Opinión

El legado de Ana Frank / Análisis de lo cotidiano

Hoy 12 de marzo se cumplen 73 años de la muerte de Ana Frank. Falleció de tifus en el campo de concentración de Bergen Belsen Alemania cuando tenía 13 años de edad y en esa corta edad alcanzó la notoriedad por haber escrito el diario durante los dos años y medios que estuvo escondida junto con su familia en una habitación oculta en la casa de unos amigos en Ámsterdam, para protegerse de la persecución nazi, ya que eran judíos. De las ocho personas que estuvieron ocultas solo sobrevivió su padre Otto Frank, quien al regresar del campo de concentración de Auschwitz, recibió el diario que uno de sus protectores había guardado. Se sorprendió de que su hijita lo hubiera escrito ya que él nunca se dio cuenta a qué horas lo hacía. Además, creyó que el estilo literario era valioso y lo llevó a unos editores quienes le confirmaron que, para ser escrito por una chiquilla, que lo hizo entre los 11 y los 13 años era sorprendente, por su habilidad para describir las emociones humanas y los momentos de conflicto interpersonal, además de la convivencia forzada entre personas sometidas al agobiante estrés de la guerra y la persecución. Una adolescente fue capaz de expresar desde su única experiencia de vida el absurdo de la discriminación racial, el odio insensato y la crueldad de la guerra. Que la llevaba a cuestionarse la existencia de una humanidad juiciosa. Nelson Mandela lo leyó en prisión y asegura que le sirvió para resistir. Hillary Clinton al recibir el premio humanitario Elie Wiesel, comparó su sacrificio con el de las niñas de Ruanda, Somalia y Etiopía, así como los abusos cometidos en niñas y jóvenes en Sarajevo. Su corta vida, su dramática muerte y su importante documento siguen siendo referentes a las injusticias, discriminaciones, abusos y la locura de la segregación por color, raza, credos, sexo, preferencias, género y todas las variables que son utilizadas para la marginación. La historia de estas inconsistencias de la conducta no comenzó con Ana Frank y siguen ahora en pleno Siglo XXI, lo cual nos permite suponer que no terminarán nunca. Prueba de ello es que aún cuando el Diario (que ella tituló La Habitación de Atrás), es un icono de lucha por la igualdad, tiene una gran cantidad de enemigos. Todavía al día de hoy existen escritores, politólogos e historiadores empecinados en demostrar que el escrito es falso. Varias investigaciones bibliográficas y paleográficas han demostrado su autenticidad, entonces nos damos cuenta de que la batalla por difamarlo es nuevamente una lucha ideológica. Esta es nuestra realidad, al menos en este momento, la pretensión del dominio de las posturas, las ideas, las creencias de una persona o grupo por encima de las demás, única y exclusivamente por la pertenencia, sigue siendo materia de conflicto. En este pequeño planeta aún no logramos la convivencia armónica global. Pero seguimos en ello, todavía existimos los optimistas. Ana Frank murió un mes antes de que el campo de concentración en el que se hallaba fuera liberado por los británicos el 13 de abril de 1945.

 

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