Opinión

Stabat Mater de Dvorak / Orquesta Sinfónica de Aguascalientes

La obra programada ya era motivo suficiente para no perderse este concierto especial del viernes 23 de marzo, si a eso le agregamos el elenco de solistas, todos de primer nivel: la soprano es Marcela Chacón, la mezzo es Carla López Speziale, el tenor Dante Alcalá y el barítono, el que yo considero el mejor de México, el maestro Jesús Suaste, además el Coro Juvenil del Conservatorio de Celaya que yo no había escuchado anteriormente pero del que se hablaban maravillas, y claro, nuestra orquesta, y todos dirigidos por el maestro Areán, pues verdaderamente no había ya un razón inteligente para no asistir a este concierto. Al terminar el concierto, a pesar del carácter solemne e incluso doloroso de la obra, te recuerdo que el Stabat Mater, Estaba la Madre, es un himno católico medieval para acompañar a María en su sufrimiento de ver colgado de la cruz a su Hijo, sin embargo, creo que todos salimos con una sonrisa en la boca y contentos de haber degustado de una obra que es un indiscutible monumento en la música sacra, pero además de eso, por el excelente tratamiento que se hizo de esta joya sublime de la música de concierto. En una palabra podríamos sintetizar todo: impresionante.

A pesar de la mala acústica del lugar, ya anteriormente nuestra orquesta se había presentado ahí, recientemente, cuando el maestro Iván López Reynoso fungió como director interino, ofrecieron en este sitio un concierto y la acústica dejó mucho que desear, y seguramente esa era la única duda que nos brincaba a todos los que asistimos al concierto, mucha gente, por cierto, no quedó una sola silla desocupada.

Cierto es que el maestro Areán tiene poco tiempo en nuestra ciudad al frente de la Sinfónica, sin embargo ha enfrentado retos importantes, uno de ellos el del pasado viernes 23 de marzo, yo me atrevo a asegurar, con la certeza de que vendrán muchos conciertos igualmente grandiosos, que este ha sido la mejor noche de José Areán como director titular de la OSA, por algunos momentos llegamos a olvidar los evidentes problemas de acústica, el molesto rebote del sonido que dificultaban el pleno disfrute de esta maravillosa música, no obstante, el hecho de que se tuviera un lleno  sirvió de algo para mejorar un poco esta situación.

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Como te comenté líneas arriba, yo nunca había escuchado el Coro Juvenil del Conservatorio de Música de Celaya, pero desde los  primeros compases de su intervención entendimos todos los asistentes que ese centenar de jóvenes, -no sé realmente cuántos eran los que se presentaron, pero yo veía muchos- era un coro preparado y solvente para abordar cualquier repertorio, incluso el más exigente, como lo es sin duda es el Stabat Mater de Antonin Dvorak. De los cuatro solistas ya sabíamos más o menos qué esperar, no fue ninguna sorpresa el depurado y profundamente sensible trabajo que ellos hicieron, además de su técnica a la que definitivamente no se le puede reprochar nada. La orquesta por su parte, pues ya sabemos de qué está hecha, es una orquesta de primer nivel en el panorama mexicano de la gran música de concierto y que suele responder con calidad y solvencia a las batutas más exigentes y a los repertorios más comprometedores.

El maestro José Areán, ya sabemos, es un gran director, su vocación operística, al menos así me lo parece, lo hace desarrollar un oído especial para trabajar con cantantes, ayer estaba con cuatro grandes voces a las que trató con dignidad y supo cuidar muy bien, las fue acompañando para que la orquesta en ningún momento las tapara y pudiera lucir como finalmente lo hicieron, esto, a pesar de los graves problemas de acústica, no sé de dirección orquestal pero me imagino que el hecho de contar con tanto rebote de sonido hace más difícil el trabajo del director en su propósito de hacer lucir a los cantantes, ellos ponen lo suyo, sus voces y su talento, su dominio de la partitura y su entrega, lo demás dependerá del apoyo que desde el podio les ofrezca el director, y ayer todo salió casi perfecto, entendiendo que la perfección, humanamente, no existe.

Inevitable no salir del concierto sumido en serias reflexiones respecto a la necesidad de contar con un coro de primer nivel, de un coro que esté a la altura de nuestra Orquesta Sinfónica y que esté preparado para este tipo de retos que, de verdad, no son cualquier cosa. Me parece que en este momento se hace una verdadera necesidad, debe ser una prioridad contar con un coro numeroso, robusto, solvente, preparado y comprometido. Teníamos uno que iba caminando muy bien, el Coro de la Ópera, en su trayectoria enfrentó retos serios, no cualquier cosa, la Sinfonía de los Mil de Mahler, claro, en este caso apoyado por otros ensambles corales para cubrir las necesidades de la obra, varias novenas de Beethoven, óperas, oratorios, más de una ocasión Carmina Burana, en fin, se logró hacerse de un prestigio fundamentado en un buen repertorio, el gran caos vino después de haber cantado, o al menos intentar hacerlo, la Sinfonía Marina de Ralph Vaughn Williams, el coro estuvo a la altura de las circunstancias pero nunca a la altura de la partitura. Esperemos que pronto podamos contar un buen coro en Aguascalientes, lo cierto es que lo necesitamos.

 

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Rodolfo Popoca Perches

Rodolfo Popoca Perches

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