Opinión

El nuevo paradigma axiológico propuesto por la ética ambiental

Víctor Hugo Salazar Ortiz

Movimiento Ambiental de Aguascalientes A.C.

 

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La visión axiológica antropocéntrica tradicional comenzó a ser cuestionada filosóficamente a partir de la década de 1970. La crítica a tal visión obedece básicamente a la idea de que los seres humanos tenemos deberes morales hacia el mundo no humano, mismos que no se reconocieron ni se consideraron en el pasado. Se han señalado como las causas principales de esta falta de consideración moral dos hechos: el primero, una arraigada tradición religiosa de origen judeocristiano que sostiene la idea de que los seres humanos somos criaturas divinas y que, por mandato divino, tenemos el derecho y la obligación de someter el mundo y las criaturas que en él habitan (Génesis 1, 26-28). El segundo hecho que justifica las acciones de dominio hacia el mundo natural es que los seres humanos somos la única especie con capacidad racional y lingüística, lo cual nos permite tener una clara consciencia de nuestra conducta moral, de acuerdo con lo establecido desde Aristóteles.

La razón de que el hombre sea un animal social más que cualquier abeja y que cualquier otro animal gregario, es clara. La naturaleza no hace nada en vano. Sólo el hombre, entre los animales, posee la palabra. La voz es una indicación del dolor y del placer; por eso la tienen también los otros animales. (Ya que por su naturaleza ha alcanzado hasta tener sensación del dolor y del placer e indicarse estas sensaciones unos a otros). En cambio, la palabra existe para manifestar lo conveniente y/o dañino, así como lo justo y lo injusto. Y esto es lo propio de los humanos frente a los demás animales: poseer, de modo exclusivo, el sentido de lo bueno y lo malo, lo justo y lo injusto, y las demás apreciaciones (Política, 1253a).

Estas facultades naturales nos han convertido, tradicionalmente, en miembros de la comunidad moral y han servido para defender y justificar un marcado antropocentrismo que ha mantenido que sólo los seres humanos pueden tener autoridad moral y valor intrínseco; en tanto que la naturaleza, sólo puede ser, en el mejor de los casos, algún tipo o especie de paciente moral y su valoración es instrumental, condicionada por una perspectiva humana en función de la satisfacción de nuestras necesidades.

Se señala a Immanuel Kant como uno de los principales promotores de esta postura, pues, en Lecciones de ética (1924), indicó que los seres humanos tenemos deberes directos para los miembros de nuestra especie, y sólo de manera indirecta con los animales. Para Kant, los animales son un medio para lograr un fin, pero no un fin en sí mismos. De acuerdo con este criterio, un borrego, por ejemplo, sólo tiene valor instrumental y éste está supeditado a su explotación, es decir, en tanto sirva como fuente de alimento, vestimenta, medicina o entretenimiento. Entonces, el sujeto natural, de acuerdo con Kant, no tiene por sí mismo valor intrínseco, sólo valor instrumental, es decir, es valioso sólo en la medida en que pueda ser utilizado para conseguir algún objetivo deseado por un ser humano.

La idea de que sólo los seres humanos poseemos valor intrínseco nos ha dotado además de un valor particular: impedir cualquier uso de nuestra persona como mero medio para que otra alcance algún fin. De acuerdo con las teorías que defienden la existencia de este tipo de valor, las personas siempre deben valorarse como fines en sí mismas, nunca de manera meramente instrumental, es decir, el valor de una persona no puede asentarse en la consideración «si me es útil, entonces es valiosa».

Decir que sólo los seres humanos poseemos valor intrínseco y por lo tanto que sólo nuestra especie es digna de consideración moral, generó el primer punto de quiebre entre la ética tradicional y el surgimiento de la ética ambiental. La principal preocupación de los primeros filósofos ambientales fue poner al descubierto el sesgo antropocentrista radical con el que se justificaba nuestra falta de responsabilidad hacia todo ente natural no humano. Esta situación motivó a un importante número de pensadores de distintos ámbitos a buscar, determinar y justificar las razones por las cuales algunas especies de animales no humanos y las entidades naturales, particular o colectivamente, merecen cierta consideración moral; asimismo, establecer qué facultades o características deben tener ciertos animales o entes naturales no humanos, análogas a las de nuestra especie, para que éstas sirvan como razones que justifiquen su valor intrínseco, lo cual nos obligaría a respetarlas, tal como lo hacemos con los miembros de nuestra comunidad moral, o al menos de manera semejante.

No puede negarse que este primer embate hacia la visión axiológica parcial del mundo hunde sus críticas en la visión antropológica y ética heredada por Kant; no obstante, es necesario enfatizar que el antropocentrismo ético y axiológico propuesto por Kant está dirigido, primero, a  justificar la autonomía de las personas en su conciencia individual, y en segundo lugar, a asumir que los seres humanos somos el único ser que crea valores. Entonces, lo que Kant enfatiza es la importancia que tienen las decisiones autónomas del sujeto en relación con su conducta, ya que éstas deben supeditarse al imperativo categórico de buscar siempre el bien como una imposición personal con carácter universal, lo cual implica hacer a un lado el egoísmo, y actuar altruistamente en beneficio de los otros.

Ahora bien, tradicionalmente “los otros” ha sido entendido estrictamente en el ámbito humano; sin embargo, este criterio puede ser aplicable para integrar en él a la totalidad del mundo natural, es decir, que se entienda que los “otros” pueden ser también muchas entidades naturales, de manera especial aquéllas en las que se manifiesta la vida; por tanto, tenemos la obligación de respetarlas, dejarlas de ver y utilizarlas como meros medios que están allí o como simples objetos que sirven para que los humanos las usemos y consigamos nuestros propios fines a costa de sacrificar su bien propio. Este es el cambio de paradigma que proponen los promotores de la ética ambiental se lleve a cabo.

 

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