Opinión

La fiesta y el cambio social / Opciones y decisiones

Algún día, eran los años setenta, un amigo estudiante de Liturgia en Harvard Divinity School (Cambridge, Mass), Irving Gagnon -a quien apodábamos de cariño Sherman, como a los tanques norteamericanos de la Segunda Guerra Mundial, por su parecido fortachón-, comentó algo así como: la importancia de la Liturgia, entiéndase Celebración Eucarística, reside en que “lo que oramos es lo que creemos”. Lo que interpretado equivale a decir, el fundamento de nuestra fe es el contenido que expresa nuestra oración pública y comunitaria. El rito es proclamación de fe, en acto. Why the rito?, diría algún famoso comunicador.   

Y el hecho social de esta afirmación tan lacónica como contundente, probablemente no nos hace automáticamente teólogos a todos, pero sí nos da un criterio de distinción frente a otras profesiones de fe y de ética militante de vida, si queremos ser de veras coherentes en la práctica, con lo que decimos ser nuestras creencias fundamentales como creyentes. Esta remembranza y nota viene a cuento en el contexto de la víspera de inicio de la Semana Santa 2018. En que, socialmente hablando, todos nos dispersamos en múltiples formas de vacacionar o de simple descanso en casa; o probablemente de ejercer, efectivamente, nuestro derecho humano fundamental a ejercitar con devoción la fe que decimos profesar. Cualquiera de ambos casos nos conduce a la opción básica o de huir del mundanal ruido para entrar en oración y reflexión existencial, o de insertarnos en ese febril acometimiento de viajar, hospedarnos y pretendidamente disfrutar unos días de asueto generalmente en familia, lejos de la rutina laboral y hogareña.

En donde, la búsqueda de significado a cualquiera de ambas opciones queda condicionada a la claridad mental con que orquestamos una o la otra posibilidad de ocupar nuestro tiempo de ocio creativo y/o recreador; a consciencia de que éste último es la sustancia real de lo que la cultura popular consagra como folklore estacional de inicio de la Primavera, el lapso que va de las fiestas del Carnaval a la conclusión de la Semana Mayor, que socioculturalmente hablando son fiestas de revitalización de la comunidad; para el caso, el tiempo integrado entre el Triduo Pascual y la Semana de Pascua. Criterios que no ha establecido ni el sistema educativo mexicano, ni el tiempo vacante de servicios públicos, sino y simple y llanamente la fe tradicional de nuestros padres; la cultura popular de la que somos portadores, y la religiosidad de las culturas subalternas de las que somos sujetos vivos y actuantes.

Entre muchas opciones de reflexión particular, elijo la de los derechos fundamentales de los que somos sujetos, ya que nos encontramos en la famosa brecha intercampañas, en que se exacerba el sentimiento y la pasión política por elegir una opción vital para el país. Resulta que el Derecho Positivo Mexicano se ancla en la garantía constitucional de los derechos humanos. Y creo que tan solemne declaración merece ser citada a todo lo largo y ancho de su contenido original. Sea.

Artículo 1o. En los Estados Unidos Mexicanos todas las personas gozarán de los derechos humanos reconocidos en esta Constitución y en los tratados internacionales de los que el Estado Mexicano sea parte, así como de las garantías para su protección, cuyo ejercicio no podrá restringirse ni suspenderse, salvo en los casos y bajo las condiciones que esta Constitución establece. (Reformado mediante Decreto publicado en el Diario Oficial de la Federación el 10 de junio de 2011)

Las normas relativas a los derechos humanos se interpretarán de conformidad con esta Constitución y con los tratados internacionales de la materia favoreciendo en todo tiempo a las personas la protección más amplia. (Adicionado mediante Decreto publicado en el Diario Oficial de la Federación el 10 de junio de 2011)

Todas las autoridades, en el ámbito de sus competencias, tienen la obligación de promover, respetar, proteger y garantizar los derechos humanos de conformidad con los principios de universalidad, interdependencia, indivisibilidad y progresividad. En consecuencia, el Estado deberá prevenir, investigar, sancionar y reparar las violaciones a los derechos humanos, en los términos que establezca la ley. (Adicionado mediante Decreto publicado en el Diario Oficial de la Federación el 10 de junio de 2011).

Está prohibida la esclavitud en los Estados Unidos Mexicanos. Los esclavos del extranjero que entren al territorio nacional alcanzarán, por este solo hecho, su libertad y la protección de las leyes. (Adicionado mediante Decreto publicado en el Diario Oficial de la Federación el 14 de agosto de 2001)

Queda prohibida toda discriminación motivada por origen étnico o nacional, el género, la edad, las discapacidades, la condición social, las condiciones de salud, la religión, las opiniones, las preferencias sexuales, el estado civil o cualquier otra que atente contra la dignidad humana y tenga por objeto anular o menoscabar los derechos y libertades de las personas. (Reformado mediante Decreto publicado en el Diario Oficial de la Federación el 10 de junio de 2011).

Fuente: Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos. Texto Vigente. Publicada en el Diario Oficial el 5 de febrero de 1917. (En vigor a partir del 1 de mayo de 1917, con excepción de las disposiciones relativas a las elecciones de los Supremos Poderes Federales y de los Estados, que desde luego entraron en vigor). Aprobada por el Congreso Constituyente el 31 de enero de 1917. Promulgada el 5 de febrero de 1917.

Texto publicado por la UNAM, por el Instituto de Investigaciones Jurídicas, IIJ, (N. de E. IIJ: En la presente versión de la Constitución cada párrafo contiene la fecha de la última modificación. Los párrafos o artículos que no tienen indicada alguna reforma, adición o derogación, son textos que no han sido modificados desde la publicación de la Constitución del 5 de febrero de 1917).  

En donde notamos la graduación: materia, autoridades del Estado obligadas, prohibición de la esclavitud –ojo con la trata de persona y/o explotación de cualquier tipo-, y la prohibición de toda forma de discriminación de personas, que atenten contra la dignidad de la persona humana y/o su libertad. Este solo enunciado puede ser contrastado, en la Historia, con personajes, grupos humanos u organizaciones que han hecho de estos principios principalísimos la Norma No Normada a su vez que rige al existencial humano. En este sentido, un personaje adalid de los derechos humanos es precisamente Jesús de Nazareth, de la Palestina antigua, que hizo de su compromiso con esos principios esenciales, su razón de ser, su misión vital, su sentido existencial, al final, su oblación personal trascendental. En obsequio a la extensión posible de este espacio, apunto una gran síntesis de su excepcional personalidad que le mereció el título de Mesías y Salvador.

El Jesús de las grandes actitudes. Y es por aquí por donde creo que la investigación sobre Jesús puede encontrar una vía de salida al “callejón sin salida” en el que se encuentra. Más allá del retrato o perfil definido de su persona -que dependerá siempre del contexto en el que lo sitúe cada autor, del método con que lo aborde o de las fuentes que utilice- creo que estamos en condiciones de recuperar las grandes actitudes o comportamientos básicos del Jesús de la historia. Las líneas maestras de su estilo de vida y de su mensaje, que son proclamadas también por la comunidad primitiva, deben apuntar, a mi juicio, en mayor o menor grado, a sus comportamientos y actitudes básicas. Si la fórmula primitiva “Jesús es el Cristo” no es un mero invento de los primeros cristianos, para montar sobre ella la historia de un fraude, hemos de pensar que ellos -cuando anunciaban a Jesús muerto y resucitado- transmitían fielmente al menos el contorno de su figura, resaltando -con mayor o menor intensidad y según las nuevas y cambiantes circunstancias de sus comunidades-, los rasgos principales de su personalidad. (Cfr. Koinonía. Jesús Peláez. Un largo viaje hacia el Jesús de la historia. Koinonía> RELat > 244. http://servicioskoinonia.org/relat/244.htm).

Este núcleo, común a los evangelios y al resto de los escritos del Nuevo Testamento cuando se refieren a Jesús, abarca, al menos, cuatro rasgos distintivos de su personalidad histórica: su libertad suprema, su proclamación de la igualdad entre los seres humanos, su apertura universal a todos, especialmente a los excluídos de la sociedad, y su amor solidario, como resultado de sentirse poseído por el Espíritu del Dios-amor a quien llama “Padre” 64.

(En esta nota explicativa del autor, consigna: 64. No hay espacio en este trabajo para fundamentar estas afirmaciones, que pueden ser objeto de otro trabajo; estas cuatro actitudes básicas de Jesús son las que los escritos neotestamentarios reclaman como características de su comunidad de seguidores. Cf. mi artículo “Valores humanos para una comunidad cristiana”, Frontera 5 (1998) 27-46, donde expongo que una comunidad cristiana tiene que estar impregnada por estos cuatro valores, que emanan de lo más hondo de la personalidad de Jesús de Nazaret.)

Y encontramos esta recapitulación del gran recorrido histórico que hubo de hacerse para llegar aquí: El proyecto vital de este Jesús de la historia fue llevar a los hombres a la plenitud humana, lo que equivale en el lenguaje evangélico a hacerlos hijos de Dios. Colocando al hombre en el centro de atención, chocó frontalmente con el templo y con la Ley, utilizados por los dirigentes para someter y no para liberar al pueblo. Por esto lo mataron. (Fuente: Koinonia. Jesús Peláez. Un largo viaje hacia…Ut supra).

 

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Francisco Javier Chávez Santillán

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