Opinión

Frente a la ultraderecha: ¡viva el pastafarismo! / Cinefilia con derecho

 

No tengo problemas con la religión. Con lo que tengo

problemas es con la religión que pretende hacerse

pasar por ciencia. Si existiera un dios y fuera

inteligente, creo que tendría mucho sentido del humor

Bobby Henderson  

 

La embestida de grupos ultraconservadores en México y en Aguascalientes puede advertirse desde hace algunos años y se intensificará en las próximas elecciones, con acciones que van desde la presunta “calificación” de las propuestas de campaña, hasta las amenazas directas de que no se votará contra ciertos candidatos por sus ideas liberales, grave es que, por omisión y acción de diversas autoridades, esta clase de pensamientos retrogradas y que deberían ser ajenos al estado liberal y laico, se materialicen como una posible opción del país, el último desacierto es la presunta constitución moral, documento que pese a las buenas intenciones que pudiera tener, huele definitivamente a esa imposición de un tipo de ideología.   

Vemos como ejemplo de ello, la discusión de hace un par de meses, donde se puso en tela de juicio si la Universidad Autónoma de Aguascalientes debía permitir un debate que de fondo traía la negación de derechos humanos de personas de la comunidad LGBT, me dio gusto que la máxima casa de estudios lo hubiese rechazado, aunque no por las razones que se alegaron en aquel entonces, sino porque este lugar, es donde se debe dar la lucha de ideas inscrita en los valores democráticos y el conocimiento científico, por ello debemos rechazar toda clase de disputa que se aparte de esos lineamientos. Así lo ha afirmado la SCJN en la tesis 1a./J. 81/2017 (10a.) donde señala: “El contenido mínimo del derecho a la educación obligatoria (básica y media superior) es la provisión del entrenamiento intelectual necesario para dotar de autonomía a las personas y habilitarlas como miembros de una sociedad democrática. Por ello, el derecho humano a la educación, además de una vertiente subjetiva como derecho individual de todas las personas, tiene una dimensión social o institucional, pues la existencia de personas educadas es una condición necesaria para el funcionamiento de una sociedad democrática, ya que la deliberación pública no puede llevarse a cabo sin una sociedad informada, vigilante, participativa, atenta a las cuestiones públicas y capaz de intervenir competentemente en la discusión democrática”.

No cualquier cosa se puede debatir en nuestros centros de investigación universitaria, imaginemos que alguien quisiera volver a indagar si la tierra es redonda o sostener la validez de la teoría creacionista, no hay lugar para ello (a menos que sea en la materia de historia de la ciencia). En el año 2005, y frente a la absurda idea de enseñar en el sistema educativo de Kansas junto con el evolucionismo, la teoría de un diseño inteligente (creacionismo) el físico Bobby Henderson exigió que a lado de esas dos teorías, se añadiera una tercera, la de su propia religión que se basaba en una deidad creadora sobrenatural en forma de espagueti con albóndigas, lo que era una sátira se transformó en un movimiento gigantesco que protestaba, a través de la burla, del conservadurismo que buscan imponer pensamientos alejados de la razón y la ciencia. Tan divertido el pastafarismo que dice el su profeta: “Con millones, sino miles de fieles devotos, la Iglesia del Monstruo de Espagueti Volador es ampliamente considerada una religión legítima incluso por sus opositores principalmente fundamentalistas cristianos, quienes han aceptado que nuestro dios tiene las bolas más grandes que el suyo”.

La también llamada ultraderecha, emprendió incluso acciones legales, atacando como inconstitucional de la Ley de los Derechos de las Niñas, Niños y Adolescentes para el estado de Aguascalientes, sin embargo la Suprema Corte de Justicia de la Nación les dio un revés, en una serie de criterios que aparecieron en la Gaceta del Semanario Judicial de la Federación del pasado mes de enero de 2018; hemos escuchado de igual forma, las declaraciones de grupos que afirman que “orientarán” el voto con base justamente en esas ideas propias de la edad media. Es grave que en nuestro estado, las voces de clero y de los laicos que no están de acuerdo con esas posiciones, no salgan a la palestra pública. Ante esta pasividad que permite las acciones violadoras de derechos humanos y principalmente al haber sido tocado por el apéndice tallarinesco del Monstruo del Espagueti Volador, he decidido convertirme al pastafarismo, viva el único y verdadero dios de la pasta y las albóndigas.

 

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Rubén Díaz López

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