Opinión

El Bronco y Margarita, candidaturas cuestionables / Memoria de espejos rotos

 

¡Todo es igual, nada es mejor!

¡Lo mismo un burro que un gran profesor!

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No hay aplausos ni escalafón, los inmorales nos han iguala’o.

Si uno vive en la impostura y otro roba en su ambición,

da lo mismo que sea cura, colchonero, rey de bastos, caradura o polizón…

Cambalache. Enrique Santos Discépolo

 

La figura de las candidaturas independientes surge en México como una respuesta social al hartazgo contra la clase política, llena de pillos y bellacos insertos en partidos políticos corruptos que gozaban del monopolio para el acceso al poder electoral. Aunque, ciertamente, la constitución garantiza a todo ciudadano en plenitud del goce de sus derechos la posibilidad de votar y ser votado, lo cierto es que -de facto, para ser votado- un ciudadano habría tenido que inscribirse al sucio club de poder que es cualquiera de nuestros partidos políticos. Así, ante esta necesidad de quitarle a los partidos políticos el monopolio de la vía para acceder al poder, surgen las candidaturas independientes.

La configuración de estas candidaturas ha sido tan variopinta como la ciudadanía misma. Ha habido desde personas probas y cabales, hasta pillos exiliados de algún partido, y hasta uno que otro personaje de la farándula o perfectos candidatos al diván de consulta. Sin embargo, como unos de los males que padece nuestra sociedad son la corrupción y la estolidez, éstos no tardaron en colarse dentro de la loable intención de contar con candidatos apartidistas, y no sólo ahí, sino hasta entre las propias instituciones jurisdiccionales y electorales. ¿O de qué otro modo podemos -ya no digamos explicar- entender el hecho de que Margarita Zavala y -ahora ya- Jaime Rodríguez estén en la boleta electoral como candidatos “independientes”? A pesar de que a ambos se les detectaron irregularidades probadas -y meritorias de anulación de registro- en sus validaciones de apoyo ciudadano para lograr sus candidaturas ¿Cómo entendemos que -en el caso de El Bronco- el INE haya dado pruebas de invalidez y el Tribunal Electoral haya considerado que el engaño era válido?

Más allá de las fricciones y diferencias que hay entre el INE y el TEPJF (diferencias sanas en cualquier república, puesto que dan contrapeso al poder), la evidencia es incontrovertible: El Bronco metió documentos falsos para acreditar el apoyo ciudadano: gente muerta, gente duplicada, credenciales falsas, fotocopias de credenciales válidas, inconsistentes entre el padrón y la lista nominal, documentos improcedentes, como licencias de conducir o tarjetas de descuento, firmas sobre papel no oficial, todo ello en un porcentaje mayor de lo jurídicamente subsanable. El Instituto Nacional Electoral le negó el registro como candidato, y el Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación sí se lo otorgó. Y, vamos, también Margarita llegó a la candidatura con más o menos las mismas pifias insubsanables. ¿Eso dónde deja parada la credibilidad de las instituciones? ¿Con qué confianza las mismas instituciones serán defendidas cuando cualquier Yasabesquién las quiera mandar -otra vez- al diablo?

¿Para qué meter al Bronco en la contienda presidencial? Hay quien lee en esto una posibilidad de que Rodríguez Calderón frene el ímpetu de Morena en el norte del país, del mismo modo que hay quienes leen que Zavala mermará al Frente de Anaya, y que con eso la final será entre AMLO-Meade. No son necesarias muchas conjeturas para saber quiénes son los amantes de estos bulos: los priistas que nomás no han levantado y -al parecer- no lo harán. También los de Morena son beneficiarios de esta jugarreta: ya se ven en redes sociales a los conspiranoicos del Peje adjudicar cualquier explicación oscura (más allá de la simple estulticia) al hecho de meter a un tramposo a la boleta electoral. A menos que los 4 magistrados que votaron a favor del Bronco (de los 7 del TEPJF) hagan una explicación amplia y satisfactoria de su extraviado proceder, podemos asumir que las motivaciones para meter al Bronco a la boleta podrán ser cualesquiera, menos las cívicas, las legítimas, las que abonan a la certidumbre jurídica de un proceso que -desde ya- se judicializa.

Como fuese, nuestros candidatos independientes -con trampas, documentos inválidos, y pifias insubsanables- son dos: Una señora que evita tomarse fotos con una familia homoparental, y un señor que afirma que su caballo le sale más barato que su vieja. Puro personaje deleznable que no necesitamos, ya que -aunque su visión estúpida representa a una gran parte de nuestra ciudadanía- ponerles en posición de posibilidad ante el poder obraría en detrimento de nuestra frágil democracia; y no fue para eso que se ideó la figura de las candidaturas apartidistas, sino -justo- para lo contrario.

 

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Alan Santacruz Farfán

Alan Santacruz Farfán

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