Opinión

Elecciones 2018: nosotros, los votantes (2) / Matices

 

 

En cariñosa solidaridad con Jorge Álvarez; las campañas no deben robarnos la paz

 

Esta semana fue una buena semana para describirnos, para escribirnos como votantes; claro, somos una heterogeneidad, no somos un electorado uniforme, ni aspiramos a serlo, no somos nada uniforme, ni queremos serlo.

Escribió José Woldenberg en Reforma y en su texto “Cartas a una Joven Desencantada” que “los demócratas intentarán construir normas e instituciones que permitan la coexistencia de la diversidad y UNA competencia entre ellas reglamentada y pacífica, mientras que el autócrata querrá construir una sociedad a su imagen y semejanza”, en ese sentido, para el primer presidente del IFE la democracia es “el régimen político que busca ofrecer un marco institucional y normativo para la expresión, recreación, competencia y convivencia de la libertad”.

Esta semana, muchos demostramos ser más autócratas que demócratas y eso dice mucho de nosotros, los votantes. Algunos leerán esas frases de Woldenberg con un destinatario claro: López Obrador y llamarán, como han llamado siempre a Woldenberg, parte de la mafia del poder. Sin embargo, mi lectura es otra, Woldenberg se dirige a nosotros, los autócratas, nosotros cuando no toleramos una opinión distinta a la nuestra y la descalificamos porque no piensan como nosotros: ese es el humor de las redes sociales en estos días, la de los autócratas.

La discusión en Twitter es cansada, primero se acusa, luego se señala, luego se prueba y se vuelve a acusar, después uno es incongruente y las discusiones se centran en nimiedades. Algunas de las discusiones de esta semana hablan del humor de la contienda. Uno muy autócrata.

En primer lugar, después del debate y ante los diagnósticos generalizados por parte de periodistas y académicos, de un ganador evidente por verse como mejor parlamentario, polemista y orador. Las descalificaciones no se hicieron esperar, el debate se redujo a un “todos contra un candidato” y se minimizó el resultado deliberativo a desmentir a cada uno de los candidatos. Durante los primeros días de la semana pasada intercambiaban mensajes los líderes de ambas campañas sobre una cifra que expuso Anaya y que en realidad por el enfoque, pudo haber sido engañosa, sin embargo, eso fue suficiente para posicionar un hashtag poco preciso que acusaba a Anaya de mentiroso. Había una imposición por ambas partes, la mayoría de unos afirmaban que la cifra estaba bien, mientras los otros que era una mentira: nunca hubo un punto medio; donde se reconociera que la cifra puede ser cierta desde una visión y engañosa desde otra.

Nuestro debate tiene un humor autócrata, los demócratas parecen escasear, lo que abunda en nuestro humor es otro sentimiento: el de la superioridad moral y sobre eso escribió César Ruiz un artículo imperdible en Tercera Vía: “He visto a las mejores mentes de mi generación destruidas por la superioridad moral. Me refiero a inteligencias brillantes que, de un tiempo para acá, se han perdido en el laberinto de sus recelos.”

No cabe duda, este país y diferentes grupos políticos, tienen mentes brillantes, pero la superioridad moral los corroe, los invade y los hace tener visiones cortas y hacer, lo que define Toussaint, política de gnomos, esa política cortoplacista, de una elección o de una acusación en Twitter, no la política de construir, de transformar y de demócratas; sino la política que minimiza al adversario y que por estar con un candidata o candidato nos hace mejores personas; es ese vicio que señala Woldenberg, de simplificar la compleja vida política en los políticos por un lado y los ciudadanos por el otro, donde los primeros son las fuentes del mal y los segundos el manantial de la virtud; quienes afirman estar del lado de los segundos o del pueblo, simplificando al pueblo como un solo ente, son quienes se asumen con mayor autoridad moral y eso también es autócrata; en este elección hay muchos en ese tono y en todos los estados.

Con esos argumentos, he leído tuits de grandes periodistas acusando a grandes demócratas: “ojalá la campaña te regrese lo que les has dado y tengas un buen cargo”, haciendo política de corta visión, como si nadie tuviera convicciones, argumentos o ideas y todo fuera por un cargo.

Una visión más alta nos haría pensar que como sociedad nos debe importar más el México del 2 de julio que el del primero, a final de cuentas, todos estaremos ahí, más divididos, tardaremos más tiempo en reconciliarnos como sociedad, porque la campaña nos llenó de un humor y un calor innecesario. El humor de esta campaña no debe llevarnos a la división, escribía Gabriela Warkentin hace unos días y seguro a muchos nos ha pasado en nuestras redes: “En mi TL (Time line en Twitter), los que antes eran amigos hoy se alucinan, los que antes debatían hoy se descalifican, de los que antes aprendía hoy espero manazos, con los que antes conversábamos hoy nos recelamos. Y apenas es 25 de abril. Urgen unos mezcales sanadores.”

Las elecciones son ese proceso en el que nosotros lo votantes, elegimos de manera pacífica a nuestros gobernantes, esto fue un gran invento de las mentes brillantes para erradicar la guerra y la violencia. Que no se nos olvide: PACÍFICA.

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Carlos Aguirre

Carlos Aguirre

1 Comment

  1. Alberto Mariño
    02/05/2018 at 13:40 — Responder

    Lo que se debe de evitar es que se genere una grieta en la sociedad, que perdure después del acto electoral, pues entonces si, el daño seria muy importante para el país, como ya ha ocurrido en otros países latinoamericanos. Se debe evitar mediante el dialogo civilizado y fundamentado y no dejarnos llevar por los fanatismos, no es un partido de fútbol donde están en juego 3 puntos, acá esta en juego el futuro de todos, seamos pues responsables y razonemos antes de agredir, todos estamos en el mismo barco.

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