Opinión

Cómo evaluar a los universitarios / Alegorías Cotidianas

 

Suponemos que los universitarios están ávidos de conocimiento y de ganas de aprender realmente sobre su área de estudio. La lógica indicaría que los profesores serían firmes y formadores, por excelencia.

En un ambiente idóneo, los estudiantes tendrían la madurez emocional para aceptar sus errores y trabajar en ellos para perfeccionar sus áreas de oportunidad y ser, verdaderamente competitivos.

Una y otras veces nos preguntamos el porqué somos los últimos en la prueba Pisa o bien cómo es que otros países han elevado su nivel de educación sin querer licenciar a todos. La respuesta es muy sencilla, no se trata de cambiar paradigmas sino de un estilo de vida intelectual saludable.

Si bien es cierto, en México los últimos años se ha hecho un gran esfuerzo por que los bachilleres logren ingresar y mantenerse en una universidad, sin embargo, elevar los niveles de cultura y educación no funcionarán al tener un gran número de egresados de licenciatura pues, como todos lo sabemos o vemos, son muchos los jóvenes quienes al egresar de la licenciatura no logran conseguir un empleo en eso que les llevó cinco años aprender con tiempo, esfuerzo y dinero.

Las empresas son cada vez más exigentes con sus criterios de contratación y el que pidan experiencia previa es sólo un filtro derivado del comportamiento de los jóvenes en la actualidad.

No se ataca el problema de raíz, es decir, el cómo se enseña en la educación básica y media, sino que se intenta graduar a todos en una licenciatura sin que en realidad este preparados para cursar una.

Los universitarios de licenciatura adolecen de conocimientos básicos sobre todo lo que usted puede imaginar, medianamente se desarrollaron sus habilidades lectoras y matemáticas por lo que el adquirir conocimientos, desarrollar competencias se vuelve muy complicado, si le agregamos que tienen severos problemas para manejar la frustración y la inteligencia emocional no descubierta, encontramos a un gran número de estudiantes y egresados sin poder autoevaluarse para hacer los cambios pertinentes que les permitan tener una educación, personal de calidad.

El resultado que presentan las últimas generaciones con respecto a desempeño y conocimiento no son provocados por las reformas educativas, sino del relajamiento del trabajo áulico.

Cuando los profesores reciben las reformas educativas bien pueden acoplarse al verdadero clima educativo. Lo ocurrido es que, de verdad, es mejor trabajar poco que revisar miles de exámenes, hacer secuencias didácticas, planear actividades, estrategias, metodologías, tomar cursos de formación docente para poder cumplir con los resultados de aprendizaje que la vida real requiere.

Hace poco una estudiante me comentaba que no podía con las materias porque en su trabajo, por primera vez, le habían pedido planeaciones de clases. Ante su desconcierto y cerrazón lo primero que me pasó por la cabeza fue el preguntarle si antes ello, no había sentido la necesidad de elaborarlas.

Como docentes, necesitamos impulsar a nuestros alumnos, intentar hacer la mejor versión de ellos mismos para que el resultado de aprendizaje no sea únicamente el cumplir con el programa o el perfil de egreso sino de hacerlos competentes antes los retos de la vida laboral.

Enseñar con objetivos universitarios no es sencillo, hay docentes que se ven tentados a aplicar dinámicas diseñadas para adolescentes y no para adultos, sin que elaboren algo que les haga adquirir mayor conocimiento y al mismo tiempo fije el aprendizaje.

La evaluación en el aula es formativa y sumativa. Actualmente las técnicas se diversificaron y las estrategias permiten, para quien se aplica, llegar a la meta.

El problema de la evaluación universitaria el día de hoy es que los estudiantes están acostumbrados a recibir, por el mínimo esfuerzo o por uno poco estructurado una calificación aprobatoria no mediana sino alta. La dificultad comienza cuando éstos deben adecuarse a los verdaderos cánones que presenta la vida laboral, la investigación y… la competencia.

Aplicar la autoevaluación no es sencilla, pues existen dos factores que producen resultados no favorables. El primero es la falta de ética, desprovistos de valores los jóvenes universitarios se otorgan sin problema alguno la nota más alta con el simple propósito de obtener buenos resultados pese a quien le pese. El segundo es la autoestima, existen estudiantes incapaces de reconocer las faltas pues de hacerlos tendrían que hacerse responsables de su comportamiento, aceptar que necesitan trabajar más duro, etc., y emocionalmente no están preparado para eso.

Sin compararnos con las potencias en educación, lo que necesitamos para mejorar en México no es tener miles de graduados universitarios, ser el primer país en Latinoamérica con más egresados de licenciatura sino, establecer las pautas que les permitan ser competentes en el área de conocimiento que elijan, así como valorar los oficios y ponerlos nuevamente en vigencia, pues son indispensables para la sociedad.

Una verdadera evaluación formativa universitaria permitiría estandarizar conocimientos y desarrollar competencias que los lleven a emplearse en eso que les satisfaga.

Un paradigma que debe cambiar es el obligar a los hijos a hacer una licenciatura cuando éstos no están dispuestos a continuar estudiando, el resultado en el aula es terrible y se convierten en focos rojos para las instituciones pues obstruyen el aprendizaje de sus compañeros gracias a su desinterés.

Cómo evaluar a los universitarios es un cuestionamiento que continuamente me pregunto, sobre todo cuando, sea pública o privada, se tiene la exigencia de conservar matrícula.

No es cierta la teoría que la vida reprueba, ya egresados a los universitarios. La realidad es que en el aula no podemos hacer cursos remediales de los vacíos educativos de los estudiantes al tiempo que tampoco podemos avanzar si no libramos todas las barreras que una mala formación trae como consecuencia.

Laus Deo

@paulanajber

 


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Paula Nájera

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