Opinión

El incendio brasileño / Yerbamala

Las llamadas “élites” iberoamericanas parecen tener mucho miedo al cambio social, así como una clara vocación suicida para el incendio y la polarización política a la luz de las cosas que vienen ocurriendo en toda nuestra región e incluso en ultramar, puesto que presenciamos hace tiempo en Brasil un culebrón cuyos tintes recuerdan el desafuero contra el entonces jefe de Gobierno de la Ciudad de México, Andrés Manuel López Obrador, orquestado por Fox y secuaces para sacarlo de la carrera presidencial, pero también la persecución política y judicial contra la oposición en la argentina post Cristina Kirchner, los referendos a modo en Ecuador, o la ridícula persecución judicial en contra del depuesto president Carles Puigdemont y la plana mayor del independentismo Catalán. Lo que ocurre en Brasil es especialmente importante, pues es la segunda economía continental después de Estados Unidos y un país clave para la estabilidad política y económica de la región, donde por lo visto, tampoco “cantan mal las rancheras”.

Así las cosas, el Tribunal Supremo brasileño recién denegó el Habeas Corpus (Amparo para no ser encarcelado, diríamos en México), por seis votos a favor y cinco en contra, mismo que había pedido el ex obrero metalúrgico y ex presidente de la República Federativa de Brasil, Luiz Inácio Lula da Silva, al que la plutocracia brasilera no le perdona su arrastre masivo y popular, de modo que pareciera inminente su ingreso a prisión para cumplir una sentencia que le condena a 12 años de cárcel por los supuestos delitos de “corrupción pasiva” no demostrados ni probados en juicio (véase al respecto a Emir Sader, “Lula, sin crimen ni pruebas ni habeas corpus”, Página12, 05 de abril de 2018 en: https://goo.gl/QhLkiz) y aún a pesar de que la defensa de Lula -favorito en todas las encuestas para las presidenciales de octubre- aún no agotó todavía los recursos ordinarios y extraordinarios que permite la ley en Brasil.

De remache, unas horas antes de la votación del tribunal Supremo, varios mandos militares (incluido el comandante en jefe del Ejército) habían amenazado con intervenir en la vida civil y emprender acciones si Lula no ingresaba en prisión. Y no sobra recordar que al igual que la mayoría de los países del cono sur, Brasil padeció una larga dictadura militar durante la segunda mitad del siglo XX.

A la hora de escribir este texto, Lula sopesaba entregarse o no de forma voluntaria a las autoridades brasileñas y se registraban manifestaciones y episodios violentos en numerosas ciudades del Brasil. Entre tanto, sus abogados ya han registrado una “medida cautelar” ante el Comité de Derechos Humanos de la ONU.

Lula se refugió en la sede del Sindicato de los Metalúrgicos, donde se concentraron en su defensa miles de personas, mientras la defensa de Lula negociaba su entrega a las autoridades, estableciendo como condición que se permitiese al ex presidente asistir a una misa de funeral en honor a su esposa recién fallecida.

Entretanto, el conspirador presidente de facto (no elegido) y en esa medida espurio Michel Temer, autor y cómplice de la defenestración de la presidenta legítima Dilma Rouseff, el más impopular en la historia brasileña y probablemente uno de los más corruptos, confirmó que está listo para ser candidato a presidente. La impopularidad de Temer en los sondeos se debe no solo a la defenestración política de Rouseff, sino también a que previamente fue acusado por su supuesta implicación en una larga lista de delitos de corrupción, organización criminal, financiación ilegal de campaña y obstrucción de la Justicia, entre otros. Mientras, el citado supremo decretaba libertad para varios políticos corruptos procesados, todos cercanos al citado Temer y detenidos por diversos delitos de corrupción. No cabe duda que a esta historia brasileña le quedan muchos capítulos todavía por ser escritos.

Pos verdades alternativas. Lula dice que demandará a los autores de la serie de Netflix El Mecanismo (inspirada en el caso Lava Jato de Odebrecht y asociados), entre ellos José Padilha, director de la serie Narcos y la película Tropa de Élite, alegando que el actor que interpreta el personaje de Lula pronuncia frases que en realidad corresponden a otros políticos. El ex presidente asegura que Netflix y la corporación Globo, la más grande de Brasil, de línea conservadora), habrían firmado un acuerdo para poner en marcha esta serie que lo difama.

 

@efpasillas

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Enrique F. Pasillas

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