Opinión

La Pona: Aniquilación / Cinefilia con derecho

 

El caso de la Pona, junto al Bosque de Cobos, son dos signos emblemáticos de la lucha de esta ciudad, de este estado, por conservar sus recursos naturales, por ser más amigables con el entorno, lograr ampliar los espacios ciudadanos, principalmente proteger su ecología, lo que significa al menos dos cosas: gozar de un mejor aire y contar con mayores recargas para los mantos acuíferos, si bien la contaminación atmosférica aún no es un problema grave para nuestra ciudad, la falta de agua en los pozos es un punto que desde hace años enciende focos rojos.

En mis épocas de adolescente, recuerdo que en alguna de aquellas revistas de carácter dudosamente científico (Conozca más o Muy interesante) se hablaba de una teoría que postulaba que las nuevas enfermedades como el sida o ébola, eran una respuesta de la tierra que, como todo ser vivo, al experimentar una enfermedad, creaba mecanismos de defensa para extirparla. Los hombres son esa plaga, reproduciéndose de forma acelerada, explotando irracionalmente los recursos, llenando de planchas de concreto la superficie del planeta, contaminando agua y cielo, extinguiendo animales, de tal forma que, este sistema, reacciona ante esa amenaza buscando de igual forma la eliminación del ser humano.

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Esta idea de exterminio humano, es uno de los hilos conductores en Annihilation, la nueva y exitosa película de ciencia ficción de Netflix, que trata sobre cómo al caer un meteorito en la tierra, comienza a expandirse un extraño campo magnético que afecta la estructura de ADN de los seres vivos, potenciando las cualidades según el propio carácter del ente, de tal forma que en el caso de las plantas y los animales de carácter pacífico, las hace aún más bellas, en cambio en los osos y cocodrilos el efecto es violento, luego, es obvio que al ser humano, que tradicionalmente es un Homo Homini Lupus, lo transforma radicalmente en contra de sí mismo.

A medida que el hombre desaparece, vemos cómo la naturaleza le gana terreno a las creaciones humanas, de ahí la arista ecologista de la cinta que ha sido un éxito del canal de streaming. Es dirigida por Alex Garland, el escritor de peliculones del género como 28 días después (2002) y 28 semanas después (2007) cuenta además con una excelente actuación de Natalie Portman. Aunque la aventura congrega a cinco mujeres, no estoy tan seguro de que, por la forma en que son enfrentadas en el guion, sea del agrado de las feministas. A pesar de que el final se vuelve lento y un tanto simbólico, lo cierto es que nos logra mantener al filo del sillón.

La autorización del Cabildo, para exterminar dos terceras partes de un punto ecológico medular para el centro y oriente del estado como lo es la Pona, en el fondo encierra además de un ecocidio, un suicidio, nos aniquilamos a nosotros mismos cada que se permite talar extensiones así de amplias de bosques, más tratándose de una especie de lento crecimiento, como lo es el mezquite. ¿Que no es fácil lograr su conservación ya que es de propiedad privada? Pues no, los proyectos de política pública de esa naturaleza son costosos, la Línea Verde (más de 100 hectáreas) el Parque Rodolfo Landeros (70 hectáreas) el Bosque Urbano de la colonia del Valle así lo demuestran. Sin embargo, debería valer la pena el esfuerzo.

En la semana, mi casa editorial daba cuenta de que la diputada Citlalli Rodríguez está proponiendo buscar una consulta popular para validar o no la decisión del cuerpo colegiado del municipio, me parece interesante un ejercicio de tal naturaleza, pues desde que se creó la ley sobre participación ciudadana (2002) nunca se ha llevado a cabo un mecanismo de esta naturaleza. Debo confesar que, al leer la nueva ley de participación aprobada por la legislatura actual, fui un pesimista, por la enorme cantidad de candados que mantiene o crea, basta con decir que la revocación de mandato es una tomadura de pelo, pues su eficacia después de preguntar al pueblo, dependerá de la aprobación de dos terceras partes de los diputados. Sin embargo, esta idea de permitir que la ciudadanía se manifieste en torno a La Pona, pudiera no sólo significar que la ley funcione efectivamente, sino que se refresque una democracia sumamente acartonada. En fin, que la posibilidad está ahí, latente, para desaparecer lo que, en una lógica de políticas públicas, debería ser una gran área verde en este inmenso bloque de concreto y de automóviles, en que se ha convertido esta ciudad.

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Rubén Díaz López

Rubén Díaz López

2 Comments

  1. Mario mtz
    26/03/2018 at 08:33 — Responder

    Y quien es el humano para “defender” a la naturaleza ? Ella se adapta sola sin defensores egoístas e inútiles que por hacer pleito terminan matando lo que dicen defender nunca se ponen de acuerdo pasa el tiempo y se consume la zona.
    Con esos amigos…

    • Rubén Díaz
      26/03/2018 at 10:12 — Responder

      ¿Pasa el tiempo y se consume la zona? No te equivoques, es un falso debate, si se consume es porque los dueños la lastiman y la autoridad no hace nada, en realidad si no hubiera mano del hombre, que pase el tiempo, la zona se mantendría, lo que queremos es que pase el tiempo sin meterle mano.

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