Opinión

La universidad y la comercialización / El peso de las razones

 

¿Por qué se ha incrementado la comercialización de la universidad? Se pueden sugerir explicaciones que responsabilizan a los rectores o presidentes de las universidades que pretenden mantener las pautas burocráticas y, con ello, el apoyo gubernamental. No obstante, las relaciones gubernamentales suelen involucrar en ocasiones conflictos de intereses con empresas que necesitan de la asistencia de personal especializado en la manufactura; de este modo, hacen que la universidad se concentre más en la enseñanza del know how que en la formación integral de los estudiantes.

Otra de las posibles explicaciones es aquella que muchos académicos han señalado: el hecho de que las universidades presentan una carencia de propósito. Más allá del emblema de la excelencia académica, las universidades han perdido el propósito de generar conocimiento y enseñarlo. Como lo señala Derek Bok -antiguo presidente de la Universidad de Harvard-, estos argumentos provienen de parte de académicos que pertenecen al gremio humanista. Pero si examinamos en qué áreas de la universidad se ha inclinado más la comercialización, observaremos que es en aquellas disciplinas que tienen mayor impacto en la producción mercantil, farmacéutica o, en general, tecnocrática. Y del hecho de que dicha comercialización se incline de este lado de la balanza no se sigue que no exista un propósito o compromiso de los académicos (pues de hecho existe dicho compromiso). “Si existe una confusión intelectual en la academia que alienta la comercialización -prosigue Bok-, es una confusión sobre los medios y no sobre los fines”.

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Bok tiene un punto importante. El hecho de que la comercialización sea un factor relevante en muchas de las universidades de vanguardia no indica que desfigure en su totalidad a las investigaciones universitarias. El científico o investigador puede poner el empeño necesario y trabajar con la misma honestidad intelectual al elaborar un trabajo por pedido (y darle sentido y propósito), pero no así gozar de la autonomía que la universidad le brinda. En todo caso, la financiación -el medio- desfigura y condiciona las investigaciones debido a los intereses particulares de los patrocinadores. Ello afecta al progreso de la universidad, en tanto que se concentra en los intereses de terceros y no en el conocimiento en sí mismo.

No obstante, a pesar de que la crítica que ofrece Bok sobre la posición humanista parece plausible -el hecho de que la falta de propósito no sea la causa de la comercialización-, no podemos descartar que las empresas hayan deshumanizado a la universidad, y que condicionen y dirijan, en muchas ocasiones, a las investigaciones. De este modo, desproveen y le quitan peso al conocimiento reflexivo para otorgarle más peso a las habilidades sobre las actitudes, que se rigen por la producción en masa o la solución de problemas inmediatos a nivel comercial. Así, cuando la universidad se desencamina por la vía de la comercialización excesiva -al querer obtener mayor financiación- pierde de vista su objetivo central: la formación de seres humanos preparados para enfrentar la incertidumbre y la vida.

Pero ésta no es la única manera en que la comercialización afecta a la universidad y al progreso en la investigación científica. Existen, al menos, otros dos factores que requieren revisión y atención: (1) la discreción y (2) los conflictos de intereses.

La discreción debe entenderse como un factor epistémico que bloquea la dispersión o transmisión de conocimientos relevantes para el progreso científico. Las grandes empresas que financian las investigaciones piden a los investigadores que sean discretos sobre su investigación en curso. Esto les beneficia en tanto que las empresas competidoras no tienen acceso a dicho conocimiento y, por tanto, no ofrecen el mismo producto (o no con la misma calidad). La discreción vista en su relación con el conocimiento va en contra de uno de los principios básicos de toda investigación científica: que el conocimiento obtenido sea público para que exista progreso continuo.

Por su parte, el conflicto de intereses en la investigación científica afecta -o suele dar la impresión de que afecta- al juicio o al reporte de resultados del investigador, involucrando intereses económicos o consideraciones personales. En muchas universidades norteamericanas, los investigadores suelen tener acciones en empresas para las que investigan, o dichas empresas les proporcionan todo el capital necesario para el desarrollo de una investigación que beneficiará a ellas mismas. De este modo, la objetividad del investigador suele nublarse o no hablar desde los hechos. O, a pesar de que procedan de una manera honesta y con la intención de mostrar sus resultados con objetividad, los investigadores pueden perder credibilidad debido a los posibles sesgos que introduzcan los intereses involucrados en la investigación. Así lo considera Derek Bok: “En la mayoría de las investigaciones científicas, cualquier sesgo en el trabajo realizado es probable que se descubra tarde o temprano cuando otros investigadores repliquen los estudios… Los científicos con vínculos corporativos naturalmente niegan que los intereses financieros tengan algún efecto en su trabajo científico. Sin embargo, varias investigaciones han demostrado que los investigadores que informan sobre la eficacia de los fármacos, producidos por las empresas con las que tienen intereses involucrados, tienen más probabilidades de informar resultados favorables que los científicos sin esos vínculos. Otros estudios han demostrado que los ensayos clínicos financiados por las compañías farmacéuticas son mucho menos propensos a llegar a conclusiones desfavorables que los ensayos financiados independientemente”.

Ambos factores no favorecen ni al progreso científico, ni a la obtención de conocimiento y su dispersión al público de una manera confiable. Esto no sólo conduce a tomar malas decisiones al investigar, sino que desinforma a la sociedad sobre el uso de ciertos productos. El hecho de que la universidad esté mucho más ligada a la comercialización excesiva nos da muestra de su objetivo se ha desencaminado.

 

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Mario Gensollen

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