Opinión

¿Qué hace bien el feminismo? / Tres guineas

 

Para la conmemoración del 8 de marzo, Día Internacional de la Mujer, La Jornada Aguascalientes publicó una serie sobre los diversos feminismos que circulan y trabajan en el estado.

Tengo que decir que a excepción de dos de ellas, con quienes había compartido un café y una coca con anterioridad, no conocía a ninguna de las participantes. Ninguna de ellas, lamento decirlo, es mi amiga. Aguascalientes, un lugar con poco más del millón de habitantes, en donde la costumbre es darle voz -y sucede en todos los ámbitos- solo a los conocidos, parientes, amigos, o de quien se puede obtener un beneficio antes que proyectar al que sabe, hace o incide, ni yo las conocía a ellas ni ellas a mí. Y digo lastimosamente que no son mis amigas porque me bastó unos minutos de su tiempo para reconocer en ellas el germen de un movimiento que pretende eso, moverse y esparcir la semilla, las sembradoras de lo que se realiza en este puntito de la República y más allá todavía; son parte de una comunidad en la que cada una realiza labores específicas que buscan beneficiar y acercar a otras mujeres desde sus visiones y desde su feminismos.

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Sé que hay más sembradoras. Las reconozco no únicamente en redes sociales, sino en la realidad. Las he visto marchar, trabajar, ofrecer su mano, dar clases, escribir, viajar, cuidar enfermos, escuchar, cruzar toda la ciudad en bicicleta y a pie, bailar, las he visto dolerse con el sufrimiento de otras, las que no saben que hacen feminismo; sé que existen, que la lista es interminable y que no podía alargarla más porque todo tiene un fin.

Lo que sí me quedó muy claro es que en cada una de ellas hay concepciones específicas derivadas de su andar por los caminos cotidianos y que las dinámicas que han vivido las orillan a luchar desde su parcela por condiciones más equitativas, por la libertad, por la diversidad, por la justicia y por la autonomía. Y es en esta lucha donde todas ponen su cuerpo y su mente. Que por muy diversas que sean sus tareas, todas han implementado su propia política feminista en su corporalidad, el sexo, el género, la sexualidad, la violencia, la maternidad, la relación que tenemos las mujeres con el mundo, todas las materias que nos incumben y de las que urgen reconocimiento, reconceptualización y asimilación entre nosotras mismas.

Con estas mujeres está la comprobación de que el feminismo es subjetivo también. En cada una de las entrevistas me reconocí en muchos temas, pero también disentí en otros. He llevado mi propio proceso como la vida me ha empujado y entiendo que también establecí a partir de ello mi código en distintos grados de integración con ciertos feminismos, pero no por ellos invalido en lo que no concuerdo. Al contrario, fue enriquecedor observar de cerca la identidad y las diferencias, tanto, que también veo cuán dañino sería si estuviéramos homologadas, si nos reprodujéramos en serie, si todas pensáramos igual. Eso sí, ninguna diferencia es tan fuerte como para impedirnos las alianzas y los pactos, el voltearnos a ver, el conocer de cerca los trabajos de cada una, el involucrarnos, en reconocernos. Porque por más que se han empeñado en hacernos enemigas antes que cómplices, invisibles hasta entre nosotras, o en relaciones de producción, sometimiento, ninguneo, somos muchas las que nos seguimos resistiendo. Lo que no dejaré de señalar es la necesidad de establecer una comunicación y una crítica, que nosotras, protagonistas de esta transformación, debemos dialogar si somos conscientes que estamos construyendo una nueva sociedad, en donde estemos, como estemos. Pero esto no lo digo yo, lo recogí de estas charlas, de sus análisis, de sus preocupaciones.

Entendí que los hombres no son feministas, que nos falta trabajar en Aguascalientes en unidad, que nuestros cuerpos no pueden continuar sometidos a los deseos de los otros, que están sujetos a derechos que no nos han sido entregados y que nos falta pelear por ellos, que desde la academia hasta la periferia de la ciudad falta una infinidad de trabajo que no se va a hacer solo, que a los gobiernos les falta voluntad antes que presupuesto, que la sororidad no tiene que ver con darnos palmadas en la espalda, sino con tendernos la mano, que esta solidaridad viene de nuestras ancestras también.

El patriarcado, la clase, los privilegios, el cuerpo, la discriminación, la opresión, la violencia fueron las palabras que más repitieron, las que todavía son urgentes retomar, no se han agotado estos temas porque por estas mismas palabras la vida de las mujeres está en juego.

Y regreso, no serán mis amigas, pero sé, entiendo, que todas estamos en la misma búsqueda, donde mismo, con la mano tendida por si la otra necesita algo. Para mí, eso es lo que hace bien el feminismo.

 

Gracias a todas:

Tejer redes entre mujeres es uno de los secretos para la resistencia: https://bit.ly/2qBtEyU

Una apología a la diversidad corporal: https://bit.ly/2ERgzq8

Nosotras luchamos para que un día nuestro trabajo no sea necesario: https://bit.ly/2pe7jr9

Desde nuestros cuerpos miramos al mundo: https://bit.ly/2H3Il91

Hay que restituir la alegría, el placer y el gozo: https://bit.ly/2J0jVtu

Nuestro feminismo es informar: https://bit.ly/2HsyCIB

Somos el sueño que otras mujeres soñaron antes: https://bit.ly/2qAPfrX

La diversidad sexual ha existido siempre, estamos aquí y vamos a seguir existiendo: https://bit.ly/2H42z2u

Conocer nuestros derechos nos llevará a decidir sobre nuestro cuerpo y nuestro trabajo: https://bit.ly/2ERAl58

El feminismo es el mejor regalo de vida para una mujer: https://bit.ly/2H5GVep

 

@negramagallanes

 

The Author

Tania Magallanes

Tania Magallanes

Tania Magallanes Díaz. Jefa de Redacción de LJA. Arma su columna Tres guineas. Fervorosa de lo mundano. Feminista.

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