la primera mitad de la campaña.

Así, las tendencias presentadas en este escenario electoral son consistentes con las de los dos escenarios anteriores que entregué en esta columna. Ahora ¿qué coyunturas son necesarias para que estas tendencias cambien? Los siguientes tres meses de campaña son definitorios, y la historia de la democracia contemporánea en México nos ha demostrado que las encuestas del primer trimestre del año electoral no necesariamente corresponden a la foto del final de la jornada electiva. Para cambiar la fotografía retratada en las viñetas sería necesario lo siguiente:

  • Que AMLO siga en la demostración de sí mismo como personaje intolerante, autocrático, y carente de autocrítica; y que -con ello- se causen fisuras en su movimiento, como se vio entre los grupos de Alfonso Romo y de Paco Taibo respecto a las reformas estructurales, y que estas fisuras impacten tanto en la atracción de votantes como en la custodia de las casillas por parte de Morena.
  • Que las campañas de los asociados a AMLO para los escaños legislativos y las elecciones concurrentes en las entidades (háblese de los emanados de la farándula, el deporte, y demás cascajos elegidos por ser “populares”; o de los emanados de la clase política provenientes de otros partidos con la bendición de AMLO) no permeen, o permeen de manera negativa en el electorado. Esto podría disminuir sensiblemente las preferencias hacia el movimiento Morenamlo.
  • Que, ya avanzada la campaña y con poco tiempo para recuperarse de un golpe certero, el movimiento de Morenamlo sea exhibido en algún escándalo mayor, documentado y fundado, del que le sea difícil recomponerse.
  • Que la caja de Schrödinger del voto indeciso, al abrir la urna, se revele como bloque anti AMLO, al menos en la mitad de su nada desdeñable 21%, pero eso es un fenómeno que no ocurrirá por sí mismo, sino por la suma de las anteriores coyunturas.

Si nos damos cuenta, las coyunturas necesarias para revertir la tendencia de este escenario se centran en cómo hacer descender al puntero, y no en cómo hacer subir a sus contendientes. Esto obedece a una razón netamente práctica, basada en un hecho incontestable: Meade pelea más por no bajar que por subir; y Anaya no se ha podido recomponer de los golpes por presunta corrupción y lavado de dinero. Es decir, es más fácil lo primero (bajar al puntero) que lo segundo (subir a los contendientes), y eso es una consecuencia palpable del hartazgo ciudadano sobre la clase política que los mismos partidos de siempre (PRI, PAN, PRD, PVEM, Panal, MC) se han encargado durante décadas de fomentar en la ciudadanía.

Como fuese, la campaña apenas empieza, y todo lo contenido aquí es sólo aproximativo. Aunque hay tendencias claras, no hay nada para nadie, y lo que suceda entre el 30 de marzo y el 30 de junio será capital para el resultado de la elección. Hacia el cierre de las campañas irá la cuarta parte de estas entregas sobre el escenario 2018, con las actualizaciones que se lleven a cabo a partir de este que usted amablemente lee.

 

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Alan Santacruz Farfán

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