Opinión

John Reed / Café Fausto

 

Pienso que tendría unos dieciséis años de edad cuando me encontré con un ejemplar de México insurgente de John Reed, ese magnífico libro en el que narra su cobertura como corresponsal de guerra en el México de 1914 durante la Revolución Mexicana, después de leerlo decidí dedicarme al periodismo.

En esa edición Renato Leduc nos cuenta en su prólogo que conoció al poeta y periodista que años después fue testigo de la Revolución Rusa descrita en su obra Diez días que conmovieron al mundo.

Renato Leduc, sí, ese autor de Historia de lo inmediato, que gustaba de los toros y que venía a la Feria de San Marcos para ver las corridas como cronista, ése del que hubo una placa en su memoria en el Hotel Francia, es el mismo que cuando tenía diecisiete años conoció en Chihuahua a “Juanito” Reed, como le decían en ese lugar en aquellos años. Narra que la última vez que lo vio fue cuando el estadounidense dejaba un despacho noticioso en la oficina de telégrafos.

Sobre su obra, expresa que era “¡Reed, el trovador! En los relatos de México insurgente, bien sean sobre fiestas o fracasos, salta cada párrafo una penetrante sensibilidad literaria, un raro sentido poético, una gracia indefinible, una traviesa alegría que ya no está presente en el monolítico monumento a Los diez días que estremecieron al mundo”.

Esa sensibilidad literaria, pero también ese compromiso ideológico a favor de las causas del pueblo se puede encontrar en Reed dentro de otros textos como Villa y la Revolución Mexicana, Hija de la Revolución y Guerra en Paterson, sobre la huelga obrera en Nueva Jersey.

Sus textos en el periódico The Masses, así como en el Metropolitan Magazine, diario que lo envió a la cobertura de la Revolución Mexicana, son prueba de esa labor de acercarse a las historias de las mujeres y hombres comunes que viven cada día como actores del proceso social y de los que decidió ponerse de su lado.

¿Hasta dónde es válido realizar un periodismo militante o comprometido, es decir, tomando partido a favor de una causa justa dentro de un proceso histórico, sin perder la necesaria objetividad periodística al reflejar los hechos y contribuyendo así a la transformación social en ese momento?

Sin duda, romper esa delgada línea entre la objetividad y el compromiso ideológico tiene un gran riesgo, sin embargo, plumas como la de John Reed nos mostraron que su contribución fue importante para comprender en su momento y en nuestros tiempos lo sucedido desde su perspectiva como testigos de ese fenómeno social que les tocó cubrir y al que desde su perspectiva ideológica decidieron apoyar. Lo importante en este caso es definirse como periodista, saber dónde está el pueblo y sin perder objetividad de lo que se observa y describe, narrar lo que la gente lucha y se esfuerza para cambiar verdaderamente su entorno. Puedo entender en tomar partido en sentir en lo más profundo el enojo ante las injusticias y los abusos para así mostrarlos a quienes reciben esa noticia.

Con los años, lo que el periodista escriba lo mostrará tal cual era y sabremos si estuvo a la altura del momento histórico que le tocó vivir. Ese es el gran reto del periodista en momentos en los que sabemos que la sociedad puede lograr una transformación verdadera.

Otros periodistas extranjeros como Reed realizaron una importante labor de cobertura de la Revolución Mexicana, aunque desafortunadamente su trabajo es poco difundido en nuestro país. John Kenneth Turner, recordado por su libro México bárbaro que narra el criminal modelo de explotación y desigualdad porfirista, el también escritor Jack London, Richard Francis Phillips, Muke Gold, Linh A. E. Gale, Bertram D. Wolfe y Carleton Beals son algunos de los que en su momento pude leer a través de la acertada antología Bajando la frontera realizada por el escritor e historiador Paco Ignacio Taibo II.

Al leerlos podemos ver desde una mirada diferente lo sucedido en la Revolución, es a la vez vernos en ese espejo que nos dice quiénes éramos y en qué nos hemos convertido. Sin duda a Reed siempre le tendré la profunda gratitud de acercarme al difícil, pero grato oficio del periodismo.

Refill: Pues sí, John Reed también fue poeta, aunque desafortunadamente se conoce muy poco su obra en México ya que, hasta donde tengo conocimiento, no hay traducciones al español de sus poemas aunque en Estados Unidos existen al menos dos recopilaciones en su idioma.

Sin embargo, buscando en internet encontré varios de los poemas publicados en la revista Poetry de Nueva York, editada en abril de 1919. Sabedor de mis limitaciones como traductor, me atrevo a compartir el texto en inglés de su poema “Proud New York”.

“By proud New York and its man-piled Matterhorns, / the hard blue sky overhead and the west wind blowing, / steam-plumes waving from sun-glittering pinnacles, / and deep streets shaking to the million river-

Manhattan , zoned with ships, the cruel / youngest of all the world’s great towns, / thy bodice bright with many a jewel, / imperially crowned with crowns…

Who that has known thee but shall burn / in exile till he come again / to do thy bitter will, o stern / moon of the tides of men!”

Queda como reto de algún interesado el realizar la recuperación y selección de sus poemas para traducirlos y publicarlos, yo con gusto y curiosidad los leería.

 


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Fabián Muñoz

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